IMG-LOGO

Autores

Pablo de Santiago

Películas

(2020) | 117 min. | Thriller
Los Monroe son una importante y multimillonaria familia estadounidense. Son matrimonio y dos hijos ya adultos, Lauren y William, que triunfan como fiscal de distrito y político con futuro prometedor, respectivamente. Pero cuando el patriarca muere de repente de un ataque al corazón, la situación familiar cambia drásticamente. Todo empieza cuando se reparte la herencia y, de modo secreto, Lauren recibe un misterioso archivo de vídeo. Siguiendo intrucciones de su padre Lauren descubrirá con estupor que éste escondía un terrible secreto: durante años ocultaba a un hombre encadenado en un búnker bajo tierra. Thriller intrigante que comienza con una premisa la mar de singular y que sin duda resulta atrayente durante los primeros minutos. Sin embargo, poco a poco el guión se queda encasquillado, le cuesta avanzar y parece haber pocas ideas de peso. Durante la mayor parte del film la cháchara entre Lauren y el hombre encadenado lo llenan todo, en un caprichoso juego para sonsacar información y comprobar la realidad de la misma. Por supuesto habrá descubrimientos inesperados y Lauren se dará cuenta de la cantidad de trapos sucios que oculta su familia, revelaciones que ella ignoraba. Pero todo eso no parece suficiente para sostener el edificio del film, que siempre resulta poco creíble –¿30 años encerrado y encadenado en condiciones infraumanas no han afectado nada a la mente del confinado?–, aunque se pretenda justificar con precarios elementos. Al menos se incluyen en La herencia algunos giros que hacen que el interés se mantenga más o menos. La dirección de Vaughn Stein (Terminal) es eficaz. Y también funciona la cosa gracias al trabajo de Lily Collins –no da el perfil de fiscal del distrito, todo hay que decirlo– y sobre todo de un Simon Pegg con un registro completamente distinto del que nos tiene acostumbrados. Por lo demás se desperdicia la presencia imponente de Connie Nielsen.
5/10
(2020) Serie TV | 147 min. | Thriller | Drama Tráiler
No es la primera vez que se aborda en la pantalla en tema de los concursos, donde hay en juego premios millonarios. Quizá la más recordada de las producciones es Slumdog Millionaire, que fue premiada con el Oscar, pero también sobresale la muy interesante por su enfoque ético Quiz Show (El dilema). En el caso de Quiz: el escándalo de ¿Quién quiere ser millonario? la trama se centra principalmente en las sospechas de trampa y el juicio posterior en torno a quien fuera el ganador del premio más cuantioso de la historia de la televisión británica. Detrás de la producción está el prestigioso Stephen Frears, un realizador al que gusta explorar historias y personajes reales. En este caso también se inspira en los hechos datados en 2001, cuando un mayor del ejército británico, Charles Ingram, fue acusado junto a dos cómplices de amañar su victoria en el célebre concurso de preguntas y respuestas. Se trata de una miniserie de tres capítulos, que debido a su duración completa –cerca de dos horas y media– se puede disfrutar en realidad como si fuera una sola película. El resultado es entretenido, pero quizá se echa en falta algo de mordiente. El cuidado guión de James Graham, James Plaskett y Bob Woffinden, narra por una parte el proceso de creación del concurso “¿Quién quiere ser millonario?” por ejecutivos de la productora Celador en 1997 y por otra presenta a la familia Ingram –matrimonio, cuñado, suegro–, unos fervorosos fans de todo tipo de juegos de preguntas y respuestas. Poco a poco presenciamos el grado de implicación que van teniendo en el concurso televisivo: primero será el cuñado quien gastará una fortuna para intentar ser candidato final, luego será su hermana Diana la que conseguirá participar y posteriormente será el marido de ésta quien acudirá a la cita. Todo eso ante el estupor de los responsables de la productora, que no saben cómo evitar que participen más miembros de la familia Ingram, auténticos yonquis de los concursos. Se muestra bien en la serie la crisis del programa y la trepidación producida por las sospechas de amaño. ¿Cómo se gestiona eso? ¿Cómo se investiga? ¿Es delito hacer trampas en un concurso? Consciente de que aún no se ha dilucidado la verdad de lo que ocurrió, Frears ofrece los indicios que llevaron a las sospechas, las investigaciones y las detenciones, a lo cual suma algunas actitudes de los concursantes que pueden resultar relevantes a la hora de hacerse idea de lo que sucedió. Sin embargo, hay que reconocer que también Frears hace alarde de oficio y amaña las imágenes manipulando a su gusto la ambigüedad de los personajes. A este enfoque ayudan las interpretaciones del convincente reparto, en donde desconcierta un poco la composición de Matthew MacFadyen pues nunca se sale de dudas acerca de si es un auténtico alelado o más listo que un zorro. Buenos papeles también los de Mark Bonnar y Michael Sheen, que encarnan al creador y al presentador del concurso respectivamente.
