Como bien nos ha contado Ricardo Hochet , To the Wonder no ha gustado nada en Venecia, la última (o penúltima, pues tiene otra en
Como bien nos ha contado Ricardo Hochet, To the Wonder no ha gustado nada en Venecia, la última (o penúltima, pues tiene otra en camino, de la que daba cuenta en mi anterior post pittiano, Voyage of Time) película de Terrence Malick ha sido recibida en el Lido como si el tímido cineasta filósofo norteamericano hubiera cometido su pecado original y debiera ser expulsado “forever” del paraíso cinematográfico, no hay salvación posible para el director de El árbol de la vida. En esta ocasión el film de Malick ha ardido en las hogueras digitales de Twitter, que como ya dije al hablar de la pobre doña Cecilia y su Ecce Homo, andan siempre necesitadas de carnaza a la que echar leña para atizar el fuego. Y es que los abucheos de antaño en las proyecciones festivaleras son una broma comparado con lo que se puede hacer con 140 caracteres y gente adicta a su smartphone.
Curiosamente, todos los comentarios negativos vertidos hasta el momento no me han quitado el deseo de ver To the Wonder. Vale, no diré que han cuadriplicado mi interés en ver el film, supongo que tanta unanimidad algo querrá decir, pero tengo claro que el director de Malas Tierras, Días del cielo, La delgada línea roja, El nuevo mundo –sí, este film me gustó, aunque en su momento mucho comentarista enteradillo despotricó de él– y, por supuesto, El árbol de la vida, es un tipo interesante. Y su cine nunca ha sido fácil, así que de momento, hasta que la vea, concedo a To the Wonder el beneficio de la duda.
Además, como dijo nuestro ínclito ministro del interior, hasta el mejor escribano echa un borrón, de modo que no tengo ningún problema en ver un borrón de Malick, pues estoy seguro de que siempre será mejor que un primoroso cuaderno de caligrafía sin ninguna tachadura escrito por... no, no diré nombres, que nadie se me mosquee, please.
Y por pensar, se me ocurre también que el director, siguiendo el ejemplo de los genios que guían la economía española, tal vez haya creado con esta película un “banco Malick” donde ha reunido todos sus activos tóxicos, ideas disparatadas, pretenciosidades de corto alcance, etcétera, las ha encerrado en 112 minutos de celuloide, y se ha deshecho de todo para así prepararnos a su nueva aventura, un Voyage of Time. Quién sabe.
