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Biografía

Alejandro Amenábar

Alejandro Amenábar

48 años

Alejandro Amenábar

Nació el 31 de Marzo de 1972 en Santiago de Chile, Chile

Premios: 8 Goya (más 1 premios y 3 nominaciones)

Cerebral rima con comercial

14 Septiembre 2010

Gracias a su Tesis, el menospreciado cine de género conoció un auge sin precedentes en España. Admirador de la meticulosidad de Stanley Kubrick, Alejandro Amenábar evolucionaría hacia historias con su personal visión del mundo y envoltorio más o menos comercial.

Alejandro Amenábar nació en Santiago de Chile el 31 de marzo de 1972. Hijo de padre chileno y madre española, lo cierto es que con un año se fue con la familia a España, donde ha transcurrido la mayor parte de su vida. Estudió con los escolapios en Madrid, y luego emprendió estudios universarios en la Facultad de Ciencias de la Información, en la Universidad Complutense. Allí se le atragantó una asignatura impartida por el profesor y crítico de cine Antonio Castro, y mucho debió marcar la cosa al futuro cineasta, que bautizaría precisamente con ese nombre al villano de turno de su debut en el largo, Tesis (1996), que justo era un tipo que daba clases en la mentada facultad.

Pero antes de “graduarse” extraoficialmente con Tesis, Amenábar ya apuntaba maneras en sus cortos La cabeza, Himenóptero –de aquí tomará nombre el futuro nombre de su productora– y Luna. Al menos eso creyó el veterano director José Luis Cuerda, que decidió apadrinar Tesis tras el visionado de esos trabajos. Este thriller sobre las “snuff movies”, que coescribió con su amigo y colega Mateo Gil, se convirtió en uno de los debuts más sonados del cine español, hasta el punto de que se llevó 7 Goyas, incluido el de mejor película y director novel. Recuperó además a la Ana Torrent de El espíritu de la colmena y puso en el disparadero a Fele Martínez y, sobre todo, al “guaperas” Eduardo Noriega.

¿Había sido Tesis un espejismo, la suerte del principiante? Abre los ojos demostró que no. Sólo un año después dirigía esta película con más medios y más compleja, que lograba sorprender ya de entrada con su imagen del protagonista en medio de la Gran Vía de Madrid completamente desierta, o con el salto vertiginoso desde Torre Picasso. Realidad, ficción, aspecto físico, eran temas que se sumaban a su anterior exploración de la fascinación por la violencia. Lo hacía de un modo visualmente poderoso, y procurando controlar la película todo lo posible, también en la partitura musical, que compondría para la mayor parte de su filmografía. Quizá ese afán de control daba a su cine una característica frialdad, que sería el mayor reproche que le harían sus críticos más duros.

En cualquier caso Abre los ojos gustó nada menos que a Tom Cruise, que acabaría protagonizando el remake americano. Y esto facilitaría el fichaje de quien por entonces era su esposa, Nicole Kidman, para el nuevo film de Amenábar, Los otros. El director rodaba por primera vez en inglés, y entregaba una historia deudora de “Otra vuelta de tuerca” de Henry James, aunque curiosamente el director siempre ha afirmado que no conocía este cuento indispensable de fantasmas. La película seguía a una institutriz que debía ocuparse de la educación de unos niños en una isla, donde ocurrían hechos paranormales que ponían a prueba su fe. El film daría nuevos Goya al director y coguionista, y proyección internacional, pues recaudó 96 millones de dólares sólo en Estados Unidos. También se apuntaba el agnosticismo –luego ateísmo– del director, más evidente en Mar adentro y Ágora.

Amenábar comenzaba a tomarse su carrera con calma, estudiando muy bien cada proyecto en que se involucraba. En cualquier caso sorprendió su abandono del cine de género para abordar Mar adentro (2004), basada en el caso real del tetrapléjico Ramón Sampedro que pedía asistencia para su suicidio, y que puso en el candelero en España la peliaguda cuestión de la eutanasia. El film era evidentemente de corte ideológico, y su director lo supo rodar de modo inteligente, esquinando el lado más oscuro del protagonista, y con una buena dirección de actores, Javier Bardem, Belén Rueda y Loles León entre otros. El director conseguiría múltiples premios, entre ellos el codiciado Oscar a la mejor película extranjera. Casi nada más iniciar la promoción del film Amenábar tomó la decisión de “salir del armario”, y concedió una entrevista a una revista gay donde confesaba su homosexualidad.

Sin conformarse con lo hecho hasta ese momento, y tal vez con Kubrick y su Espartaco en el subconsciente, Amenábar se lanzará a hacer una película histórica de época en inglés sobre Hipatia de Alejandría, que presenta en Cannes fuera de concurso en 2007. Se mira en Ágora a este singular personaje en medio de un mundo de hombres, y de nuevo el director maneja imágenes poderosas, de modo especial esos planos cenitales donde los hombres se asemejan a insectos miserables. La mirada al cristianismo es negativa, aunque se subraya el ideal de caridad, pesa más el fanatismo oscurantista, que acabará pasando factura a la protagonista, presentada como lúcido modelo de racionalismo científico, y precedente del feminismo que aún tardaría en llegar. Pese al atractivo reparto internacional y a la reconstrucción de época, el film sólo funcionaría bien en la taquilla española.

Aunque centrado en sus tareas de dirección, Amenábar ha compuesto bandas sonoras para otros, amigos naturalmente: La lengua de las mariposas de Cuerda, Nadie conoce a nadie de Gil. También se ha embarcado en tareas de producción, aunque sin una inmersión al cien por cien, con títulos como El mal ajeno, de Óskar Santos.

Goya
2020

Nominado a 3 premios

Goya
2010

Ganador de 1 premio

Goya
2005

Ganador de 3 premios

Goya
2002

Ganador de 2 premios

Goya
1997

Ganador de 2 premios

Ganador de 1 premio

  • León de Plata - Gran Premio Especial del Jurado Mar adentro
Filmografía
Mientras dure la guerra

