¿Quién es Vick Flick? Pues alguien que debe mucho a Bond, James Bond. O al revés, sucede que 007 debe mucho a ese solo de
¿Quién es Vick Flick? Pues alguien que debe mucho a Bond, James Bond. O al revés, sucede que 007 debe mucho a ese solo de guitarra de Flick que todos asociamos de modo inmediato al agente secreto más famoso del mundo, y que siempre suena con más o menos variaciones, en todas sus películas. O incluso en los pasados juegos olímpicos de Londres, cuando la reina saltó en paracaidas asistido por Bond, para que llegara a tiempo, sana y salva, a la inauguración.
Leo en el Wall Street Journal un completo y erudito ensayo de Marc Myers, autor de "Why Jazz Happened", dedicado a explicar por qué el tema de Bond ha alcanzado tantísima popularidad a lo largo de los 50 años que cumple mañana la saga, de modo que los productores no temen repetirlo “again and again”, se puede decir que “nunca muere”, “nunca es suficiente”, lo queremos seguir escuchando.
Atentos a lo que dice Eugene Beresin, profesor de psiquiatría en Harvard: “Con la identidad masculina, existe un aspecto biológico de cómo nos vemos a nosotros mismos, y para muchos hombres, la canción libera sentimientos de invencibilidad y atractivo. Los hombres relacionan el tema con fuerza, vida adulta y virilidad. Es como el olor de un guante de béisbol de la infancia, o el aftershave de tu padre.” Atiza, nunca lo había pensado. A mí el tema me produce un cosquilleo tal vez, pero todo ese torrente de sentimientos de sentir macho, machote, y verte mayor, y tal y cual, pues no tenía ni idea.
Pero Beresin no se detiene ahí, sino que explica muy científicamente que “la música viaja al nervio auditivo” (quién lo iba a decir), “donde es evaluado por las redes cerebrales” (increíble de verdad), “que procesan nuestras emociones” (pues sí, emocionante, ya lo creo) “antes incluso de que identifiquemos lo que oímos” (uf, demasié). “En una fracción de segundo nuestro cerebro explora en sus ficheros buscando una coincidencia” (nunca lo hubiera pensado). “Si la música encierra recuerdos, es probable que experimentes de nuevo las mismas emociones que sentiste la primera vez que lo oíste” (sublime, gracias, doctor).
Por supuesto, esas emociones que evoca el tema bondiano serían en muchos casos recuerdos de la adolescencia y sus despiertas hormonas. En cualquier caso y músicas y teorías psicológicas aparte, hay verdad en lo que se dice de que la asistencia a estas películas, calificadas para mayores, a escondidas o con la aquiescencia paterna, era como un rito de ingreso en la vida adulta. Pero para el espectador actual es distinto, de eso tampoco cabe la menor duda.
Sobre el tema de Monty Norman, tocado por Vick Flick, hay que decir que John Barry fue el que pidió al guitarrista que le imprimiera “más potencia”, y que hubo una disputa en que Barry pidió parte del crédito musical, que no se le concedió.
