Pues, caramba, algo insólito en los tiempos que corren. Que los tres personajes históricos, recientemente vistos en cine, se esfuerzan en vivir la
Pues, caramba, algo insólito en los tiempos que corren. Que los tres personajes históricos, recientemente vistos en cine, se esfuerzan en vivir la castidad sin complejos, de acuerdo con sus personales circunstancias. En Ágora, la conocida película de Alejandro Amenábar, la filósofa y científica Hipatia de Alejandría tiene ante sí a dos pretendientes que se disputan sus favores amorosos: su discípulo Orestes y el esclavo Davo. Pero ella ha optado por permanecer virgen para seguir un gran ideal, dedicarse con todas sus fuerzas al cultivo de la sabiduría.
En Encontrarás dragones hay un pasaje que transcurre en la Casa de Fieras del Retiro, que vale un potosí. Son los años de la guerra civil española, y Josemaría Escrivá de Balaguer, el sacerdote que fundó el Opus Dei, viste de paisano y ejerce clandestinamente su ministerio. Una joven de buen ver que ha acudido a confesarse le ofrece refugio en su casa, una pequeña habitación; él se lo agradece pero declina, le explica que es joven y hombre, y en una época convulsa como aquella prefiere no poner a prueba su virtud, él es un sacerdote que ama a Jesucristo. La otra, admirada, no puede evitar dar un rápido beso en la mejilla a su interlocutor.
Finalmente tenemos a Confucio, en la película homónima dirigida por Hu Mei, y que sigue al paradigma por antonomasia de la sapiencia china. Casado y con una hija, a partir de los 51 años Confucio se envuelto en diversas funciones políticas, lo que le obliga a tratar con hombres poderosos. En cierta ocasión la hermosa consorte de un monarca chino lo manda llamar, y le envuelve con sus zalamerías, ella no sólo es bella, también demuestra inteligencia. Y le propone tener más encuentros, ser de algún modo su discípula. Él rehúsa tal papel con humildad, admite no estar seguro de ser capaz de dominar su pasión si frecuenta en privado su compañía, y quiere ser fiel a sus ideales éticos.