2019 | Mientras dure la guerra

19 de julio de 1936. El capitán Barros anuncia el comienzo del alzamiento militar frente al Consistorio de Salamanca. Cerca de allí, Miguel de Unamuno trata de mantener su rutina, y pese a que su familia preferiría que se quedara en casa hasta que se tranquilizase el panorama, sale a tomar café con sus allegados, que debaten sobre lo que está ocurriendo, cuando él parece aún estar asimilándolo. Poco después, se entera de que el gobierno republicano le ha destituido de su cargo como rector vitalicio de la Universidad de la ciudad castellana. Mientras tanto, Millán-Astray anima a su viejo amigo, el general Francisco Franco, a imponerse a la Junta Militar para quedarse al mando del bando nacional, pero éste prefiere maniobrar sutilmente para evitar un paso en falso. La mejor de las tres películas basadas en hechos reales rodadas hasta el momento por Alejandro Amenábar, más reflexiva y madura que Mar adentro y Ágora, y superior a la media de los acercamientos del cine patrio a la Guerra Civil, casi siempre lastrados por el maniqueísmo y el afán propagandístico. Él mismo ha compuesto un guión esforzado, lleno de matices y detalles, junto a Alejandro Hernández, ganador del Goya por Todas las mujeres, y nominado por El autor. Se le puede reprochar que falta algo de frescura en algunos pasajes, como las conversaciones de Unamuno con su nieto, o cuando un soldado le pide un autógrafo, y hasta resultan un tanto grotescos los momentos oníricos en los que con el fin de sacar una lágrima al respetable se sube el volumen de la banda sonora (un trabajo aceptable del propio Amenábar, que no firmaba la partitura desde su biografía de Ramón Sampedro). Pero el realizador logra menos frialdad que en otras ocasiones en algunas secuencias, como la de Millán Astray ordenando que se cante el himno nacional para acompañar el alzamiento de la bandera rojigualda, o en el tramo final, que recrea con rigor histórico el célebre episodio del Paraninfo de la Universidad de Salamanca, del 12 de octubre de 1936, cuando el escritor pronunció la célebre frase “venceréis pero no convenceréis”. Se reivindica la independencia intelectual, defendiendo que el posicionamiento de cada uno debe ir marcado por los hechos y los resultados, no por la pasión, la adscripción incondicional a un bando contra viento y marea o el cainismo. Sobre todo, el cineasta de padre chileno y madre española ha captado la postura del emblemático autor bilbaíno –equidistante entre los radicalismos, y similar a la de muchos españoles–. Desencantado por la República, que no había traído el orden y la prosperidad esperadas, apoya un golpe militar que en principio restituiría la paz. Sin embargo, una vez que se inicia el conflicto, se cometen injusticias y actos de barbarie por ambos bandos, lo que afectó a amigos y familiares de todos los ciudadanos; además, inesperadamente Francisco Franco toma el poder absoluto del lado nacional, con planes muy distintos a los esperados. Tienen interés las conversaciones del protagonista con sus dos amigos más cercanos, donde se defienden actitudes discrepantes, pero se pone de manifiesto el valor del diálogo. En uno de ellos, Unamuno achaca a la izquierda –pese a ser éste el bando con el que simpatiza Amenábar, a tenor de sus declaraciones públicas– su supuesta superioridad moral, y su defensa apasionada de la libertad cuando después se muestra una enorme tolerancia con dictaduras terribles como la estalinista. Todo ello remite a la actualidad, cuando las posiciones siguen siendo igual de extremas; de hecho, llega a tratarse con cierta profundidad el nacionalismo, y los intentos de romper España, tema bastante contemporáneo, con una crítica a quienes atacan por este asunto a vascos y catalanes, cuando también son parte de nuestro país. A Amenábar se le dan muy bien las escenas en las que hace gala de un gran despliegue de producción, gracias a su imaginación visual, lo que deja claro desde el asalto a la Plaza Mayor de Salamanca en el arranque. Pero el film está dominado por secuencias intimistas, en las que aprovecha el talento de la totalidad del reparto. Pocas veces se ha sacado tanta tajada a Karra Elejalde, que expresa muy bien la lucha interna de Unamuno. Pero resulta encomiable la labor de los secundarios, tiene sobre todo cancha Eduard Fernández, que pinta un Millán Astray excesivo, lo que parece corresponderse con la realidad, que defiende la acción directa, frente a quienes se permiten el lujo de opinar, pero desde la distancia. Sorprende mucho la labor de Santi Prego (hasta ahora muy secundario en títulos como La sombra de la ley), un Francisco Franco de apariencia apocada, pero inteligente y maquiavélico, a quien se acusa de haber alargado innecesariamente el conflicto y hasta de agarrarse a la fe católica que profesaban su esposa y su hija conforme a sus intereses. Aunque estos tres personajes copan la mayor parte del metraje, están bien descritos algunos otros, que tienen sus propios momentos de gloria, como el general sospechoso de pertenecer a la masonería Luis Valdés Cavanilles, defendido por un magistral Tito Valverde, o Luis Zahera (el pastor protestante Atilano Coco) y hasta los femeninos, que en principio tenían menos parcela en esta historia, como Patricia López Arnaiz (María, hija de Unamuno), Nathalie Poza (esposa del alcalde de Salamanca) e incluso Mireia Rey (una Carmen Polo que ayuda a Unamuno a salir del campus).

6/10
Regresión

2015 | Regression

Una historia de ritos satánicos ambientada en los Estados Unidos de los años 90, y basada vagamente en casos reales. Alejandro Amenábar vuelve a rodar en inglés, él escribe y dirige este film, que cuenta con un atractivo reparto internacional encabezado por Ethan Hawke y Emma Watson; y vuelve un poco a sus orígenes, el thriller inquietante, capaz de incomodar al espectador. Las snuff-movies de Tesis y los fantasmas de Los otros dejan paso en Regresión a los demonios. Y de nuevo el cineasta demuestra que se encuentra instalado en su personal bucle melancólico, el de quien educado en el catolicismo, desembocó primero en el agnosticismo y luego en el ateísmo, posturas especialmente nítidas en Mar adentro y Ágora. Una vez más, los creyentes no salen demasiado bien parados en su cine, aunque aquellos personajes de su film que logran racionalizar su terrible experiencia no podrían describirse exactamente como felices o satisfechos, su “sabiduría” no deja de provocarles una terrible desazón, la de la imposibilidad de alcanzar certezas. Quizá lo más novedoso es que amplía todavía más el campo de la desconfianza. Bruce Kenner es un detective de la policía que investiga los supuestos abusos sexuales sufridos por la joven Angela Gray de parte de su padre en una pequeña población de Pensilvania. Un psicólogo, el doctor Raines, ayuda a Bruce aplicando su terapia de regresión al presunto verdugo y a su víctima para averiguar la verdad. Todo indica que el caso está ligado a terribles y sangrientos ritos satánicos, en los que se habría visto enredada la familia Gray, que para solucionar los problemas de su hogar desestructurado se habría refugiado en la fe, con la ayuda del pastor de su iglesia. Amenábar cineasta es como una esponja que ha sabido “chupar” lo mejor del cine de terror psicológico, huellas de La semilla del diablo, El exorcista o el primer cine de su coetáneo M. Night Shyamalan se detectan en su película, cuyo mejor logro es la creación de una atmósfera desasosegante. De todos modos lo que pierde al cineasta es su carga ideológica demasiado obvia; y no nos referimos sólo a la cuña “sodomita”, el caso es que no puede haber demasiado margen para la sorpresa en las tramas que orquesta si se trata de lanzar puyas a los seguidores de una religión, y en cambio loas a los capaces de sobreponerse a semejante lastre. De todos modos procura ofrecer el pertinente desenlace más o menos sorprendente, un tanto abrupto, que tiene algo de truco de trilero, y riza el rizo de la incredulidad. La religión, la ciencia, las personas, de mente y voluntad frágiles, ¿en quién se puede creer? ¿En el individuo? ¿En uno mismo? ¿Cómo saber que no nos engañamos? Sólo quedan la oscuridad, el vacío y el miedo, y procurar sobrevivir con ellos.

