Si en algo se ha notado el auge de los YouTube, Google Video y demás hermanitos donde se cuelgan videoclips de todos los pelajes, es en el modo en
Si en algo se ha notado el auge de los YouTube, Google Video y demás hermanitos donde se cuelgan videoclips de todos los pelajes, es en el modo en que han facilitado el conocimiento de los cortos que optaban al Oscar en las categorías de ficción y animación. Los españoles Binta y la gran idea, de Javier Fesser, y Éramos pocos, de Borja Cobeaga, podían verse en internet con gran facilidad.
Y también puede encontrarse The Danish Poet, Oscar al mejor corto animado.
Hemos pasado de una época en que un corto se podía ver, con dificultad, en el cine de un exhibidor ‘enrollado’, en festivales ‘ad hoc’, o en programas de televisión alternativos a altas horas de la madrugada, a poder encontrarlo en la web en menos que canta un gallo. Para darse a conocer, internet parece la herramienta ideal para los aspirantes a cineastas.
