Terminó la vorágine del Festival de Cine de San Sebastián. Películas buenas y menos buenas, atracón que cuesta digerir, entrevistas, ir de aquí para
Terminó la vorágine del Festival de Cine de San Sebastián. Películas buenas y menos buenas, atracón que cuesta digerir, entrevistas, ir de aquí para allá, haciendo la cuadratura del círculo para llegar a todo, dentro de lo posible. Allí estuve del 18 al 26 de septiembre, pero eso sí, la mañana del sábado 26 me la reservé para seguir los pasos de Brad Pitt, un relax creo que merecido. Porque tengo que alabarle el gusto al actor en aquello de visitar el Museo Chillida Leku, un lugar precioso, gran extensión de impresionante verdor, donde se exponen al aire libre entre hayas y magnolios las esculturas de Eduardo Chillida, más el magnífico caserío Zabalaga, restaurado por el propio artista, que también alberga obras suyas en el interior. Por lo visto Pitt, tras visitar el “Peine del Viento”, se encaminó al Chillida Leku, y desafió a la lluvia para ver obras como “Buscando la luz I” o el “Arco de la Libertad”; en su visita le acompañó Ignacio Chillida, hijo mayor del artista, y también saludó a la viuda, Pilar Belzunce, y al resto de la familia. De modo que con Juantxo Cárdenas, buen amigo y magnífico anfitrión, también yo acudí al Chillida Leku, que no conocía, y quedé deslumbrado. Con la suerte de que aquel día lucía el sol, hizo un tiempo espléndido. Así que también pude hacer lo tal vez Pitt no pudo: darme un baño en La Concha, magnífico colofón a mi estancia en San Sebastián.