5/10
Ágora

2009 | Agora

Siglo IV. Hipatia de Alejandría, hija de Teón –el director de la Biblioteca– dirige una escuela filosófica donde imparte clases de esta disciplina, de matemáticas y de astronomía. Mujer brillante y entregada a la ciencia, por la que ha renunciado a casarse, le toca vivir una época convulsa. El imperio romano da signos de decadencia, la religión pagana va a menos, y en cambio ha surgido un pujante cristianismo, que ya no sufre la persecución de antaño. En tal tesitura la escuela de Hipatia es un remanso de paz, allí tiene estudiantes cristianos y no cristianos, y a lo que se dedican es a cultivar el saber, y a formarse para ser parte de la elite en un futuro próximo. Pero a la filósofa le han salido dos admiradores. Su discípulo y amigo Orestes, y el esclavo Davo. Alejandro Amenábar concibe su historia –basada en hechos históricos, pero con elementos de ficción– en dos actos separados por la segunda destrucción de la Biblioteca de Alejandría; de modo que la segunda parte mostraría cómo los distintos personajes alcanzan la posición que va a sellar el trágico destino de Hipatia. En términos de concepción, Ágora es una obra muy ambiciosa que no acaba de funcionar. Siguiendo los pasos de su muy admirado Stanley Kubrick en Espartaco, el director quiere conjugar una gran historia de época, con una trama dramática de personajes e ideas. Y algo chirría en la alternancia entre esos magníficos planos generales de la ciudad en todo su esplendor, perspectivas planetarias y planos cenitales, con las cuitas de Hipatia y compañía. Otro problema que presenta el guión de Amenábar y Mateo Gil es la no-evolución del personaje de Hipatia, quien permanece sabia y sin crecer durante todo el metraje, impertérrita ante los avances amorosos, lo que se trata de subsanar con la subtrama de sus estudios astronómicos, bien resuelta visualmente, pero metida un poquito ‘con calzador’, incluido el personaje de un esclavo testigo de sus descubrimientos, que se limita a asentir al entusiasmo de su ama. El director, dentro de su opción de cine comercial con contenido, sigue su línea de cuestionamiento del cristianismo, iniciada en Los otros con suavidad, y continuada de modo más agresivo en Mar adentro. Aquí recupera las formas suaves, su forma de tratar la compleja situación del cristianismo del siglo IV en Alejandría podría describirse como “mano de hierro en guante de terciopelo”. De modo que se alude a lo que puede resultar de atractivo en la fe –Cristo y sus bienaventuranzas, la caridad con los necesitados, el perdón...–, pero poniendo el foco sobre todo en lo que puede degenerar en fanatismo violento y lucha por el poder. En tal sentido queda especialmente mal parado el santo Cirilo de Alejandría. Pero también son cuestionables Orestes, con su cristianismo pragmático algo cínico, y el obispo Sinesio, que invita a Hipatia a bautizarse porque ella ya en el fondo es cristiana, aunque no crea. Por contraste, la inmaculada ciencia parece la solución a todos los problemas, la única capaz de dar acceso a la verdad. En tal sentido, se obvian las manipulaciones que pueden hacerse en nombre de ella. Es de aplaudir el esfuerzo de producción, la realización de una película de gran presupuesto y digna, algo no tan frecuente en el cine español. El propósito del diseño de producción, independientemente de alguna fantasía en el vestuario, es acentuar el realismo, también con la paleta de colores, que recuerda, y mucho, a la de La Pasión de Cristo. Incluso ese exceso de planos cenitales y miradas desde el espacio exterior parecen remitir al famoso plano de la lágrima-gota de lluvia cuando muere Jesús en la cruz, aunque con una idea completamente diferente, la de subrayar la insignificancia del ser humano frente al conjunto del universo. Toma una postura valiente Amenábar cuando apuesta por retratar a un personaje, Hipatia, que ha decidido vivir virgen por un gran ideal, su dedicación a la ciencia. En una sociedad hipersexualizada, donde tantos parecen vivir por y para el sexo, mostrar tal opción y no ridiculizarla tiene su mérito. Sobre el reparto, decir que hay un acierto en los actores, empezando por Rachel Weisz, pero que el film no se presta para su lucimiento, porque sobran ideas y faltan emociones. El que más difícil lo tiene es Max Minghella, pues su Davo evoluciona de un modo poco claro, aunque esa falta de nitidez se justifique por la confluencia de múltiples sentimientos contrapuestos.

5/10
Mar adentro

2004 | Mar adentro

La historia real del tetrapléjico gallego Ramón Sampedro, que conmocionó en su día a la opinión pública. Alejandro Amenábar cambia radicalmente de género (su fama hasta la fecha se ha cimentado en el thriller), para contar una historia de tintes dramáticos, sobre un hombre que considera indigno seguir viviendo con su incapacitación, y que desea ser asistido en su suicidio sin cortapisas legales. Amenábar es un cineasta inteligente, que sabe dirigir a un grupo de actores muy bien escogidos. Resulta difícil destacar a un intérprete sobre el resto, tan bien están Javier Bardem, Belén Rueda, Lola Dueñas y compañía, aunque está claro que el primero se lleva la palma. A la hora de contar su historia, el director trata de ser razonablemente equilibrado al presentar personajes que no desean la muerte de Sampedro (su familia, principalmente, además de una mujer que le ve en televisión) y otros que sí quieren ‘ayudarle’, por ‘compasión’ (los abogados de una asociación pro eutanasia). Aunque tal equilibrio se va al traste al presentar de modo grotesco y sin matices al personaje de un sacerdote también tetrapléjico. El film se esfuerza por ser luminoso, un teórico canto a la vida. Esto se hace trenzando con tino las relaciones entre los personajes. Pero al final no deja de tomar partido por la muerte, presentando como legítima la opción de acabar con la propia vida. E invita a una comparación odiosa entre la decisión del protagonista y la del personaje de Belén Rueda, condenada a vivir en un limbo donde es incapaz de reconocer a las personas queridas.

6/10
Los otros

2001 | Los otros

Un apartado caserón victoriano en la isla de Jersey. Es el año 1945, y la Segunda Guerra Mundial acaba de concluir. Grace vive con sus dos hijos en forzada reclusión. El marido fue a combatir, y no ha vuelto. Los chicos sufren una rara enfermedad: no puede exponerse a la luz del día, y deben vivir en perpetua penumbra. Su madre, sobreprotectora, pone todos los medios para que estén a gusto. Abre y cierra puertas para evitar los rayos de luz fatal. Y los educa lo mejor que puede, dentro de unos estrictos principios religiosos, a veces poco meditados. La llegada de tres nuevos sirvientes va a alterar la vida de tan peculiar familia. ¿Están tramando algo? ¿Tienen algo que ver con los extraños ruidos que se oyen en la casa, producidos por “los otros”? Inquietante y terrorífico film de Alejandro Amenábar, que sabe asustar sin acudir a las sanguinolencias al uso. El joven director (y guionista, y autor de la banda sonora) demuestra una vez más ser un maestro en la creación de atmósferas. Sabe agarrar al espectador y encerrarlo con Nicole Kidman y sus retoños en el siniestro caserón donde transcurre la película, para erizarnos el cabello a su antojo. Amenábar reconoce que de niño le gustaba imaginar historias de casas encantadas y extraños fantasmas. Y que las pelis de miedo como La semilla del diablo, Alien, el octavo pasajero, La noche del cazador, Seven y El silencio de los corderos le chiflan. Así las cosas, se ha despachado a gusto en este film. Quizá otra referencia inevitable es Alfred Hitchcock, el mago del suspense. Hasta el hecho de convertir a Nicole Kidman en una mujer rubia asustada, un poco a lo Grace Kelly, nos remite a las célebres rubias que poblaron las películas del mago del suspense.   Los otros es la película española que más éxito ha tenido en Estados Unidos hasta la fecha. Su recaudación en ese país ha rozado los 100 millones de dólares, y logró mantenerse con gran mérito entre las diez más vistas durante varias semanas. Lo suyo no fue el clásico arrase el primer fin de semana, para luego caer en picado, cuando se corre la voz de que el film no es bueno. Todo lo contrario: mantuvo una recaudación constante durante varias semanas, señal inequívoca de que funcionó bien el “boca-a-oreja” de que se trataba una estupenda película. Amenábar volvió a repetir el éxito de los Goya que ya tuvo con Tesis: ocho premios, incluidos el de mejor película, director y guión.