6/10
(2020) | 550 min. | Thriller | Drama
Tercera temporada de Ozark, la serie sobre Marty Byrde, un asesor financiero que para salvar la vida se ve obligado a blanquear dinero para la mafia, primero para unos estadounidenses, ahora para un cártel mexicano. Él y su familia –su esposa Wendy, sus hijos Charlotte y Jonah– ya están firmemente asentados en la ribera boscosa del lago Ozark, en Missouri. A duras penas consiguen salir adelante con los negocios y "obligaciones" que tienen entre manos, de las que ahora la más bollante es el casino, con la inteligente y singular Ruth Langmore al frente, como socia de Marty. Pero el FBI está tras los pasos de la familia. La cosa se pone seria en esta temporada, que viene marcada sobre todo por la llegada al hohar familiar de Ben, el hermano problemático de Wendy, hombre simpático pero con serios problemas de estabilidad y que dará más de un dolor de cabeza a la familia Byrde cuando se enteré del negocio que llevan a cabo. Otras subtramas comienzan a ponerse peliagudas, como la tensión creciente que se ejerce desde el cártel, con la "enviada" Helen, que quiere influir negativamente en la opinión de Navarro sobre los Byrde. El narco tendrá entonces sus más y sus menos con Marty, que demostrará agallas y alto coeficiente intelectual. Los problemas llegarán también en forma de enfrentamiento con la gritona Ruth, a la vez que su primo se encapricha asombrosamente con la "madrina" del opio de la zona, la psicópata Darlene Snell, que podría ser su abuela. Mientras, Marty quiere evadir las pesquisas del FBI y ganarse el favor de la agente Miller. Lo más sobresaliente de esta temporada de Ozark es la entidad que van tomando los capítulos, donde ya casi nada es ligero ni prescindible. Destaca, como en otras temporadas, la tirante relación entre los esposos, que parecen seguir juntos únicamente por los hijos, los cuales poco a poco se irán implicando más en las tramas corruptas de sus padres. Como siempre, parte del atractivo del guión es ir viendo cómo éstos consiguen salir airosos de las situaciones más peliagudas gracias a su inventiva y sus a veces arriesgadas decisiones. Y también, claro, a que van perdiendo el sentido de la moral a marchas forzadas, más visible sobre todo en Wendy. El look sigue atrapando con esos tonos azules, apagados, de crepúsculo, y con unas portentosas interpretaciones de Laura Linney y Jason Bateman, productor de la serie y director de varios capítulos de esta temporada.
7/10
(2020) | 136 min. | Comedia | Drama Tráiler
Scott tiene 24 años, pero no es un joven normal. Hiperactivo, gandul, porreta, inmaduro, parece tener claramente desajustado un tornillo. La causa es que su padre murió accidentalmente cuando él tenía siete años y desde entonces su existencia es una ruina. La desastrosa vida de Scott es tolerada por su madre y por su hermana, pero cuando ésta abandona el nido del hogar en Staten Island para marchar a la universidad, una seria crisis tendrá lugar entre madre e hijo. El productor Judd Apatow entrega una nueva película como director –no lo hacía desde cinco años atrás, con Y de repente tú– con las hechuras exteriores típicas de su cine: malhablada, grosera sexualmente y desinhibida al mostrar actitudes y comportamientos poco sanos, desnortados. Pero, como también es habitual en su cine, la historia de El rey del barrio desentraña al mismo tiempo, con tono desvergonzado, las taras del mundo actual, principalmente las carencias emocionales y la inmadurez frívola de la sociedad del confort. El tema central es la ausencia y la necesidad de la figura del padre y cómo afecta esto al desarrollo integral de los niños, un mal que por otra parte empieza a ser reiterativo en el cine. Pero, aunque incida en temas serios, la película tiene mucho más de comedia que de drama y el argumento es decididamente optimista, cosa que ayuda a que resulte digerible. Y eso pese a que el romance de la madre con el bombero riza el rizo más de la cuenta y a que incluya ciertos lugares comunes poco creíbles, como la sorprendente camaradería que se establece entre el protagonista y el equipo de bomberos al completo. Por lo demás, todo pivota sobre el protagonista. Scott es una creación original, un personaje graciosete, estrafalario, infantiloide e irresponsable, que tan pronto parece ser más o menos normal como al minuto siguiente uno juraría que está como las maracas de Machín. Desde luego el comediante Pete Davidson –coautor del guión junto con el propio Apatow y Dave Sirus– se las compone a las mil maravillas para encarnar a un protagonista excesivo, a menudo cargante y agotador para el espectador. Es una suerte que su madre esté interpretada por Marisa Tomei, que lo hace estupendamente aunque su papel esté mucho menos trabajado por los guionistas. Sorprende también la presencia de Steve Buscemi en un breve papel.
