El viernes pasado fui a ver Bienvenidos al Norte . Es una comedia que ha arrasado en Francia, donde la han visto más de 20 millones de espectadores.
El viernes pasado fui a ver Bienvenidos al Norte. Es una comedia que ha arrasado en Francia, donde la han visto más de 20 millones de espectadores. Parece que el mismísimo Will Smith va a rodar el remake americano.
Y sí, es una película amable, de esas historias sencillas y positivas, capaces de enganchar con un público amplio. Sólo tiene una pega, cara al espectador internacional: aunque exhiba sentimientos muy universales, la película presenta una idiosincrasia netamente local. El film nos dice que para un francés del sur no hay nada más temible que irse a vivir al norte, donde hace mucho frío y la gente sería bastante garrula. El espectador que ve la película está obligado a hacer un razonamiento del estilo “ah, esto es como si se tratara de andaluces y vascos”, si ponemos un ejemplo español.
En la versión original se pueden apreciar los acentos, modismos y equívocos que pueden surgir en la conversación, y que han de proporcionar las risas. Pero claro, o uno domina el francés, o no le pillará el punto, o al menos no lo disfrutará plenamente. En el caso del doblaje –o del subtitulado–, hay que hacer florituras para lograr un humor equivalente, pues aquí no valen las notas a pie de página, típicas de los libros, donde se nos explica un determinado juego de palabras. El equilibrio entre fidelidad al original y la imaginación al poder no es sencillo. Se puede llegar a la reinvención total, me viene a la cabeza el ejemplo de Kung Fu Sion, donde escuchar a los personajes chinos expresarse con acento gallego, catalán e incluso andaluz, producía perplejidad. En fin, si alguien conoce la solución al problema, que la diga, más de una distribuidora agradecerá las sugerencias. Will Smith ya tiene un plan: volver a rodar la película, ambientándola en Estados Unidos.
