A nadie se le escapa que Mel Gibson atraviesa un mal momento. La lucha legal por la custodia de la hija que tuvo con la cantante rusa Oksana
A nadie se le escapa que Mel Gibson atraviesa un mal momento. La lucha legal por la custodia de la hija que tuvo con la cantante rusa Oksana Grigorieva, y las acusaciones de violencia doméstica han hecho en él fuerte mella. Por supuesto, en su vida personal, pero también en la profesional.
Ya hace un tiempo me hice eco de cómo se había eliminado su cameo en Resacón en Las Vegas 2, se dijo que uno de los actores amenazaba con irse de la peli si Mel seguía allí. Desde luego, había tocado fondo quien en antaño fuera el niño bonito de Hollywood, con sus Oscar por Braveheart.
Pero quizá tenga una oportunidad de ver la luz al final del túnel. Después de que su última película como actor, The Beaver, durmiera en el limbo de los filmes malditos –Summit, la productora, tenía miedo de que nadie fuera a verla por la mala imagen que últimamente arrastra Gibson–, parece que será mostrada al público en el célebre festival South by Southwest que se celebra en marzo en Austin, Texas. Todo un respiro para la directora y coprotagonista Jodie Foster, que ya trabajó con Mel Gibson en Maverick, y de la que últimamente no se sabe mucho. La rumorología habla muy bien de la peli, aunque nunca se sabe. El caso es que este pase público –al que acudirá Foster, pero no se sabe si también Gibson– facilitará el estreno y tal vez el pasar página del cineasta.
Lo curioso del caso es que Gibson en el film interpreta un papel que se parece –un poco– a su situación en el mundo real. Su personaje es un hombre de negocios del mundo juguetero que anda algo deprimido, por lo que se resiente su vida familiar; sorprendentemente le sirve como terapia el títere que maneja con su mano de un castor.