7/10
Abre los ojos

1997 | Abre los ojos

César (Eduardo Noriega) y Pelayo (Fele Martínez) son dos buenos amigos. César es el heredero de una considerable fortuna, pijo y afortunado con las mujeres. Para él, su vida es perfecta. Pelayo, en cambio, admira a César y se siente menos afortunado, sobre todo en cuestión de mujeres. Ahora César está con Nuria (Najwa Nimri), una chica obsesionada con él, y con un comportamiento desequilibrado. En su fiesta de cumpleaños, Pelayo le presenta a su amiga Sofía (Penélope Cruz), y César se enamora de ella al instante. Después de pasar la noche con ella, traicionando los sentimientos de su mejor amigo, sube en el coche de Nuria, que le ha esperado toda la noche. A partir de ahí, su vida se convierte en una pesadilla. Una de las películas españolas más populares de 1997. El astuto Alejandro Amenábar no defrauda en su segunda película, arriesgándose con una vuelta de tuerca al género del thriller y la ciencia-ficción. Es uno de los máximos representantes de la incorporación de nuevas ideas al último cine español. Además, firma el guión junto a su amigo Mateo Gil, y es el responsable de la composición musical. Una compleja película en la que no se distingue la realidad y la ficción, con un guión lleno de recovecos y ambigüedades, que alimentan aún más el suspense que envuelve la acción desde el comienzo. Y las interpretaciones de uno de los mejores planteles posibles de jóvenes actores españoles, son buenas.

6/10
Tesis

1996 | Tesis

Ángela (Ana Torrent) es una estudiante de Ciencias de la Información que prepara su trabajo de investigación sobre las películas de violencia directa. En extrañas circunstancias, descubre a su director de tesis asesinado. Este hecho le introducirá en el perverso mundo de las llamadas snuff movies. Sólo su compañero, interpretado por Fele Martínez, está dispuesto a acompañarla, aunque a su manera, en su peligrosa aventura. En sus caminos se cruza un guaperas interpretado por Eduardo Noriega, sospechoso del crimen, pero de quien Ángela enseguida se enamora. La primera película de uno de los directores más audaces y precoces del cine español. El director y productor José Luis Cuerda, confió en Alejandro Amenábar e hizo posible uno de los últimos fenómenos del renovado cine español. Es un thriller apasionante, en el que la perversión y el suspense cautivan al espectador mediante una atmósfera agobiante. Una película que sitúa una trama policíaca en un ambiente juvenil. La peli se llevó un montón de premios.

6/10
Mientras dure la guerra

2019 | Mientras dure la guerra

19 de julio de 1936. El capitán Barros anuncia el comienzo del alzamiento militar frente al Consistorio de Salamanca. Cerca de allí, Miguel de Unamuno trata de mantener su rutina, y pese a que su familia preferiría que se quedara en casa hasta que se tranquilizase el panorama, sale a tomar café con sus allegados, que debaten sobre lo que está ocurriendo, cuando él parece aún estar asimilándolo. Poco después, se entera de que el gobierno republicano le ha destituido de su cargo como rector vitalicio de la Universidad de la ciudad castellana. Mientras tanto, Millán-Astray anima a su viejo amigo, el general Francisco Franco, a imponerse a la Junta Militar para quedarse al mando del bando nacional, pero éste prefiere maniobrar sutilmente para evitar un paso en falso. La mejor de las tres películas basadas en hechos reales rodadas hasta el momento por Alejandro Amenábar, más reflexiva y madura que Mar adentro y Ágora, y superior a la media de los acercamientos del cine patrio a la Guerra Civil, casi siempre lastrados por el maniqueísmo y el afán propagandístico. Él mismo ha compuesto un guión esforzado, lleno de matices y detalles, junto a Alejandro Hernández, ganador del Goya por Todas las mujeres, y nominado por El autor. Se le puede reprochar que falta algo de frescura en algunos pasajes, como las conversaciones de Unamuno con su nieto, o cuando un soldado le pide un autógrafo, y hasta resultan un tanto grotescos los momentos oníricos en los que con el fin de sacar una lágrima al respetable se sube el volumen de la banda sonora (un trabajo aceptable del propio Amenábar, que no firmaba la partitura desde su biografía de Ramón Sampedro). Pero el realizador logra menos frialdad que en otras ocasiones en algunas secuencias, como la de Millán Astray ordenando que se cante el himno nacional para acompañar el alzamiento de la bandera rojigualda, o en el tramo final, que recrea con rigor histórico el célebre episodio del Paraninfo de la Universidad de Salamanca, del 12 de octubre de 1936, cuando el escritor pronunció la célebre frase “venceréis pero no convenceréis”. Se reivindica la independencia intelectual, defendiendo que el posicionamiento de cada uno debe ir marcado por los hechos y los resultados, no por la pasión, la adscripción incondicional a un bando contra viento y marea o el cainismo. Sobre todo, el cineasta de padre chileno y madre española ha captado la postura del emblemático autor bilbaíno –equidistante entre los radicalismos, y similar a la de muchos españoles–. Desencantado por la República, que no había traído el orden y la prosperidad esperadas, apoya un golpe militar que en principio restituiría la paz. Sin embargo, una vez que se inicia el conflicto, se cometen injusticias y actos de barbarie por ambos bandos, lo que afectó a amigos y familiares de todos los ciudadanos; además, inesperadamente Francisco Franco toma el poder absoluto del lado nacional, con planes muy distintos a los esperados. Tienen interés las conversaciones del protagonista con sus dos amigos más cercanos, donde se defienden actitudes discrepantes, pero se pone de manifiesto el valor del diálogo. En uno de ellos, Unamuno achaca a la izquierda –pese a ser éste el bando con el que simpatiza Amenábar, a tenor de sus declaraciones públicas– su supuesta superioridad moral, y su defensa apasionada de la libertad cuando después se muestra una enorme tolerancia con dictaduras terribles como la estalinista. Todo ello remite a la actualidad, cuando las posiciones siguen siendo igual de extremas; de hecho, llega a tratarse con cierta profundidad el nacionalismo, y los intentos de romper España, tema bastante contemporáneo, con una crítica a quienes atacan por este asunto a vascos y catalanes, cuando también son parte de nuestro país. A Amenábar se le dan muy bien las escenas en las que hace gala de un gran despliegue de producción, gracias a su imaginación visual, lo que deja claro desde el asalto a la Plaza Mayor de Salamanca en el arranque. Pero el film está dominado por secuencias intimistas, en las que aprovecha el talento de la totalidad del reparto. Pocas veces se ha sacado tanta tajada a Karra Elejalde, que expresa muy bien la lucha interna de Unamuno. Pero resulta encomiable la labor de los secundarios, tiene sobre todo cancha Eduard Fernández, que pinta un Millán Astray excesivo, lo que parece corresponderse con la realidad, que defiende la acción directa, frente a quienes se permiten el lujo de opinar, pero desde la distancia. Sorprende mucho la labor de Santi Prego (hasta ahora muy secundario en títulos como La sombra de la ley), un Francisco Franco de apariencia apocada, pero inteligente y maquiavélico, a quien se acusa de haber alargado innecesariamente el conflicto y hasta de agarrarse a la fe católica que profesaban su esposa y su hija conforme a sus intereses. Aunque estos tres personajes copan la mayor parte del metraje, están bien descritos algunos otros, que tienen sus propios momentos de gloria, como el general sospechoso de pertenecer a la masonería Luis Valdés Cavanilles, defendido por un magistral Tito Valverde, o Luis Zahera (el pastor protestante Atilano Coco) y hasta los femeninos, que en principio tenían menos parcela en esta historia, como Patricia López Arnaiz (María, hija de Unamuno), Nathalie Poza (esposa del alcalde de Salamanca) e incluso Mireia Rey (una Carmen Polo que ayuda a Unamuno a salir del campus).

