Un periódico nada sospechoso de ser “pro vida” como el New York Times, publicaba el pasado 10 de junio un artículo donde concluía, tras repasar
Un periódico nada sospechoso de ser “pro vida” como el New York Times, publicaba el pasado 10 de junio un artículo donde concluía, tras repasar varios estrenos cinematográficos recientes de bastante éxito, que los personajes de ficción raramente abortan en las películas. En Waitress, una camarera embarazada planea dejar a un marido que la maltrata. Mientras que en Lío embarazoso –la sorpresa de la taquilla estadounidense de la presente temporada–, una mujer se queda encinta por el ligue de una noche. En ninguno de los dos filmes el aborto es una opción. El diario señala el contraste de estas decisiones argumentales y las de otros muchos filmes, con la realidad estadounidense, según la cual casi dos tercios de los embarazos no deseados terminan en aborto. Sarah Brown, directora ejecutiva de la Campaña Nacional para Evitar Embarazos Adolescentes admite: “Es uno de que esos temas que provoca rechazo en buena parte del público, no importa cómo lo trates”. Mientras que el profesor universitario Jonathan Kunt comenta que es un tema con el que “vas a molestar a partidarios y detractores a menos que lo hagas bien. No me sorprende que Hollywood lo evite.”
Lo cierto es que no existen películas que puedan definirse como un “canto al aborto”, y sí en cambio otras que son un “canto a la vida”, que al final es lo que resulta atractivo. Algunos de los pocos títulos que tratan el aborto abierta y crudamente, como Las normas de la casa de la sidra y El secreto de Vera Drake, que son más “pro aborto” que “pro vida”, no dejan de transmitir la sensación de que estamos, como mínimo, ante algo sórdido y desagradable, sino sencillamente reprobable.
Decir que abordar el aborto en la pantalla produce cierta repulsa, ¿no es reconocer que hay algo que no nos hace sentir bien en tales acciones? Porque en muchas películas hay actos desagradables que no nos hacen sentir bien. En una película bélica, están los horrores del campo de batalla, pero quedan compensados en parte por comportamientos heroicos y de valor que nos atraen. Y en los títulos criminales, los asesinatos se aceptan dentro de una trama porque los vemos como lejanos, no nos implican personalmente o a seres queridos. En cambio el aborto sí puede formar parte de la vida cotidiana, y despertar recuerdos dolorosos, e incluso remordimientos. Reconocen los expertos que es difícil que un espectador empatice con alguien que opta por acabar con su embarazo, aunque se rodee tal decisión de todos los atenuantes posibles. Así que, vale, no incluir el aborto en el cine puede obedecer a puras razones comerciales, atraer a la mayor cantidad de espectadores posible. Pero si los espectadores quieren pasarlo bien, entretenerse y no ver abortos en las películas, tal vez sea porque en el fondo saben que eso está mal.