5/10
(2020) | 77 min. | Documental Tráiler
Un documental que recoge el día a día de siete personas –Silvia, Manuel, María Jesús, Julia, Emilio, Nieves, Pedro– con enfermedades mentales que conviven amigablemente haciendo talleres conjuntos en un centro de rehabilitación, actividades de teatro, coloquio, fotografía, etc. La cámara muestra los quehaceres de cada uno, pero sobre todo se centra en las personas, en sus opiniones sobre diversas cuestiones y en especial sobre sus años de infancia, sus propias experiencias y cómo son percibidos por la sociedad. Rosa Berned ofrece con Monumental un documento de alto contenido humano, que aporta una mirada muy comprensiva hacia unas personas altamente vulnerables, tantas veces tratadas injustamente, pues son presa de prejuicios y estereotipos que provocan múltiple discriminaciones. Para Berned, los protagonistas “son personas como cualquier otra, con los mismos problemas, sueños e inquietudes, que se merecen ser escuchadas y tratadas sin que seamos condescendientes con ellos porque tengan diagnosticada una enfermedad mental. Esto, ya sería poner una barrera entre los que dicen que son normales y los que no, esa condescendencia. Creo que la mayor aportación de la película, es que lanza una pregunta abierta en la que cada uno tendrá que sacar sus propias conclusiones ¿Qué es ser normal y qué no?”. Coproducido por RTVE, cinematográficamente la narración de Monumental es convencional, sólo correcta en los aspectos técnicos y tampoco hay mucha originalidad en la propia exposición, una sucesión de escenas en que hablan los personajes. Aquí lo que importa ante todo es el contenido humano, la mirada comprensiva y solidaria ante el colectivo de los enfermos mentales. En este sentido, llama la atención a naturalidad con la que todos los protagonistas cuentan su situación (aunque algunos como Silvia son más dicharacheros), cómo hablan de sus problemas en el pasado, quizá debido al deficiente trato de padres y familiares, de las incomprensiones en la infancia y juventud y de toda una ristra de sufrimientos que han tenido que superar. En general, hay una sensación en ellos de que han sido manipulados, de que su vida fue encorsetada muy pronto, siempre huérfanos de cariño y que no pudieron desarrollarse saludablemente, porque muy pronto los etiquetaron de “locos”. Algunos testimonios son terribles, en especial esos que narran el desprecio de los padres, la completa ausencia de amor e incluso el abuso que sufrieron. Y, por supuesto, cuando hablan de sus intentos de suicidio. De fondo, este documental rompe una lanza a favor del amor y el cariño para superar las dificultades, una ternura muy presente en la relación de las personas retratadas en pantalla.
5/10
(2020) | 79 min. | Drama
La noruega Ida arrastra desde su infancia el trauma de que su hermanastra Tuva estuvo a punto de morir ahogada en el muelle que hay frente a su casa, cuando era ella la que estaba al cuidado de la pequeña. Años después Tuva se ha convertido en una experta buceadora que se gana la vida bajo el agua. Las dos hermanastras viajarán a la casa familiar para visitar a su madre y, una vez allí, las dos marcharán a hacer una excusrsión para bucear en una cueva cercana. Cuando están bajo el agua, Tuva quedará atrapada a treinta metros de profundidad debido a un desprendimiento. Pequeña película nórdica, entre la aventura y el thriller angustiante, producida por Noruega y Suecia y que tiene su punto fuerte en la relación fraternal entre dos mujeres adultas que se quieren pero a las que el tiempo ha distanciado. Está bien pintada la inseguridad y vulnerabilidad de la mayor, Ida, que está sufriendo una situación delicada con su propia familia; y por contra llama la atención la frialdad racional de Tuva. Pero por encima de cualquier otra consideración estamos aquí con una historia de corta duración y de gran intensidad, en donde la desesperación por salvar a la hermana atrapada llega hasta límites de gran angustia y desesperación. Se agradece por otra parte que la cosa no se alargue absurdamente. Hay pericia en el rodaje bajo el agua y resulta de una belleza hostil y sobrecogedora el paisaje invernal en donde tiene lugar la acción, un lugar inhóspito de la gélida y deshabitada noruega, rodeado de enormes montañas nevadas. Las dos actrices principales hacen un trabajo muy correcto.