6/10
Regresión

2015 | Regression

Una historia de ritos satánicos ambientada en los Estados Unidos de los años 90, y basada vagamente en casos reales. Alejandro Amenábar vuelve a rodar en inglés, él escribe y dirige este film, que cuenta con un atractivo reparto internacional encabezado por Ethan Hawke y Emma Watson; y vuelve un poco a sus orígenes, el thriller inquietante, capaz de incomodar al espectador. Las snuff-movies de Tesis y los fantasmas de Los otros dejan paso en Regresión a los demonios. Y de nuevo el cineasta demuestra que se encuentra instalado en su personal bucle melancólico, el de quien educado en el catolicismo, desembocó primero en el agnosticismo y luego en el ateísmo, posturas especialmente nítidas en Mar adentro y Ágora. Una vez más, los creyentes no salen demasiado bien parados en su cine, aunque aquellos personajes de su film que logran racionalizar su terrible experiencia no podrían describirse exactamente como felices o satisfechos, su “sabiduría” no deja de provocarles una terrible desazón, la de la imposibilidad de alcanzar certezas. Quizá lo más novedoso es que amplía todavía más el campo de la desconfianza. Bruce Kenner es un detective de la policía que investiga los supuestos abusos sexuales sufridos por la joven Angela Gray de parte de su padre en una pequeña población de Pensilvania. Un psicólogo, el doctor Raines, ayuda a Bruce aplicando su terapia de regresión al presunto verdugo y a su víctima para averiguar la verdad. Todo indica que el caso está ligado a terribles y sangrientos ritos satánicos, en los que se habría visto enredada la familia Gray, que para solucionar los problemas de su hogar desestructurado se habría refugiado en la fe, con la ayuda del pastor de su iglesia. Amenábar cineasta es como una esponja que ha sabido “chupar” lo mejor del cine de terror psicológico, huellas de La semilla del diablo, El exorcista o el primer cine de su coetáneo M. Night Shyamalan se detectan en su película, cuyo mejor logro es la creación de una atmósfera desasosegante. De todos modos lo que pierde al cineasta es su carga ideológica demasiado obvia; y no nos referimos sólo a la cuña “sodomita”, el caso es que no puede haber demasiado margen para la sorpresa en las tramas que orquesta si se trata de lanzar puyas a los seguidores de una religión, y en cambio loas a los capaces de sobreponerse a semejante lastre. De todos modos procura ofrecer el pertinente desenlace más o menos sorprendente, un tanto abrupto, que tiene algo de truco de trilero, y riza el rizo de la incredulidad. La religión, la ciencia, las personas, de mente y voluntad frágiles, ¿en quién se puede creer? ¿En el individuo? ¿En uno mismo? ¿Cómo saber que no nos engañamos? Sólo quedan la oscuridad, el vacío y el miedo, y procurar sobrevivir con ellos.

5/10
Ágora

2009 | Agora

Siglo IV. Hipatia de Alejandría, hija de Teón –el director de la Biblioteca– dirige una escuela filosófica donde imparte clases de esta disciplina, de matemáticas y de astronomía. Mujer brillante y entregada a la ciencia, por la que ha renunciado a casarse, le toca vivir una época convulsa. El imperio romano da signos de decadencia, la religión pagana va a menos, y en cambio ha surgido un pujante cristianismo, que ya no sufre la persecución de antaño. En tal tesitura la escuela de Hipatia es un remanso de paz, allí tiene estudiantes cristianos y no cristianos, y a lo que se dedican es a cultivar el saber, y a formarse para ser parte de la elite en un futuro próximo. Pero a la filósofa le han salido dos admiradores. Su discípulo y amigo Orestes, y el esclavo Davo. Alejandro Amenábar concibe su historia –basada en hechos históricos, pero con elementos de ficción– en dos actos separados por la segunda destrucción de la Biblioteca de Alejandría; de modo que la segunda parte mostraría cómo los distintos personajes alcanzan la posición que va a sellar el trágico destino de Hipatia. En términos de concepción, Ágora es una obra muy ambiciosa que no acaba de funcionar. Siguiendo los pasos de su muy admirado Stanley Kubrick en Espartaco, el director quiere conjugar una gran historia de época, con una trama dramática de personajes e ideas. Y algo chirría en la alternancia entre esos magníficos planos generales de la ciudad en todo su esplendor, perspectivas planetarias y planos cenitales, con las cuitas de Hipatia y compañía. Otro problema que presenta el guión de Amenábar y Mateo Gil es la no-evolución del personaje de Hipatia, quien permanece sabia y sin crecer durante todo el metraje, impertérrita ante los avances amorosos, lo que se trata de subsanar con la subtrama de sus estudios astronómicos, bien resuelta visualmente, pero metida un poquito ‘con calzador’, incluido el personaje de un esclavo testigo de sus descubrimientos, que se limita a asentir al entusiasmo de su ama. El director, dentro de su opción de cine comercial con contenido, sigue su línea de cuestionamiento del cristianismo, iniciada en Los otros con suavidad, y continuada de modo más agresivo en Mar adentro. Aquí recupera las formas suaves, su forma de tratar la compleja situación del cristianismo del siglo IV en Alejandría podría describirse como “mano de hierro en guante de terciopelo”. De modo que se alude a lo que puede resultar de atractivo en la fe –Cristo y sus bienaventuranzas, la caridad con los necesitados, el perdón...–, pero poniendo el foco sobre todo en lo que puede degenerar en fanatismo violento y lucha por el poder. En tal sentido queda especialmente mal parado el santo Cirilo de Alejandría. Pero también son cuestionables Orestes, con su cristianismo pragmático algo cínico, y el obispo Sinesio, que invita a Hipatia a bautizarse porque ella ya en el fondo es cristiana, aunque no crea. Por contraste, la inmaculada ciencia parece la solución a todos los problemas, la única capaz de dar acceso a la verdad. En tal sentido, se obvian las manipulaciones que pueden hacerse en nombre de ella. Es de aplaudir el esfuerzo de producción, la realización de una película de gran presupuesto y digna, algo no tan frecuente en el cine español. El propósito del diseño de producción, independientemente de alguna fantasía en el vestuario, es acentuar el realismo, también con la paleta de colores, que recuerda, y mucho, a la de La Pasión de Cristo. Incluso ese exceso de planos cenitales y miradas desde el espacio exterior parecen remitir al famoso plano de la lágrima-gota de lluvia cuando muere Jesús en la cruz, aunque con una idea completamente diferente, la de subrayar la insignificancia del ser humano frente al conjunto del universo. Toma una postura valiente Amenábar cuando apuesta por retratar a un personaje, Hipatia, que ha decidido vivir virgen por un gran ideal, su dedicación a la ciencia. En una sociedad hipersexualizada, donde tantos parecen vivir por y para el sexo, mostrar tal opción y no ridiculizarla tiene su mérito. Sobre el reparto, decir que hay un acierto en los actores, empezando por Rachel Weisz, pero que el film no se presta para su lucimiento, porque sobran ideas y faltan emociones. El que más difícil lo tiene es Max Minghella, pues su Davo evoluciona de un modo poco claro, aunque esa falta de nitidez se justifique por la confluencia de múltiples sentimientos contrapuestos.

5/10
Mar adentro

2004 | Mar adentro

La historia real del tetrapléjico gallego Ramón Sampedro, que conmocionó en su día a la opinión pública. Alejandro Amenábar cambia radicalmente de género (su fama hasta la fecha se ha cimentado en el thriller), para contar una historia de tintes dramáticos, sobre un hombre que considera indigno seguir viviendo con su incapacitación, y que desea ser asistido en su suicidio sin cortapisas legales. Amenábar es un cineasta inteligente, que sabe dirigir a un grupo de actores muy bien escogidos. Resulta difícil destacar a un intérprete sobre el resto, tan bien están Javier Bardem, Belén Rueda, Lola Dueñas y compañía, aunque está claro que el primero se lleva la palma. A la hora de contar su historia, el director trata de ser razonablemente equilibrado al presentar personajes que no desean la muerte de Sampedro (su familia, principalmente, además de una mujer que le ve en televisión) y otros que sí quieren ‘ayudarle’, por ‘compasión’ (los abogados de una asociación pro eutanasia). Aunque tal equilibrio se va al traste al presentar de modo grotesco y sin matices al personaje de un sacerdote también tetrapléjico. El film se esfuerza por ser luminoso, un teórico canto a la vida. Esto se hace trenzando con tino las relaciones entre los personajes. Pero al final no deja de tomar partido por la muerte, presentando como legítima la opción de acabar con la propia vida. E invita a una comparación odiosa entre la decisión del protagonista y la del personaje de Belén Rueda, condenada a vivir en un limbo donde es incapaz de reconocer a las personas queridas.

