Me pregunto si al gran cómico-actor- guionista-director- académico de la lengua Fernando Fernán Gómez le habría gustado la despedida que le han
Me pregunto si al gran cómico-actor- guionista-director- académico de la lengua Fernando Fernán Gómez le habría gustado la despedida que le han organizado en el madrileño Teatro Español. No me cabe la menor duda de la buena intención y el cariño de la mayoría de los que se acercaron a rendirle su último homenaje, y a dar el pésame a su familia. Y quizá él conocía y aprobó los detalles de esa paraliturgia, con mesas en plan tertulia de café, poemas, tonadillas y tangos. A mí, qué quieren que les diga, me daba un poco de pena, penita, pena, y hasta, por qué no decirlo, grima; creo que la frontera que separa lo ridículo de lo sublime es tan tenue... Eso sí, nadie lo ha cuestionado, seguramente por un comprensible respeto al difunto y al dolor de los allegados. A mí me parece que el respeto no tiene por qué estar reñido con el cuestionamiento. En mi caso, desde luego, no lo está.
Todo el mundo ha aceptado, sin interrogarse por el significado de su presencia, la bandera anarquista que envolvía el féretro. ¿Se trata de una declaración de principios? Y, ¿cuáles son esos principios? Es sabido que Fernán Gómez no creía en Dios, y es lógico pues que no hubiera crucifijos u otros elementos de significado religioso; pero desde luego, salidas como la de Pilar Bardem, que comentó emocionada “se me ha muerto Dios”, afianzan mi sensación de vacío ante la muerte (y ante la vida) de muchos de estos cómicos, muy sensibles como no puede ser menos, pero cerrados a la trascendencia. En general, en ninguna declaración de compañeros, gentes de la cultura, críticos de cine, políticos, etcétera, he vislumbrado una nota de esperanza en una vida mejor o en un futuro reencuentro en el más allá, ni una discreta oración o alusión de ésas de siempre, “Dios le tenga en su gloria”. No, hay vacío… y vergüenza. Yo sí he rezado por ti, Fernando, seguro que te gustará saberlo. Que descanses en paz.
