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Blog de Hildy

Elecciones: cine y política, no tan diferentes

El próximo 20-N tenemos en España elecciones generales. A nadie le cabe la menor duda de que, con la que está cayendo en los mercados

Elecciones: cine y política, no tan diferentes

El próximo 20-N tenemos en España elecciones generales. A nadie le cabe la menor duda de que, con la que está cayendo en los mercados internacionales, la cita electoral tiene una enorme importancia, mayor de lo habitual si se me permite decirlo. Dando vueltas a la cosa, esta mañana me he puesto a tuitear algunas películas interesantes que muestran las miserias que rodean a las campañas políticas, como El candidato –con la famosa frase final de Robert Redford “Y ahora, ¿qué?”–, El disputado voto del señor Cayo, Silver City, Ciudadano Roberts...

Pero no quiero seguir aquí esa línea con más títulos, sino que me daba por pensar cómo el cine no es ajeno a la política, y cómo las campañas de promoción para que la gente vaya a ver tu película no son tan diferentes de las de los políticos para lograr el voto del electorado. Al fin y al cabo, el espectador que decide ir un fin de semana al cine debe elegir entre lo que le ofrece la cartelera... Y lo mismo pasa con el telespectador, o quien alquila o se descarga (legalmente, ¿eh?) una película, que hace una elección entre una oferta de los canales televisivos o del videoclub real o virtual de turno.

Todos recordamos a algunos hombres del cine protestando por la guerra de Irak o por el chapapote, o el clan de la ceja, y el en general estruendoso silencio de algunos estos días, sus simpatías por la izquierda no acaban de encontrar a quien apoyar. Ayer leí que Antonio Banderas, promocionando El Gato con Botas en México, pronosticaba que el Partido Popular en el gobierno retiraría las subvenciones al cine español (qué curioso que Banderas monte fiestas para recaudar fondos para la campaña de Barack Obama y no se involucre en las elecciones españolas excepto con el mentado comentario, pero en fin, él sabrá).

Las películas, al igual que los programas de los partidos, son defendidas por sus responsables, el director y los actores principalmente, obligados casi siempre por contrato a darse un garbeo por el mundo mundial, o al menos por provincias si es una peli hispana. Nos bombardean con spots, carteles, y ahora, con las redes sociales, podemos chatear con no se sabe quién, o ganar un osito de peluche si respondemos a no sé qué pregunta. Los telediarios incluyen resúmenes promocionales de los estrenos de los viernes, más publicidad encubierta. Si la peli es coproducción de una emisora televisiva, podemos aburrirnos hasta decir basta oyendo hablar de ella. Programas como “El hormiguero” se llevarán a los actores a hacer el ganso, todo vale para lograr el “voto”, que consiste en pagar la entrada en taquilla. Aunque en realidad puede haber doble voto, el primero cuesta dinero, la entrada, y el otro es la posibilidad de entrar en una web como decine21.com y dar un cero pelotero a la peli y ponerla a caldo, o al contrario, decir que es genial y concederle una matrícula de honor.

Como en política, no siempre gana la mejor película en taquilla. Aunque así como en la primera se suele conceder que estamos en democracia y el pueblo ha hablado, en cine si Torrente 4 o Amanecer (1ª parte) se erigen en campeonas de recaudación, se admite que esto no lo es todo, que pueden y seguramente son un petardo, y en cambio hay joyas que no logran ser las número uno en taquilla, y son eso, joyas para los ojos capaces de descubrirlas.

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