6/10
Los otros

2001 | Los otros

Un apartado caserón victoriano en la isla de Jersey. Es el año 1945, y la Segunda Guerra Mundial acaba de concluir. Grace vive con sus dos hijos en forzada reclusión. El marido fue a combatir, y no ha vuelto. Los chicos sufren una rara enfermedad: no puede exponerse a la luz del día, y deben vivir en perpetua penumbra. Su madre, sobreprotectora, pone todos los medios para que estén a gusto. Abre y cierra puertas para evitar los rayos de luz fatal. Y los educa lo mejor que puede, dentro de unos estrictos principios religiosos, a veces poco meditados. La llegada de tres nuevos sirvientes va a alterar la vida de tan peculiar familia. ¿Están tramando algo? ¿Tienen algo que ver con los extraños ruidos que se oyen en la casa, producidos por “los otros”? Inquietante y terrorífico film de Alejandro Amenábar, que sabe asustar sin acudir a las sanguinolencias al uso. El joven director (y guionista, y autor de la banda sonora) demuestra una vez más ser un maestro en la creación de atmósferas. Sabe agarrar al espectador y encerrarlo con Nicole Kidman y sus retoños en el siniestro caserón donde transcurre la película, para erizarnos el cabello a su antojo. Amenábar reconoce que de niño le gustaba imaginar historias de casas encantadas y extraños fantasmas. Y que las pelis de miedo como La semilla del diablo, Alien, el octavo pasajero, La noche del cazador, Seven y El silencio de los corderos le chiflan. Así las cosas, se ha despachado a gusto en este film. Quizá otra referencia inevitable es Alfred Hitchcock, el mago del suspense. Hasta el hecho de convertir a Nicole Kidman en una mujer rubia asustada, un poco a lo Grace Kelly, nos remite a las célebres rubias que poblaron las películas del mago del suspense.   Los otros es la película española que más éxito ha tenido en Estados Unidos hasta la fecha. Su recaudación en ese país ha rozado los 100 millones de dólares, y logró mantenerse con gran mérito entre las diez más vistas durante varias semanas. Lo suyo no fue el clásico arrase el primer fin de semana, para luego caer en picado, cuando se corre la voz de que el film no es bueno. Todo lo contrario: mantuvo una recaudación constante durante varias semanas, señal inequívoca de que funcionó bien el “boca-a-oreja” de que se trataba una estupenda película. Amenábar volvió a repetir el éxito de los Goya que ya tuvo con Tesis: ocho premios, incluidos el de mejor película, director y guión.

7/10
Abre los ojos

1997 | Abre los ojos

César (Eduardo Noriega) y Pelayo (Fele Martínez) son dos buenos amigos. César es el heredero de una considerable fortuna, pijo y afortunado con las mujeres. Para él, su vida es perfecta. Pelayo, en cambio, admira a César y se siente menos afortunado, sobre todo en cuestión de mujeres. Ahora César está con Nuria (Najwa Nimri), una chica obsesionada con él, y con un comportamiento desequilibrado. En su fiesta de cumpleaños, Pelayo le presenta a su amiga Sofía (Penélope Cruz), y César se enamora de ella al instante. Después de pasar la noche con ella, traicionando los sentimientos de su mejor amigo, sube en el coche de Nuria, que le ha esperado toda la noche. A partir de ahí, su vida se convierte en una pesadilla. Una de las películas españolas más populares de 1997. El astuto Alejandro Amenábar no defrauda en su segunda película, arriesgándose con una vuelta de tuerca al género del thriller y la ciencia-ficción. Es uno de los máximos representantes de la incorporación de nuevas ideas al último cine español. Además, firma el guión junto a su amigo Mateo Gil, y es el responsable de la composición musical. Una compleja película en la que no se distingue la realidad y la ficción, con un guión lleno de recovecos y ambigüedades, que alimentan aún más el suspense que envuelve la acción desde el comienzo. Y las interpretaciones de uno de los mejores planteles posibles de jóvenes actores españoles, son buenas.

6/10
Tesis

1996 | Tesis

Ángela (Ana Torrent) es una estudiante de Ciencias de la Información que prepara su trabajo de investigación sobre las películas de violencia directa. En extrañas circunstancias, descubre a su director de tesis asesinado. Este hecho le introducirá en el perverso mundo de las llamadas snuff movies. Sólo su compañero, interpretado por Fele Martínez, está dispuesto a acompañarla, aunque a su manera, en su peligrosa aventura. En sus caminos se cruza un guaperas interpretado por Eduardo Noriega, sospechoso del crimen, pero de quien Ángela enseguida se enamora. La primera película de uno de los directores más audaces y precoces del cine español. El director y productor José Luis Cuerda, confió en Alejandro Amenábar e hizo posible uno de los últimos fenómenos del renovado cine español. Es un thriller apasionante, en el que la perversión y el suspense cautivan al espectador mediante una atmósfera agobiante. Una película que sitúa una trama policíaca en un ambiente juvenil. La peli se llevó un montón de premios.

