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Guerra de trincheras

La guerra de trincheras parece cosa del pasado, una reliquia de la desastrosa Primera Guerra Mundial. Sin embargo, en lo que se refiere al modo de

Guerra de trincheras

La guerra de trincheras parece cosa del pasado, una reliquia de la desastrosa Primera Guerra Mundial. Sin embargo, en lo que se refiere al modo de afrontar la actual crisis económica en el mundo del cine, la comparación viene al pelo, o al menos así se lo parece a Stacey Snider, alta ejecutiva del DreamWorks reorganizado, que según cuenta al New York Times vio cómo al incorporarse a su despacho, aquello no era el superemporio que había imaginado, la habitación que debía ocupar era bastante modesta. Y es que todos los estudios de Hollywood están notando la crisis, que se manifiesta en la dificultad para acceder a créditos. Si ello se suma una inesperada bajada de la venta de DVDs, que se había convertido en la gallina de los huevos de oro, se entiende que haya inquietud, y que se piense en recortes de gastos y aumento de ingresos. Fuera despachos de superlujo, y a ver cómo hacemos caja.

No todo es malo en estos tiempos de penuria económica. Al menos en Estados Unidos, la gente va al cine más que nunca. Lo que pasa es que ahora los estudios se ven obligados a acertar con sus películas, y cuando digo acertar, quiero decir a conectar con el público. No se pueden permitir hacer una mediocridad y pensar que ya lo compensarán con otra película, o con las ventas en DVD. Y no son suficientes las millonadas en efectos espaciales (Watchmen ha tenido cierto sabor a decepción, arrancó bien y cayó en picado), sino que hay que dar al espectador lo que quiere ver (por ejemplo, las risas de Paul Blart: Superpoli de centro comercial, la redención de Clint Eastwood en Gran Torino o las risas amorosas y sentimentales de Una pareja de tres).

Como en todos los sectores, hay miedo. Uno de los jerifaltes de Universal, Marc Shmuger considera que eso se manifiesta en malos comportamientos empresariales, puñaladas entre compañías o internamente. Para Patrick Whiteshell, de la agencia de talentos Endeavor, “hay que ser más creativo a la hora de cerrar acuerdos, entender mejor la economía de la industria, y tomar decisiones empresariales duras”. Porque en efecto, algo está cambiando en el mundo en general, y en el del ocio y el entretenimiento en particular. Cambio de inmensas proporciones, que no acabamos de captar y asimilar, y ante el que resulta difícil reaccionar con acierto. Aunque desde mi punto de vista, lo que el público siempre querrá son buenas películas, que cuenten historias con las que puedan emocionarse y entretenerse, y buena información sobre las mismas. Hace falta menos ingeniería empresarial y de diseño y más volver a lo básico, a lo importante: los contenidos y el público al que están destinados. Lo demás son pamplinas.

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