Hace dos semanas se estrenó discretamente en cines españoles Un Dios prohibido . Digo “discretamente” porque no nos ha
Hace dos semanas se estrenó discretamente en cines españoles Un Dios prohibido. Digo “discretamente” porque no nos ha llegado a decine21.com ninguna convocatoria de prensa para visionar previamente la película, ni siquiera un comunicado promocional que anunciara, simplemente, el estreno. Aunque desde redacción intentaron comunicarse con la distribuidora, no fue posible establecer el deseado contacto. De modo que dejamos correr los días sin visionar la cinta, que en Madrid capital sólo se proyectaba en un cine.
Hasta que el pasado domingo vino la primera sorpresa, la noticia de que 10 días después de estrenarse, Un Dios prohibido había logrado colocarse en la décima posición de la taquilla española, algo notable para Un Dios prohibido y, yo añadiría, “silencioso”, del que poco se había oído hablar. Me quedó claro que debía ver la película, y el martes me dirigí al madrileño cine Palafox y aquí se produjo la segunda sorpresa: a pesar de ser la primera sesión de la tarde de un día de canícula entre semana, la sala registraba más de media entrada. Eugenio, responsable del cine, me comenta que se trata, en efecto, de la tónica habitual, las sesiones de la película están concurridísimas, se trata de un éxito incontestable, la gente quiere verla. Veo la película y, tercera sorpresa, observo que a pesar de estar realizada con medios algo precarios, el resultado es dignísimo, la historia tiene fuerza y atrapa, a pesar de que los actores y el realizador son unos desconocidos. Finalmente, cuarta sorpresa, a pesar de que la cinta transcurre en la guerra civil española, no hay revanchismos ni iras, demagogia barata o caricaturas facilonas, y sí el esfuerzo por contar con la mayor objetividad posible la emocionante historia de los mártires de Barbastro, asesinados por un irracional odio a la religión, en un contexto bélico propicio a las salvajadas, sobre todo cuando no se respeta a la persona.
Observo que, como ocurrió con La última cima, la película atrae a un público cristiano, veo entre los espectadores a algún sacerdote, y me entero de que en más de una parroquia recomiendan a los fieles su visionado. En más de una diócesis se han volcado. Me parece razonable, los espectadores con fe sabrán apreciar Un Dios prohibido. Pero pienso que todo aquel que esté dispuesto a mirar sin cerrilismo a la historia reciente de España, apreciará la dignidad de un film que busca la verdad de lo que ocurrió en la triste guerra fraticida, que no busca culpabilizar sino pintar y comprender los hechos y sus causas. Sirva de botón de muestra la inclusión de los interrogantes del obispo, que se pregunta "qué hemos hecho mal" y "por qué despertamos tanto odio" y que en cambio discretamente se sugiera -una vez más- la cruel tortura a la que se le sometió antes de su asesinato, con la mutilación de sus genitales.
Que la película esté hecha al margen de los cauces habituales de la industria del cine, que tenga un tono no ideologizado y no se mueva descaradamente con reclamos comerciales, que obtenga unos buenos resultados en taquilla, son hechos que me invitan a preguntarme si no será posible una tercera vía para el cine español. Más allá de vacas sagradas que cansan -Almodóvar y compañía-, cine que se mira al ombligo o imitaciones fallidas de fórmulas del cine americano, quizá haya espacio para captar a un público que aprecia las tramas que humanizan a los personajes y huyen de tanta banalidad hueca que puebla las salas. Cine que hace pensar, como Hannah Arendt, otra película que contra pronóstico se ha situado en el top 10 español.