5/10
(2020) | 105 min. | Romántico | Drama Tráiler
Adaptación de la segunda novela de la saga “After” de la novelista Anna Todd, autora estadounidense que hasta el momento ha firmado cinco obras sobre los mismos personajes. Protagonistas juveniles, amores hormonales y sentimientos superficiales son la receta de estas novelas que han logrado un éxito descomunal de ventas en todo el mundo. La primera de ellas fue llevada ya al cine por Jenny Gage, bajo el título After, aquí empieza todo, y ahora le llega la hora a la segunda, After: En mil pedazos, bajo la tutela de Roger Kumble (Crueles intenciones). Los mimbres para pergeñar… ¿la trama? siguen siendo idénticos y el resultado es por tanto muy similar, bastante deficiente. El argumento sigue a los dos enamorados, Tessa (Josephine Langford) y Hardin (Hero Fiennes Tiffin), después de la ruptura en que quedaron tras la primera película. Ambos están destrozados, pero el error de Hardin es difícil de perdonar. Sin embargo, se atraen el uno al otro como imanes y volverán a verse las caras inevitablemente. Tessa ha entrado además como becaria a trabajar en una editorial, en donde conocerá al estirado Trevor. Hardin, por su parte, tiene aún pendiente superar un pasado traumático como consecuencia de la ruptura de sus padres. La película es un monumento a la superficialidad, en donde los personajes se mueven únicamente por los vaivenes sentimentales y las relaciones sexuales epidérmicas, llegadas sin ton ni son y con llamativa constancia. Y no hay más en esta historia que besos, encuentros íntimos, enfados, reconciliaciones, otros enfados, otras reconciliaciones y vuelta a empezar en un circo sin fin de situaciones donde siempre los sentimientos exacerbados tienen que dominar el cotarro. También huele bastante a culebrón el modo en que familiarizan entre sí los personajes, Tessa con Trevor, Tessa con la madre de Hardin, con el jefe Vance… Deprime bastante que esta historia sea celebrada por la juventud, porque uno se pregunta hacia dónde nos llevará el futuro con semejante punto de mira. No vale que luego, entre lametón y sesión de ducha a dúo, se citen textos de Jane Austen o Emily Brönte como si esas creaciones tuvieran algo que ver con lo que sucede en pantalla. Tal mezcolanza resulta grosera y produce un cortocircuito en cualquiera que tenga algo de materia gris.
3/10
(2020) | 81 min. | Aventuras | Animación | Comedia Tráiler
Mina es una niña lista y vivaracha que vive con su padre después de que su madre les abandonara años atrás. Ahora se va a enfrentar a una difícil situación cuando van a vivir a su casa la nueva pareja de su padre con su hija , una jovencita insoportable y mimada, siempre pendiente de su imagen en las redes sociales y de las modas del momento. La convivencia entre las niñas se hará insufrible, pero entonces Mina descubrirá que puede influir en las personas adentrándose en sus sueños. Imaginativa película de animación de producción danesa, que supone el debut en el largometraje de Kim Hagen Jensen, quien anteriormente había trabajado en el departamento artístico de películas similares, como Marco Macaco y los Piratas del Caribe o La increíble historia de la pera gigante. En este caso ofrece una trama que recuerda en algunos aspectos a la por otra parte muy superior Del revés, ya que incide también en la realidad inconsciente que ocurre en el interior del cerebro de los seres humanos. Resulta atractiva la idea de que exista un mundo paralelo en donde se fabrican los sueños. Allí cada persona cuenta con su particular escenario, como si se tratara de una enorme colección de montajes teatrales que continuamente –cada noche– van modificando sus elementos ara crear diversas ensoñaciones. Las dos familias desestructuradas que presenta la trama sirven de sustrato para crear los conflictos entre los personajes –las dos niñas–, en donde los sueños serán el medio que influya en la realidad y devuelva la optimista armonía familiar, esquiva por los traumas propios de las familias monoparentales. En el aspecto técnico los dibujos son correctos, con una acertada paleta de colores que distingue el fulgor luminoso de la vida real y los tonos apagados y morados del mundo onírico. Destaca asimismo la simpatía de los personajillos que fabrican los sueños.
