Una de las “hormigas superevolucionadas” –expresión acuñada por él mismo– que habita el planeta Tierra ha logrado arrasar en la taquilla española.
Una de las “hormigas superevolucionadas” –expresión acuñada por él mismo– que habita el planeta Tierra ha logrado arrasar en la taquilla española. Alejandro Amenábar ha logrado triunfar el fin de semana del estreno con Ágora, recaudando 5,3 millones de euros. “Qué importa lo que diga la crítica”, habrá pensado el director, “mientras la gente vea mi película”. Y el caso es que en asombrosa conjunción planetaria ayudada por un marketing arrollador –hemos tenido Ágora, Amenábar y Weisz hasta en la sopa– el film se ha aupado a lo más alto de la taquilla en España.
Curiosamente quiso la providencia –el azar, diría el autodeclarado “ateo” Amenábar– que la película compartiera el día de su estreno con otros dos títulos con los que se producen inesperadas coincidencias y divergencias. Entre las coincidencias están que también Katyn y Moon tienen una sola palabra en su título. Ágora y Katyn tienen en común el hecho de que parten de hechos históricos. En el primer caso, a partir de los escasos datos de que se dispone, se describe la trayectoria filosófica de la atea Hipatia de Alejandría en el siglo IV y su muerte a manos de un grupo de cristianos fanáticos por razones políticas. En el otro los fanáticos pertenecen a regímenes totalitarios ateos, la Unión Soviética de Stalin, que asesina a 20.000 oficiales polacos y trata de oculta su crimen, y la Alemania nazi, que manda a la intelectualidad de ese país a los campos de concentración con intención de eliminarla; en este caso las víctimas se ven sostenidas en su tribulación gracias a su fe católica.
En cuanto a las conexiones Ágora-Moon, está toda la cuestión astronómica, visiones de planetas y estrellas, descubrimiento de trayectorias elípticas y tal. Ambos filmes tienen como protagonista a la ciencia, pero los puntos de vista no pueden ser más divergentes. En la película de Amenábar la ciencia es progreso, nos hace ‘impepinablemente’ mejores, no hay lugar para el análisis de los posibles efectos perversos producto del mal uso del conocimiento. En cambio, el protagonista de Moon va a descubrir que él ha sido víctima del mal uso de la ciencia, en la medida en que no se ha respetado su dignidad como persona en un experimento en que se producen seres humanos como si fueran ‘cosas’ de usar y tirar.