6/10
Mientras dure la guerra

2019 | Mientras dure la guerra

19 de julio de 1936. El capitán Barros anuncia el comienzo del alzamiento militar frente al Consistorio de Salamanca. Cerca de allí, Miguel de Unamuno trata de mantener su rutina, y pese a que su familia preferiría que se quedara en casa hasta que se tranquilizase el panorama, sale a tomar café con sus allegados, que debaten sobre lo que está ocurriendo, cuando él parece aún estar asimilándolo. Poco después, se entera de que el gobierno republicano le ha destituido de su cargo como rector vitalicio de la Universidad de la ciudad castellana. Mientras tanto, Millán-Astray anima a su viejo amigo, el general Francisco Franco, a imponerse a la Junta Militar para quedarse al mando del bando nacional, pero éste prefiere maniobrar sutilmente para evitar un paso en falso. La mejor de las tres películas basadas en hechos reales rodadas hasta el momento por Alejandro Amenábar, más reflexiva y madura que Mar adentro y Ágora, y superior a la media de los acercamientos del cine patrio a la Guerra Civil, casi siempre lastrados por el maniqueísmo y el afán propagandístico. Él mismo ha compuesto un guión esforzado, lleno de matices y detalles, junto a Alejandro Hernández, ganador del Goya por Todas las mujeres, y nominado por El autor. Se le puede reprochar que falta algo de frescura en algunos pasajes, como las conversaciones de Unamuno con su nieto, o cuando un soldado le pide un autógrafo, y hasta resultan un tanto grotescos los momentos oníricos en los que con el fin de sacar una lágrima al respetable se sube el volumen de la banda sonora (un trabajo aceptable del propio Amenábar, que no firmaba la partitura desde su biografía de Ramón Sampedro). Pero el realizador logra menos frialdad que en otras ocasiones en algunas secuencias, como la de Millán Astray ordenando que se cante el himno nacional para acompañar el alzamiento de la bandera rojigualda, o en el tramo final, que recrea con rigor histórico el célebre episodio del Paraninfo de la Universidad de Salamanca, del 12 de octubre de 1936, cuando el escritor pronunció la célebre frase “venceréis pero no convenceréis”. Se reivindica la independencia intelectual, defendiendo que el posicionamiento de cada uno debe ir marcado por los hechos y los resultados, no por la pasión, la adscripción incondicional a un bando contra viento y marea o el cainismo. Sobre todo, el cineasta de padre chileno y madre española ha captado la postura del emblemático autor bilbaíno –equidistante entre los radicalismos, y similar a la de muchos españoles–. Desencantado por la República, que no había traído el orden y la prosperidad esperadas, apoya un golpe militar que en principio restituiría la paz. Sin embargo, una vez que se inicia el conflicto, se cometen injusticias y actos de barbarie por ambos bandos, lo que afectó a amigos y familiares de todos los ciudadanos; además, inesperadamente Francisco Franco toma el poder absoluto del lado nacional, con planes muy distintos a los esperados. Tienen interés las conversaciones del protagonista con sus dos amigos más cercanos, donde se defienden actitudes discrepantes, pero se pone de manifiesto el valor del diálogo. En uno de ellos, Unamuno achaca a la izquierda –pese a ser éste el bando con el que simpatiza Amenábar, a tenor de sus declaraciones públicas– su supuesta superioridad moral, y su defensa apasionada de la libertad cuando después se muestra una enorme tolerancia con dictaduras terribles como la estalinista. Todo ello remite a la actualidad, cuando las posiciones siguen siendo igual de extremas; de hecho, llega a tratarse con cierta profundidad el nacionalismo, y los intentos de romper España, tema bastante contemporáneo, con una crítica a quienes atacan por este asunto a vascos y catalanes, cuando también son parte de nuestro país. A Amenábar se le dan muy bien las escenas en las que hace gala de un gran despliegue de producción, gracias a su imaginación visual, lo que deja claro desde el asalto a la Plaza Mayor de Salamanca en el arranque. Pero el film está dominado por secuencias intimistas, en las que aprovecha el talento de la totalidad del reparto. Pocas veces se ha sacado tanta tajada a Karra Elejalde, que expresa muy bien la lucha interna de Unamuno. Pero resulta encomiable la labor de los secundarios, tiene sobre todo cancha Eduard Fernández, que pinta un Millán Astray excesivo, lo que parece corresponderse con la realidad, que defiende la acción directa, frente a quienes se permiten el lujo de opinar, pero desde la distancia. Sorprende mucho la labor de Santi Prego (hasta ahora muy secundario en títulos como La sombra de la ley), un Francisco Franco de apariencia apocada, pero inteligente y maquiavélico, a quien se acusa de haber alargado innecesariamente el conflicto y hasta de agarrarse a la fe católica que profesaban su esposa y su hija conforme a sus intereses. Aunque estos tres personajes copan la mayor parte del metraje, están bien descritos algunos otros, que tienen sus propios momentos de gloria, como el general sospechoso de pertenecer a la masonería Luis Valdés Cavanilles, defendido por un magistral Tito Valverde, o Luis Zahera (el pastor protestante Atilano Coco) y hasta los femeninos, que en principio tenían menos parcela en esta historia, como Patricia López Arnaiz (María, hija de Unamuno), Nathalie Poza (esposa del alcalde de Salamanca) e incluso Mireia Rey (una Carmen Polo que ayuda a Unamuno a salir del campus).

6/10
Mar adentro

2004 | Mar adentro

La historia real del tetrapléjico gallego Ramón Sampedro, que conmocionó en su día a la opinión pública. Alejandro Amenábar cambia radicalmente de género (su fama hasta la fecha se ha cimentado en el thriller), para contar una historia de tintes dramáticos, sobre un hombre que considera indigno seguir viviendo con su incapacitación, y que desea ser asistido en su suicidio sin cortapisas legales. Amenábar es un cineasta inteligente, que sabe dirigir a un grupo de actores muy bien escogidos. Resulta difícil destacar a un intérprete sobre el resto, tan bien están Javier Bardem, Belén Rueda, Lola Dueñas y compañía, aunque está claro que el primero se lleva la palma. A la hora de contar su historia, el director trata de ser razonablemente equilibrado al presentar personajes que no desean la muerte de Sampedro (su familia, principalmente, además de una mujer que le ve en televisión) y otros que sí quieren ‘ayudarle’, por ‘compasión’ (los abogados de una asociación pro eutanasia). Aunque tal equilibrio se va al traste al presentar de modo grotesco y sin matices al personaje de un sacerdote también tetrapléjico. El film se esfuerza por ser luminoso, un teórico canto a la vida. Esto se hace trenzando con tino las relaciones entre los personajes. Pero al final no deja de tomar partido por la muerte, presentando como legítima la opción de acabar con la propia vida. E invita a una comparación odiosa entre la decisión del protagonista y la del personaje de Belén Rueda, condenada a vivir en un limbo donde es incapaz de reconocer a las personas queridas.

6/10
Los otros

2001 | Los otros

Un apartado caserón victoriano en la isla de Jersey. Es el año 1945, y la Segunda Guerra Mundial acaba de concluir. Grace vive con sus dos hijos en forzada reclusión. El marido fue a combatir, y no ha vuelto. Los chicos sufren una rara enfermedad: no puede exponerse a la luz del día, y deben vivir en perpetua penumbra. Su madre, sobreprotectora, pone todos los medios para que estén a gusto. Abre y cierra puertas para evitar los rayos de luz fatal. Y los educa lo mejor que puede, dentro de unos estrictos principios religiosos, a veces poco meditados. La llegada de tres nuevos sirvientes va a alterar la vida de tan peculiar familia. ¿Están tramando algo? ¿Tienen algo que ver con los extraños ruidos que se oyen en la casa, producidos por “los otros”? Inquietante y terrorífico film de Alejandro Amenábar, que sabe asustar sin acudir a las sanguinolencias al uso. El joven director (y guionista, y autor de la banda sonora) demuestra una vez más ser un maestro en la creación de atmósferas. Sabe agarrar al espectador y encerrarlo con Nicole Kidman y sus retoños en el siniestro caserón donde transcurre la película, para erizarnos el cabello a su antojo. Amenábar reconoce que de niño le gustaba imaginar historias de casas encantadas y extraños fantasmas. Y que las pelis de miedo como La semilla del diablo, Alien, el octavo pasajero, La noche del cazador, Seven y El silencio de los corderos le chiflan. Así las cosas, se ha despachado a gusto en este film. Quizá otra referencia inevitable es Alfred Hitchcock, el mago del suspense. Hasta el hecho de convertir a Nicole Kidman en una mujer rubia asustada, un poco a lo Grace Kelly, nos remite a las célebres rubias que poblaron las películas del mago del suspense.   Los otros es la película española que más éxito ha tenido en Estados Unidos hasta la fecha. Su recaudación en ese país ha rozado los 100 millones de dólares, y logró mantenerse con gran mérito entre las diez más vistas durante varias semanas. Lo suyo no fue el clásico arrase el primer fin de semana, para luego caer en picado, cuando se corre la voz de que el film no es bueno. Todo lo contrario: mantuvo una recaudación constante durante varias semanas, señal inequívoca de que funcionó bien el “boca-a-oreja” de que se trataba una estupenda película. Amenábar volvió a repetir el éxito de los Goya que ya tuvo con Tesis: ocho premios, incluidos el de mejor película, director y guión.

