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Blog de Hildy

Acampada en Sol, o "El señor de las moscas"

El 15-M surgió un movimiento civil que ha tenido como escenario emblemático la madrileña Puerta del Sol, donde se protestaba contra el mal hacer de
Acampada en Sol, o "El señor de las moscas"

El 15-M surgió un movimiento civil que ha tenido como escenario emblemático la madrileña Puerta del Sol, donde se protestaba contra el mal hacer de los políticos, y se pedía una regeneración de la cosa pública. Algún exagerado calificaba el movimiento de histórico, que nada volvería a ser lo mismo tras lo ocurrido. En cuanto tuve noticia de la iniciativa, que se extendió por toda España y parte del extranjero, enseguida simpaticé con ella: hay un hartazgo general entre la ciudadanía ante un sistema falto con frecuencia de referentes éticos, ignorante de los problemas reales de la gente, y que tendía a formar una casta de privilegiados a los que nunca falta la mandurria. Aunque pronto pude constatar que aquello era un batiburrillo de bienintencionados, utopistas, grupúsculos de izquierda, etc., y la tentación del sistema era su manipulación, como así ha ocurrido, más con unas elecciones municipales y autonómicas próximas; aunque con el peligro de que, como la nitroglicerina, aquello pudiera estallar en las manos del manipulador, por lo que los políticos han procurado no mojarse demasiado sobre el tema.

Ahora, pasado el 22-M, y tras la severa derrota socialista, resulta interesante pensar en el futuro de este movimiento: ¿se disolverá como un azucarillo? Y me venía a la cabeza El señor de las moscas, formidable novela del Nobel de Literatura William Golding que cuenta con dos interesantes versiones cinematográficas. Un grupo de chavales, atrapados en una paradisíaca isla, formados en una academia militar, deberían estar en perfectas condiciones para vivir en una especie de perpetuo campamento de verano, eternamente felices, organizados a su gusto. El uso de una caracola en asamblea debía permitir a todos hacer sus propuestas. Pero surgían problemas de liderazgo, el inteligente era cuestionado por el fuerte, etc, etc. Había inmadurez, rivalidades, miedos...

Pues bien, tampoco en SolUtopía las cosas son completamente idílicas. Por ejemplo, y por hablar sólo de cuestiones de pura operatividad, explican que han debido reducir el tamaño del campamento para “optimizar el ritmo de trabajo” y que se están produciendo incidentes “a nivel de infraestructuras y de convivencia”, por ello van a dejarse de dar comidas. Los comerciantes protestan, sus ventas caen en picado. De algunos de los acampados, sus compañeros critican que “parasitan el movimiento”. La espontaneidad está bien, pero en las asambleas se repite la idea de que “tenemos que crear un organigrama más claro, sin tantos grupos sueltos”. En cuanto a ideas que puedan ser articuladas y defendidas en común, la cosa aún parece más compleja, pues conviven propuestas razonables que podrían convencer a muchos, con otras de una ideología más que marcada.

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