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El 3D y el dolor de cabeza

James Cameron , John Lasseter , Jeffrey Katzenberg, son algunos de los cineastas que más entusiastas se muestran con la exhibición de películas en

El 3D y el dolor de cabeza

James Cameron, John Lasseter, Jeffrey Katzenberg, son algunos de los cineastas que más entusiastas se muestran con la exhibición de películas en 3D. A veces hacen declaraciones hiperbólicas del estilo “esto es lo más importante que ha ocurrido desde que se incorporó el sonido”, y se quedan tan frescos. El caso es que la industria ha apostado fuerte por este formato, con inversión en equipos y presiones a los exhibidores para que proyecten en 3D, con el atractivo reclamo de “entradas más caras”, o lo que es lo mismo “más ingresos por taquilla”. En España, 84 salas estrenaron el viernes 3 de abril, con tecnología InTru 3D, Monstruos contra alienígenas, de las más de 537 en que se exhibe el film.

Para echar hilo a la cometa del 3D, se dice que las nuevas tecnologías de RealD y otras semejantes nada tienen que ver con el 3D de antaño, que producía mareos y molestias a la gente. Se supone que el sistema actual ha perfeccionado lo anterior, se han dado pasos de gigante, ahora la experiencia es total.

No opina lo mismo Daniel Engber, que en su artículo “The Problem With 3-D” se muestra bastante contundente a la hora de decir que el 3D en 2009 es más de lo mismo: “He visto hasta ahora todas las películas de ficción de la actual hornada de 3D, y todas me han causado algún tipo de molestia, dentro de un rango que va desde dolor menor en los ojos (Coraline) a náusea intensa (My Bloody Valentine). Los efectos secundarios más flagrantes de la visión estereoscópica pueden haber disminuido en las pasadas décadas (...) pero aún no han sido eliminados. Por mucho que me duela decirlo –amo el 3D, de verdad que lo amo– estos filmes no son gratos de ver.”

Quien quiera, puede leer el artículo completo, pero resumiendo, Engber sostiene que los problemas biomecánicos son los mismos, ya que la tecnología es la misma de los años 50, aunque mejorada. El fundamento es grabar y luego proyectar dos pistas de imágenes, una para cada ojo. Ligeramente desacompasadas una de otra, producen disparidad binocular, lo que da la ilusión de profundidad de campo. Y se produce molestias porque ante esto el ojo debe hacer movimientos que no son los naturales para ver bien la imagen. En la vida real, por un lado el ojo rota para adentro hacia la nariz siguiendo el objeto de nuestra atención, y por otro, las pupilas cambian de tamaño para mantener ese objeto enfocado. Pero en la pantalla, el objeto está siempre en la pantalla, no se mueve de verdad, con lo cual los movimientos para ver una película en 3D no son los mismos que para ver en la vida real, para conservar la ilusión el ojo debe converger sin acomodarse; de algún modo, podríamos decir coloquialmente que los ojos se hacen un lío, entre la mirada natural y la artificial que exige una película, con lo cual se producen dolores de cabeza, e incluso estrabismo.

Tal vez Engber sea un poco alarmista en sus comentarios, él mismo dice que no cree que se produzcan efectos duraderos por ver una peli así de vez en cuando. Aunque no deja de señalar que en las críticas a Monstruos contra alienígenas, expresiones como “agotadora y ruidosa diversión en 3D” parecen darle la razón. Donde enciende la luz de alarma es en la posible generalización de hacer las películas y programas televisivos en 3D, lo que sí podría tener efectos secundarios no deseados, especialmente en niños con su sistema visual todavía en desarrollo.

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