No todo el mundo puede decir que haya sido nominado al Oscar en sus dos primeras películas. El director irlandés Tomm Moore sí. Lo hizo con su debut como director, El secreto del libro de Kells, y ahora ha repetido con la maravillosa La canción del mar. Estuvimos con Moore en Madrid, con motivo del estreno de su película en los cines de España. Podemos decir que el futuro de la animación está en buenas manos.
¿Cómo se te ocurrió la historia de La canción del mar?
Todo empezó hace unos seis o siete años. Estuve con mi hijo en la costa este de Irlanda y vimos un lugar en donde había muchísimas focas muertas. Los pescadores las habían masacrado. Fue muy impactante y mi hijo quedó conmocionado. Preguntamos a la señora que nos hospedaba cuál era el motivo y nos contestó que los pescadores las estaban matando por la escasez de pescado. Y la mujer comentó que jamás hubiera ocurrido eso hace cuarenta o cincuenta años, cuando la gente creía en la historia de las selkies... Me di cuenta de que se estaba perdiendo la cultura y la tradición gaélica, a pesar de que mi hijo aprenda gaélico en el colegio y escuche esos cuentos. Y a medida que perdemos esa tradición perdemos la conexión con la naturaleza. Pensé cómo podría mantener vivas estas historias, actualizarlas, de modo que no se olvidaran como reliquias del pasado. De modo que pensé en hacer La canción del mar. Por ese motivo la trama de la película tiene lugar en el presente pero conecta con temas tradicionales de la ancestral mitología irlandesa.
¿Qué sentido tienen para usted esa identidad visual de sus películas, esas formas redondas, esos coloridos caleidoscópicos de sus dibujos?
Estaba buscando un estilo diferente a la animación de Estados Unidos o Japón, y mi intención era dar con un estilo basado en la mitología celta. Así que efectivamente, los dibujos se apoyan en las runas y motivos gaélicos. Pero se trata de una adaptación visual personal de ese mundo, probablemente otro artista lo habría hecho de otro modo.
¿Podría hablarnos de la música del film? ¿Cómo fue el proceso creativo?
En El secreto del libro de Kells, la música fue creada después de la película. En el caso de La canción del mar queríamos trabajar al alimón con el mismo equipo, de modo que fuera más enriquecedor. Así, según desarrollábamos la historia Bruno Coulais y el grupo Kila escribían a la par, incluso a veces componían antes la música y ésta nos daba ideas para desarrollar.
¿Por qué la mitología irlandesa tiene tanta fuerza y poder de evocación, tanto para adultos como para los niños?
Quizá sea porque las historias están llenas de la experiencias de la gentes a lo largo de mucho tiempo. Al ser Irlanda un país pobre todo lo que hacíamos se basaba en la música y en la tradición oral, todas esas historias han adquirido una enorme fuerza al ser transmitida de padres a hijos.
Tanto La canción del mar como El libro de Kells tratan de un chaval que descubre un mundo más allá de lo puramente material... Ambos descubren un mundo mágico...
En Irlanda este tema está muy presente. Hay lugares, digamos, “sagrados”, dedicados por ejemplo a la Virgen María, pero también se descubre allí elementos y escrituras anteriores al cristianismo que se refieren a la diosa de la fertilidad. Es como si los cultos estuvieran estratificados: primero la prehistoria, luego el paganismo, luego el cristianismo. Se forma como un paisaje especial, misterioso.
¿Sigue presente en Irlanda esa visión más allá de lo que vemos?
Cuando era pequeño me reía de mi abuela, porque creía en muchas supersticiones, hadas, etc. Con los años, sin embargo, es algo que he llegado a respetar mucho, porque para ella la tierra tenía mucho mayor significado, iba más allá de lo puramente material. Recuerdo entonces que había lugares que se respetaban de modo natural. No se pisaban porque eran como terrenos sagrados, pero con los años, la gente ha olvidado eso, y esos sitios se llenan de basura, se deterioran. Una pena, porque era muy bonito que hubiera ese respeto por las tradiciones ancestrales.
Con sus sencillos dibujos y su estilo narrativo transmite mucho lirismo. Son también características del cine de Hayao Miyazaki. ¿Le ha influido en algo este director?
Me da un poco de vergüenza que me comparen con Miyazaki. Espero que a él no le importe. Pero sí, creo que hay un toque lírico en ambos. Me encanta que su cine se pueda disfrutar tal cual es, pero además que, conforme voy aprendiendo más de la cultura shinto, pueda disfrutar todavía más de su cine y de su forma poética de narrar.
¿Cómo es el proceso creativo de una película como La canción del mar?
Es un proceso complejo porque hemos estado en total cinco estudios en coproducción y han participado unas doscientas personas en la película, entre animadores, diseñadores, compositores, etc. Primero hacíamos los storyboards, los diversos personajes y escenas y después íbamos a los diferentes estudios, con el ayudante de dirección, para trabajar con ellos allí.
¿Siempre con un guión ya escrito?
Sí. Un equipo muy pequeño trabajó primero durante dos años con el guión, el storyboard, etc. Ahí estaban involucrados el guionista y el director artístico principalmente. Luego invitamos a los principales artistas de los diferentes estudios a pasar unos meses con nosotros en Irlanda, para familiarizarse con el lugar. Hicimos viajes, sacamos fotos, bebimos whisky, jajaja, de modo que se llevarán algo de la experiencia irlandesa a sus estudios para trabajar luego en la película.
¿Ha dibujado usted algo?
Sí, pero poco. En algunas escenas.
Dos películas, dos nominaciones al Oscar... ¿sueñas con el Oscar?
Hay mucha política y mucho marketing. Es muy difícil ganarlo. El verdadero premio es la nominación, porque ésa sí que es una elección del gremio del mundo de la animación. Pero luego ganarlo o no depende de muchas otras personas, muchas de las cuales ni siquiera han visto tu película. Además sólo un extranjero ha ganado el oscar a una película de animación, y ese ha sido precisamente Hayao Miyazaki.
¿Qué proyectos tienes para el futuro?
Estoy trabajando en dos. En el primero estoy colaborando con mi socia Nora Twomey en un proyecto de animación llamado The Breadwinner. Trata de una niña en Afganistán que ha de disfrazarse de niño para poder trabajar porque su padre está en la cárcel. Y también tengo el proyecto de hacer otro film de animación que volverá a recrear una historia sobre la cultura celta, de modo que complete la trilogía, digamos, espiritual.
¿De qué tratará esa última película?
De hombres lobo. Antiguamente se pensaba que aquellos que no abrazaban el cristianismo en Irlanda sufrían la maldición de San Patricio, y cuando se dormían se convertían en lobos. Vivían por eso exiliados en la periferia de los pueblos. Y en el siglo XVII, Oliver Cromwell enviaba cazadores a Irlanda para matar a todos los lobos, de modo que así sometía a la nación: era como domar simbólicamente a los “salvajes” habitantes de Irlanda. Era, pues, una lucha entre los puritanos y los irlandeses de aquella época.
¿Rodarás algo en imagen real?
No. No estoy interesado. Además no creo que me saliera muy bien. Estoy en el mundo de la animación.