5/10
(2020) | 91 min. | Drama Tráiler
Miguel es un hombre que sufre los primeros síntomas del mal de Alzheimer. Su ex esposa y su hijo, hijo de una primera mujer y del que lleva distanciado muchos años, reiniciarán su relación con él, mientras el enfermo imagina situaciones variopintas y vive la vida más o menos despreocupadamente. Debut como guionista y director del actor Miguel Molina, quien también protagoniza un producto muy personal, con pocos alicientes en su planteamiento y que nunca acaba de funcionar. Asistimos a los desvaríos del alocado protagonista en una sucesión de escenas que dan la impresión de no tener una dirección concreta, en un constante tono de comedia, con Miguel Molina en lo que parece un perpetuo estado de ebriedad, mientras su enfadado hijo va poco a poco acercándose a un padre cuya cabeza se la va por momentos. Una peculiar despedida de lo que es Un tiempo precioso, la vida misma, los días que no se deben desperdiciar. Y en esta especie de reflexión sobre el Alzheimer, hay espacio para que el director recuerde a su padre, el célebre cantaor flamenco Antonio Molina, con referencias y añoranzas varias, especialmente con un par de canciones. Rodada con escasos medios, en localizaciones anodinas, con una luz ambiental a menudo deficiente, el resultado tiene un regusto a cine amateur que no es demasiado atractivo. No se puede decir que la planificación sea tampoco especialmente llamativa, aunque incluye algunos bellos planos, sobre todo en las localizaciones ibicencas de la segunda parte, donde por otra parte sí se le saca partido a la luminosidad natural. Entre el reparto destaca la presencia de Saturnino García en un rol fantasmal que homenajea a su Justino, un asesino de la tercera edad. Por su parte, Miguel Molina, para quien el film es algo parecido a un “poema visual”, hace un meritorio esfuerzo interpretativo.
3/10
(2020) Serie TV | 240 min. | Thriller | Drama Tráiler
El matrimonio Kendrick, Kate y Tom, vive en un idílico pueblecito de Escocia y tiene tres niñas pequeñas. Son una familia conocida en la comunidad y tienen matrimonios amigos, en especial el compuesto por Jess, compañera de Kate en la escuela infantil, y Steve, policía local. Una noche se produce un incendio en la casa de los Kendrick, con toda la familia en su interior. Cuando acuden los vecinos ya es tarde y Steve sólo puede sacar con vida a Tom. La tragedia deja al pueblo en estado de shock, y aún más cuando hay claros indicios de que el incendio ha sido provocado. Serie británica de tan sólo cuatro capítulos de 45 minutos de duración cada uno, es decir con un metraje total de tres horas, lo cual aporta una crucial singularidad pues corresponde simplemente al de una película larga. Esto hace que se pueda ver de un tirón, algo favorecido por tratarse de una historia que no se distrae demasiado de la intriga policial que sigue a la tragedia. Creada y escrita por Daisy Coulam, responsable de Grantchester, los cuatro capítulos están dirigidos por la poco conocida Lynsey Miller, la cual estructura el relato en dos tiempos, de modo que a la investigación e intriga del presente se suman diversos flasbacks que aportan datos para ir conociendo más a fondo a los personajes, sus miedos, sus frustraciones, sus falsedades y maldades, pistas no siempre claras pero suficientes para poder seguir los acontecimientos con mayor intensidad y darse cuenta de que las familias no son muchas veces como parecen. Por su historia, El incendio es una serie eminentemente amarga y aunque no resulta fatalista no es lo que se dice alegre. Su concepción en este sentido recuerda a otras como Broadchurch, con la que tiene varios puntos en común, como la ambientación en una pequeña localidad de la costa, la tragedia familiar con niños de por medio, la investigación policial, un entramado de secretos insanos y, cómo no, la presencia del inquietante actor David Tennant como principal reclamo. Con estos mimbres, las responsables no conceden demasiado alivio al espectador, aunque procuran que ni la explicitud de las imágenes ni las ambigüedades de los personajes se adentren en excesivas oscuridades. Las hay, por supuesto, y algunas simples palabras pronunciadas en familia pueden poner los pelos de punta. El reparto, bastante ajustado a los cuatro o cinco personajes relevantes, todos ellos bien escritos, hace un elogiable trabajo, donde quizá se puede destacar el de Anna Madeley.
