No es necesario mencionar el 11-S en las películas para usarlo como telón de fondo de las tramas que desarrollan. Ésta es la tesis que plantea Caryn
No es necesario mencionar el 11-S en las películas para usarlo como telón de fondo de las tramas que desarrollan. Ésta es la tesis que plantea Caryn James en un artículo en The New York Times, y tiene su lógica. El tema del terror está tan incrustado en la cultura popular, y forma una parte tan real de nuestros miedos familiares, que bastan referencias indirectas para que el espectador sepa de qué va la cosa. Ese modo implícito de aludir a las cosas, resulta más efectivo que el tratamiento frontal. E incluso hace posible un tratamiento en clave de comedia que parecía impensable hace cinco años. Es, en definitiva, el recurso a la elipsis, que tan buenos resultados dio antaño en el campo de las bromas sexuales en los filmes, elegantes e indirectas, hasta que, censuras y cortapisas fuera, la grosería pura y dura acampó a sus anchas.
En www.ifilm.com se puede visionar un sketch de Shutterbugs: Lil’ 9/11, donde el grupo cómico Human Giant parodia la lectura del cuento de la cabra en un colegio, y lo hace con niños actores que interpretan al presidente George W. Bush, y al mismísimo Osama Bin Laden. Los dos pequeños intérpretes incluso protagonizan una pelea en la cueva donde se esconde el terrorista. No es la única broma sin hablar directamente del 11-S. En la sitcom 30 Rock, un grupo de amigos de una productora imaginaria de
Otros filmes que aprovechan el contexto del 11-S sin nombrarlo incluyen Shooter: el tirador, con Mark Whalberg, donde se puede ver encima de la mesa del protagonista el Informe de
