Hace un par de días vi El hombre de acero . Vaya por delante que me parece muy entretenida. Quizá esperaba más, sobre todo
Hace un par de días vi El hombre de acero. Vaya por delante que me parece muy entretenida. Quizá esperaba más, sobre todo teniendo a Christopher Nolan en la producción y como coautor del argumento de la película, pero vamos, es una película perfectamente disfrutable, y muy acertada en el reparto.
El motivo de estas líneas es comentar la marketingniana idea de vender la película entre el público cristiano de Estados Unidos, a la que ya nos hemos referido en un reportaje. Aunque Supermán no es Dios y no ofrece enseñanzas más allá de su propio ejemplo, es cierto que hay rasgos que permiten la comparación con Jesucristo, rasgos acentuados conscientemente en la película: nacimiento extraordinario, la vida oculta, el cumplimiento de la voluntad del Padre, el rol de salvador del mundo, la entrega voluntaria a los enemigos, la realización de prodigios. Por otro lado, dentro de los argumentos clásicos de la narrativa universal, como bien señalaron Jordi Balló y Xavier Pérez en su obra “La semilla inmortal”, se encuentran los relatos de tipo mesiánico, entre los cuales encaja a la perfección la peripecia de Kal-El/Clark Kent/Supermán.
Pero de aquí a proponer a curas y pastores de congregaciones que su homilía dominical utilice el motivo del hombre de acero para llegar al “superhéroe original” media un abismo. Resulta risible imaginar a un sacerdote decir en su sermón “cuidado con la kriptonita” o, “haced caso a vuestro padre Dios como Supermán”: mis neuronas se colapsan ante tal idea, ni siquiera soy capaz de recrearla con un catequista primerizo que explica quién es Jesús a un grupo de críos, acudiendo a Clark Kent. Poca fe y conocimiento de Jesús demostraría aquel cristiano que para hablar de quien da sentido a su vida debe acudir a un ficticio personaje de tebeo.
En realidad pienso que en Warner nadie piensa que ni el telepredicador más pringado vaya a utilizar a Supermán en su predicación al grito de “El hombre de acero nos salva, ¡aleluya!”, o así. En realidad es una tontadita más, curiosa, que logra que algunos, como el que suscribe, se hagan eco, de modo que, tal vez, crezca un poco más el número de espectadores. De todos modos estaré atento en misa este domingo, a ver si el cura nos habla de Supermán. Si sucede, tendré que escribir otro post, sin duda...
