El fin de semana pasado se estrenó en España, ¡por fin!, Another Year . Con un año de retraso, como honrando de un dudoso modo al título. Aunque
El fin de semana pasado se estrenó en España, ¡por fin!, Another Year. Con un año de retraso, como honrando de un dudoso modo al título. Aunque puestos a pensar en el caso de la tardanza en llegar del cine de Mike Leigh, peor es lo que le ocurrió con Topsy-Turvy, una película de 1999, con la que el cineasta británico logró 4 nominaciones a los Oscar, de los que se llevó dos, por vestuario y maquillaje. Esta notable película jamás se ha estrenado en España, ni ha tenido distribución en DVD. Tampoco me consta que ninguna televisión hispana lo haya emitido nunca.
Como debo ser de esos dos o tres pobres tipos que no se descargan películas por el morro de internet, porque piensan que tal cosa no está bien y no debería hacerse, para lograr ver este film encargué que me lo mandaran de Inglaterra. Los subtítulos en inglés para sordos me ayudaron a entender más fácilmente la película, inesperada en Leigh por ser un título de época sobre dos personajes auténticos, Arthur Sullivan y W.S. Gilbert, conocidos autores británicos de divertidas operetas musicales. Precisamente el intraducible término del título “Topsy-Turvy” alude a la idea de poner boca abajo ciertos conceptos o convenciones, que se supone que es lo que hacen estos artistas con su obra, a pesar de que uno de ellos quiere enderezar las cosas componiendo al fin una ópera seria.
A lo que voy. Peli interesante que merece la pena ser vista. Para verla honradamente, un español debe hacer el pino con las orejas, o sea, ponerse “topsy-turvy” y comprar en Amazon o tiendas similares la película en DVD. Las plataformas digitales españolas, por mucho que hablen, lo cierto es que de momento ofrecen todavía muy poco producto. A mi entender resulta absurdo que haya lugares tipo Amazon o Netflix que podrían ofrecerte títulos como el mencionado en streaming, pero no lo hacen porque sólo pueden operar en los territorios donde están establecidos. O sea, en Estados Unidos u otros. Yo querría pagar un par de dólares y ver la peli en streaming pero no me dejan, por burocracia y torpeza de los interesados, o legislación antediluviana.
En fin, lejos de mí justificar la piratería, pero tiene mandangas que los legítimos propietarios en un mundo globalizado como el actual, con las facilidades de internet, no sean capaces de ofrecer sus películas en versión original subtitulada a los principales idiomas del planeta para su consumo tras el pago de una cantidad justa, y que en cambio otros –espontáneos, interesados, románticos, sinvergüenzas, que cada uno escoja el adjetivo que prefiera o los combine adecuadamente– sí lo hagan, aunque sea chapuceramente, con calidad discutible, y no de un modo legal.
