El domingo es 14 de febrero, San Valentín, el día de los enamorados y tal. Los que somos unos románticos empedernidos siempre hemos creído en aquello
El domingo es 14 de febrero, San Valentín, el día de los enamorados y tal. Los que somos unos románticos empedernidos siempre hemos creído en aquello de casarse por amor... Pero la realidad es tozuda, y evidentemente uno puede acabar acudiendo al matrimonio empujado por cualquier motivo excepto por amor.
Es lo que plantea la última película de Miguel Albaladejo, Nacidas para sufrir. En efecto, la anciana de pueblo Flora, inquieta con la idea de que sus sobrinas puedan acabar metiéndola en una residencia, va a ver al notario para hacer un contrato con su asistenta Pura, a la que nombrará heredera, si ella promete cuidarla hasta que se muera, evitando así que la saquen de su casa. Lo curioso es que el notario, para dar forma legal a aquello, le parece que la mejor fórmula es que Flora y Pura se casen, aprovechando las ‘bondades’ de la reciente ley de matrimonio homosexual.
No sé si Albaladejo lo hace consciente o inconscientemente, pero una de las conclusiones que cabe sacar de su cinta, es que el matrimonio, con las novedades legislativas más recientes, cada vez está más vacío de contenido y goza de menor consideración social. Porque con los apaños que se vienen propiciando, igual sirve para un roto que para un descosido.