6/10
(2020) Serie TV | 260 min. | Drama
Correcta serie televisiva que reconstruye los inicios de ETA, desde que era una simple organización juvenil que lanzaba petardos en los primeros años 60 contra el régimen franquista y predicaba la lucha obrera hasta que cruzó la línea y se convirtió en una execrable organización terrorista que con el paso de los años llegó a asesinar a casi 900 personas hasta su definitiva disolución en 2018. La línea invisible cuenta hechos reales y los principales personajes son verídicos, aunque la narración haya sido en parte ficcionada para desarrollar un hilo coherente. Creada por Abel García Roure, cuya escasa trayectoria hasta el momento pasa por haber dirigido el estimable documental Una cierta verdad, la serie presenta a unos pocos personajes de clase media, jóvenes idealistas universitarios que sienten la necesidad de combatir a Franco. Destacan de entre ellos los dos hermanos Etxebarrieta, José Antonio y sobre todo Txabi, éste brillante estudiante de cuarto de carrera y que pronto tendrá las ideas muy claras acerca de lo que quiere que sea la organización. En el lado opuesto se situará el comisario Melitón Manzanas, implacable perseguidor de cualquier elemento subversivo contra el régimen y que pronto estará en el punto de mira de ETA.  Es un lugar común decir que ETA nació en un seminario y aquí eso se corrobora con creces, aunque más bien cabría decir en una casa parroquial (de Getaria, para más datos), auspiciada por parte del clero. Es creíble por otra parte el bosquejo que se hace de los personajes jovenzuelos claramente exaltables y manipulables, quizá no especialmente inteligentes pero altamente influidos por las ideas políticas y revolucionarias del momento. Por eso, más allá de luchas sociales e injusticias contra la clase obrera, fue la simplona apelación al sentimiento de la identidad vasca el detonante suficiente para llegar a la barbarie. La serie está producida por Movistar+ y consta de seis capítulos dirigidos todos ellos por Mariano Barroso (Todas las mujeres). El director catalán logra una convincente reconstrucción de época, donde se ha puesto especial cuidado en el vestuario, y, aunque en ciertos momentos quizá se nota la escasez del presupuesto, los contados efectos especiales no cantan demasiado. Entre el reparto destaca sin duda un verosímil Àlex Monner como Txabi Etxebarrieta, el cual está acompañado de secundarios de renombre como Antonio de la Torre (Melitón Manzanas), Asier Etxeandia (llamado “el inglés”, en clara referencia a Julen Madariaga), Anna Castillo (en el papel de la etarra Txiki) o Patricia López Araniz como la amante del policía.
6/10
(2020) Serie TV | 300 min. | Policiaco | Thriller Tráiler
Tras una operación coordinada de la unidad antiterrorista de la policía española en varias ciudades –Melilla, Tánger, Toulouse– se captura por casualidad al sirio Al Garheeb, uno de los terroristas más buscados del mundo. Enseguida surge la sospecha de que se está preparando un gran atentado, porque, si no, ¿qué hacía Al Garheeb sin escolta en una casa de Melilla? Las sospechas crecen cuando un terrorista suicida se inmola en Toulouse. Bajo la dirección de la comisaria Carla Torres en Madrid se desplegarán entonces varios efectivos en diferentes lugares, pero principalmente en Gerona, a donde se cree que ha podido entrar la célula terrorista que ha operado en Francia; y en Melilla, en donde Al Garheeb quizá haya contactado con uno de sus socios. Ejemplo de que una producción española puede estar a la altura de las mejores series internacionales. Creada por Dani de la Torre y Alberto Marini (ambos habían ya colaborado en El desconocido), sin lugar a dudas La unidad es una de las mejores series españolas que se recuerdan, asentada en un ritmo inmejorable y en una historia potente sobre el terrorismo yihadista de implicaciones globales. Hay que aplaudir la producción de Movistar+ en colaboración con Vaca TV, pues han sabido darse cuenta de que el mejor activo con el que cuentan es el espectador, y por tanto no hay que tratarle como si fuera lelo. En consecuencia, más allá del notable aparato técnico, la calidad de La unidad se debe sobre todo a que los responsables han primado el guión sobre el espectáculo, la seriedad frente a la ligereza de los planteamientos o la frivolidad al mostrarlos, y la verosimilitud frente al artificio. Y felizmente tales preferencias son compatibles con un thriller policiaco trepidante cuyos seis capítulos se engullen en un santiamén. Dani de la Torre presenta pronto los diferentes escenarios en donde se va a jugar la partida, localizaciones que se irán incrementando a lo largo la historia: Madrid, Melilla, Figueras, Vigo y otras ciudades extranjeras como Lagos, en Nigeria. Tal despliegue visual sirve también para ir mostrando a los diferentes personajes de uno y otro bando y para seguir los diferentes hilos en acciones paralelas: los policías Miriam, Myaz, Sergio, Nawja, y Roberto o los terroristas Kader, Al Garheeb, Hamid y Tarek. Especial tratamiento merecen la comisaria Carla Torres y Marcos, miembro destacado del equipo y además su marido, con quien tiene una hija. El matrimonio atraviesa una crisis que afectará de modo especial a Carla, la cual sufre además un serio problema personal. El reparto hace una labor coral extraordinaria aunque pueden destacarse entre todos a una inteligente Marian Álvarez, al vehemente Luis Zahera y a un vulnerable y creíble Raúl Fernández de Pablo. Aunque sin duda el mayor peso recae sobre la sobresaliente Nathalie Poza, que aporta una enorme humanidad a su límite personaje, y sobre el argentino Michel Noher, algo menos empático pero igualmente eficaz. Destaca en la serie el modo de mostrar la implicación laboral y personal de la policía y cómo afectan los fracasos, algo que no es habitual ver en las producciones policiacas, tan llenas de muertos. Resulta llamativa la responsabilidad que sienten ante cualquier persona que pueda resultar herida, ante las posibles represalias ajenas debidas a un error personal. Y el guión –en donde también ha intervenido Amèlia Mora– toca asimismo de refilón pero con contundencia la difícil connivencia de la policía con los cargos políticos, las cartas que hay que manejar e incluso la decisión de ceder la propia integridad si se quiere llegar hasta las últimas consecuencias. Nada es gratis, la cuestión es valorar lo que está en juego y qué se está dispuesto a dejar en el camino.
