Cuando hace dos días escribí mi post anterior, no imaginaba que la “película” de la JMJ iba a ser tan emocionante en Cuatro Vientos, donde los
Cuando hace dos días escribí mi post anterior, no imaginaba que la “película” de la JMJ iba a ser tan emocionante en Cuatro Vientos, donde los jóvenes se reunieron con Benedicto XVI para la vigilia y la misa del día siguiente. Lo primero son los actores a los que me referí, los observadores más conservadores hablan de millón y medio, y los más entusiastas de dos millones, cifras de personas desplazándose a un apartado aeródromo, y que seguro habrían hecho las delicias de un amante de las muchedumbres en las películas como fue Cecil B. DeMille, que nunca contó con tanto personal para sus trabajos, más desde luego que los figurantes del pueblo elegido saliendo de Egipto. Por otra parte, si de efectos especiales hemos de hablar, dignos de los Los diez mandamientos (1956) fueron los relámpagos, el viento y la lluvia que hicieron su aparición la noche del sábado en Cuatro Vientos, justo cuando el Papa se disponía a hablar.
Fue aquel un momento de emoción y suspense, amainaría o no la tormenta, he ahí la cuestión. El pelo alborotado del protagonista, sus “escuderos” protegiéndole con los paraguas, la gente algo nerviosa, pero aguantando el tipo, rezando, a la vez con el gozo de estar viviendo una “aventura” -así la describiría luego el Papa-, el sonido que se va... Pero tras la tempestad vino la calma. Llegó la escena cumbre de la adoración al Santísimo, con un silencio sobrecogedor. Luego la noche, los personajes disfrutan del merecido descanso tras las vicisitudes de la jornada. Y llega el premio del día siguiente, una mañana perfecta, con un calor menos sofocante que el sábado, la misa colofón, muchos jóvenes interpelados en lo más íntimo, y el anuncio de la próxima JMJ en 2013 en Río de Janeiro. Los brasileños vibran con la noticia, y llega el viaje de regreso del héroe, vuelta a Roma, y del resto de peregrinos a sus países, happy end. Ahora que cada actor de esta película siga su camino.