7/10
Nadie conoce a nadie

1999 | Nadie conoce a nadie

Simón es un joven, con aspiraciones de escritor, que se gana la vida haciendo crucigramas. Comparte piso con Sapo, un descreído que se da aires de superioridad. Un día recibe un mensaje amenazante para que incluya la palabra “adversario” en el crucigrama que publicará el Domingo de Ramos. Comienza entonces una serie de crímenes que parecen relacionados con la histeria del fin de milenio. Mateo Gil, coguionista de Tesis y Nadie conoce a nadie filma un inquietante thriller, basado en la novela de Juan Bonilla. La película es puro entretenimiento, con ideas de juegos de rol incluidas. Pero según Gil incluye “una pequeña reflexión sobre la falta de creencias de cualquier tipo (religiosas, ideológicas, políticas, etc) que a mi juicio constituyen la principal característica de la generación a la que pertenezco”. ¿Da la película una imagen acertada de la Semana Santa sevillana? Que se lo pregunten a los sevillanos.

5/10
La lengua de las mariposas

1999 | La lengua de las mariposas

Invierno de 1935. Un pueblecito gallego. Moncho, un niño de ocho años, se incorpora a la escuela regentada por don Gregorio, un maestro republicano que procura inculcar en sus alumnos el amor por la libertad y los valores cívicos. José Luis Cuerda, con guión de Rafael Azcona, adapta y entrelaza tres relatos de Manuel Rivas, incluidos en el libro "¿Qué me quieres, amor?". Resulta muy emotiva la relación profesor-alumno, y la historia de amor platónico entre el hermano de Moncho y una chica filipina. La ambientación, fotografía y música están cuidadísimas. Fernando Fernán Gómez está perfecto. Si algún reproche cabe a la realización del film, es por su excesivo parecido con Secretos del corazón, y por su final, algo deprimente, y que no cuadra con la personalidad del simpático Moncho. ¿Afán de revanchismo por épocas pasadas, quizá?

6/10
Abre los ojos

1997 | Abre los ojos

César (Eduardo Noriega) y Pelayo (Fele Martínez) son dos buenos amigos. César es el heredero de una considerable fortuna, pijo y afortunado con las mujeres. Para él, su vida es perfecta. Pelayo, en cambio, admira a César y se siente menos afortunado, sobre todo en cuestión de mujeres. Ahora César está con Nuria (Najwa Nimri), una chica obsesionada con él, y con un comportamiento desequilibrado. En su fiesta de cumpleaños, Pelayo le presenta a su amiga Sofía (Penélope Cruz), y César se enamora de ella al instante. Después de pasar la noche con ella, traicionando los sentimientos de su mejor amigo, sube en el coche de Nuria, que le ha esperado toda la noche. A partir de ahí, su vida se convierte en una pesadilla. Una de las películas españolas más populares de 1997. El astuto Alejandro Amenábar no defrauda en su segunda película, arriesgándose con una vuelta de tuerca al género del thriller y la ciencia-ficción. Es uno de los máximos representantes de la incorporación de nuevas ideas al último cine español. Además, firma el guión junto a su amigo Mateo Gil, y es el responsable de la composición musical. Una compleja película en la que no se distingue la realidad y la ficción, con un guión lleno de recovecos y ambigüedades, que alimentan aún más el suspense que envuelve la acción desde el comienzo. Y las interpretaciones de uno de los mejores planteles posibles de jóvenes actores españoles, son buenas.

6/10
Tesis

1996 | Tesis

Ángela (Ana Torrent) es una estudiante de Ciencias de la Información que prepara su trabajo de investigación sobre las películas de violencia directa. En extrañas circunstancias, descubre a su director de tesis asesinado. Este hecho le introducirá en el perverso mundo de las llamadas snuff movies. Sólo su compañero, interpretado por Fele Martínez, está dispuesto a acompañarla, aunque a su manera, en su peligrosa aventura. En sus caminos se cruza un guaperas interpretado por Eduardo Noriega, sospechoso del crimen, pero de quien Ángela enseguida se enamora. La primera película de uno de los directores más audaces y precoces del cine español. El director y productor José Luis Cuerda, confió en Alejandro Amenábar e hizo posible uno de los últimos fenómenos del renovado cine español. Es un thriller apasionante, en el que la perversión y el suspense cautivan al espectador mediante una atmósfera agobiante. Una película que sitúa una trama policíaca en un ambiente juvenil. La peli se llevó un montón de premios.

6/10
Spanish Movie

2009 | Spanish Movie

En España han dejado de hacerse únicamente dramas intimistas, comedias chabacanas y revisiones de la Guerra Civil. Sobresalen en los últimos años las producciones de terror –Rec–, ha triunfado una buena película carcelaria –Celda 211– y un film de animación digital –Planet 51– obtiene buenos resultados de taquilla. Ahora, España se atreve con las ‘spoof movies’ o sea la parodia a lo Aterriza como puedas. Como suele suceder en este subgénero, el argumento toma como base una mezcla de dos o tres títulos destacados del objeto de la parodia, en este caso el propio cine español. Así, tenemos un cruce imposible entre Volver, Los otros y El orfanato. Ramira –trasunto de Raimunda, el personaje de Penélope Cruz en el film de Almodóvar– entra a servir en la mansión de Laura, madre de un niño fotosensible que no puede exponerse a la luz, y de una niña sádica y siniestra. A partir de ahí se articulan bromas referentes a títulos como Mar adentro, Los lunes al sol, Abre los ojos, Rec y Alatriste, en suma los pocos que son lo suficientemente populares. Como era previsible, abusa de la sal gruesa y los chistes fáciles. Además, el ritmo es irregular y se hace demasiado larga. Sorprende que alterne cameos de personajes reconocibles por el público, como Chiquito de la Calzada, Amenábar, Andreu Buenafuente o Berto Romero, con la presencia de otros –Paco Plaza, Jaume Balagueró, José Antonio Bayona– que sólo conocerán los entendidos. Destaca la presencia del mítico Joselito, el protagonista de El pequeño ruiseñor, que ya es un señor mayor, y de Leslie Nielsen –actor fetiche de este tipo de películas–, que da lugar a una de las mejores secuencias. De hecho, es cierto que algunos momentos aislados funcionan, como el diálogo imposible entre David el gnomo y un pitufo, o el breve encuentro entre Leslie Nielsen y Chiquito de la calzada, que aparece durante los títulos de crédito. Se puede concluir que aunque no es gran cosa, da al público lo que pide, por lo que puede funcionar a nivel comercial, sobre todo los adolescentes.

3/10
Vanilla Sky

2001 | Vanilla Sky

David es un joven editor, rico, con una novia preciosa llamada Julie. Pero no le basta. No tiene escrúpulos en birlarle la chica al que llama “su mejor amigo”. Sin embargo Julie, debido a los celos, provoca un fatal accidente, donde ella muere y él queda con el rostro desfigurado. Un tiempo después, David está recluido en un manicomio, charlando con su psiquiatra. El millonario, que se cubre la cara con una máscara, ha advertido lo pasajero del aspecto físico, y de la vida misma. Pero se encuentra confuso: aunque recuerda lo desesperado que estaba por arreglar su cara a toda costa, las tribulaciones para lograrlo son en su cabeza como una enorme nebulosa. Remake del film de Alejandro Amenábar Abre los ojos, coescrito con Mateo Gil. Penélope Cruz repite su papel, pero los demás actores son celebérrimos intérpretes americanos. Cameron Crowe, que hasta ahora había escrito siempre sus propias historias, y que se declara fan absoluto del film original, confiesa haber hecho caso omiso de los puristas que decían que no debía hacer el film; y ha procurado mejorar el original, aclarar las partes más confusas, para hacer una variación sobre el mismo tema. Para ello ha puesto el acento en la música y en los aspectos visuales. El título del film, hace referencia a cómo era el cielo en un cuadro de Monet: “Quizá era algo real, quizá no, quizá era sólo la imaginación de cómo es el cielo.”

5/10

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