8/10
(2020) | 90 min. | Documental Tráiler
Prosigue el director Joaquín Gutiérrez Acha con su retrato panorámico de la naturaleza española. Si en sus anteriores trabajos, Guadalquivir y Cantábrico, puso el ojo en el curso y las riberas del río andaluz y en las montañas cántabras, refugio de una fauna y flora variadísima, ahora se detiene ante otro de los paisajes más característicos de la geografía española, el que ocupa las dos terceras partes de su arbolado. Dehesa, el bosque del lince ibérico muestra al espectador una visión sin igual de ese territorio típico, el de los espacios abiertos de las tierras bajas, ricas en pasto y matorral, con arboledas dispersas de encinas y alcornoques. El resultado es un documental extraordinario. La belleza de las imágenes iguala o supera el de los trabajos de las creaciones internacionales más prestigiosas, hablo de la BBC o de National Geographic. Coproducido por Wanda films y RTVE, Dehesa, el bosque del lince ibérico es de una altura visual pocas veces igualada en España, lo que denota detrás un arduo trabajo de paciencia y observación, de selección y montaje de miles de horas de grabación. Desde luego Gutiérrez Acha demuestra ser un miniaturista de la naturaleza, mima cada plano y procura un gran equilibrio de temáticas y animales. Es más, resulta también de mucho agrado que el guión de Claudia Clemente y del propio director aplauda la simbiosis entre la acción del hombre y de la naturaleza silvestre, dos modos de vida que pueden convivir benéficamente. Se alerta por supuesto de los peligros que acechan al ecosistema de la dehesa, pero sin extremismos ni maniqueos alarmismos políticamente correctos. Probablemente lo más regocijante y llamativo del documental es darse cuenta de la riqueza natural que ofrece un paisaje a priori tan familiar, campos y parajes que quizá hemos hollado muchas veces sin percatarnos de lo que allí sucede. Pero para eso está la cámara de Gutierrez Acha, que, al tiempo que refleja momentos bellísimos pero quizá más esperados –la comida de los buitres, la caza de las águilas, la berrea otoñal, el acecho de un lince a un conejo, del meloncillo a una ratón–, ofrece también imágenes absolutamente asombrosas, que dejan epatado al espectador, como las que recogen al martín pescador cayendo empicado hacia su presa submarina y su posterior emersión, o las de la rana saltando hacia su presa posada sobre un junco. El uso de la cámara superlenta es sencillamente perfecto. Por supuesto, Gutierrez Acha posa la mirada tanto en animales de gran tamaño –mamíferos, aves– como también en pequeños insectos o arácnidos. Y precisamente resultan éstos los protagonistas de las imágenes más crueles e impactantes (la caníbal mantis religiosa, la caza de la araña cangrejo o el ataque del escorpión son espeluznantes). Para redondear las escenas, funciona a la perfección la música de Victoria de la Vega y también es de agradecer la estupenda dicción y claridad de la narración en off efectuada por Elsa Pinillos.
7/10
(2020) | 106 min. | Romántico | Drama Tráiler
En el curso de la elaboración de un artículo para The New Republic, el periodista Michael Block viaja a Louisiana y se topa con las fotografías de Christina Eames, artista que desempeñó una exitosa carrera en Nueva York. En la Gran Manzana intentará contactar con la fotógrafa, pero ésta ha fallecido y entonces se reunirá con su hija, Mae, conservadora de un museo de Queens. El encuentro entre Robert y Mae es eléctrico, hay atracción a las primeras de cambio y quedarán para verse de nuevo. Película romántica que gustará a los incondicionales del género y dejará un tanto fríos a los espectadores más cerebrales. Está escrita y dirigida por Stella Meghie, cuya querencia por este género se puede comprobar por el título de otra de sus películas, El amor lo es todo, todo. Aquí explora los obstáculos que se interponen al amor perdurable, las dificultades para mantener unidas a dos personas que se quieren. Es el eterno dilema de hasta dónde se está dispuesto a renunciar por amor: ¿es necesario relevar a segundo término otras prioridades personales, como el trabajo, el cambio de residencia o esa sutil decisión de evitar el dolor ajeno, entendido siempre desde nuestro punto de vista? Es Retrato de un amor una película sencilla de planteamientos, simple quizá, melosa a su modo, que explora el amor en esos ámbitos, narrada en dos tiempos distintos, dos generaciones de personas afroamericanas con dilemas similares. Tiene obviamente su carga sentimental y nostálgica, el dolor por los errores que ya no se pueden cambiar; aunque también advierte que sobre esas equivocaciones puede construirse otro futuro mejor, una historia de decisiones acertadas. En tiempos en donde la promiscuidad es la alternativa de tantos jóvenes, Meghie propone apostar por el amor conservado como la única salida hacia la felicidad. Ejemplar en este sentido es el dibujo de la familia del hermano de Michael, y aunque en la inicial relación entre los protagonistas no destaca precisamente la hondura, sus actitudes resultan siempre auténticas, unas miradas y unas complicidades que denotan a la perfección la increíble y casi mágica conexión que se ha producido entre ellos. Ayuda a asumir con naturalidad el romántico guión la cuidada fotografía de Mark Schwartzbard y la música casi constante de tonalidades sureñas y jazzísticas de Robert Glasper. Y hay que reconocer que la excelente dirección de actores logra insuflar personalidad propia tanto al personaje interpretado por Lakeith Stanfield, como al de su enamorada, encarnada por una esplendorosa Issa Rae.
5/10
(2020) | 101 min. | Drama Tráiler
El drama del aborto sin aditamentos. Nunca, casi nunca, a veces, siempre es una desolación, sin dulcificaciones de ningún tipo, ni de uno ni de otro lado. Sólo una historia sobre el acto probablemente más inhumano que puede cometer una persona. En torno a un embarazo no deseado puede haber multitud de circunstancias que lo hacen aún más difícil –juventud, abandono familiar, causas…–, sí, pero el hecho del aborto siempre es unívoco: la muerte provocada de un ser humano en el seno materno. Esto es lo que narra la directora Eliza Hittman en Nunca, casi nunca, a veces, siempre. Nos adentra en la inmensa tribulación de Autumn Callahan, una chica de 17 años que se queda embarazada. Sumida en un ambiente ingrato dentro de la pequeña comunidad de Pennsylvania donde vive, con una áspera e incluso desagradable relación con sus padres, tan sólo cuenta con el cariño de su prima Skylar. Desde el principio Autumn decide que no va a tener el bebé y rechaza cualquier otra alternativa. Pero como en su estado necesita la autorización de sus padres para someterse a un aborto, ella y Skylar escapan a Nueva York para llevarlo a cabo. Hittman, responsable de dos episodios de Por trece razones y de otras películas en donde los sufrimientos derivados del amor son el tema principal, se adentra sin miramientos en uno de los temas más peliagudos que hay y lo hace con seriedad, evitando la ligereza. En el polo opuesto de la positiva Unplanned, la directora evita enjuiciar a su protagonista pero tampoco frivoliza con la decisión y el proceso del aborto (esas miradas durante la ecografía), aunque eso no lo haga más humano, por mucho que se muestre traumático y haya comprensión, acompañamiento. De hecho, quizá quiere acercarse tanto al realismo objetivo que su narración, sin dejar de desprender veracidad, tiene también algo frío, seco, desangelado. Apenas sabemos nada de la protagonista, sólo su penosa situación: parece haber perdido el norte, su mirada ausente y su laconismo constante hablan de una inmensa tristeza en el alma, de un profundo y negro agujero. Estamos ante una película eminentemente triste, muy dura por el tema que trata, aunque se evitan las imágenes descarnadas. Con un marcado look de aire independiente Nunca, casi nunca, a veces, siempre transmite innegable fuerza, acrecentada por los numerosos primeros planos de las actrices, dentro de un ambiente urbano hosco, desapacible. Dentro del horror de la situación, se lleva la palma la escena en que toman sentido las palabras del título, términos que hacen referencia a un formulario que Autumn ha de rellenar antes de la intervención y que da al espectador las únicas pistas de su hondo dolor, una muesca cinematográfica más sobre la vulnerabilidad de la juventud actual y especialmente de las mujeres. La actriz debutante Sidney Flanigan brilla sobremanera en ese momento, aunque está extraordinaria durante todo el metraje, muy bien acompañada por Talia Ryder en el papel de su prima.
6/10
(2020) | 92 min. | Thriller Tráiler
Dani es un joven que trabaja en una agencia de viajes en Barcelona. Es un tipo bueno y servicial, que ha cuidado durante años de su padre enfermo, pero también se nota que es un poco paradete y a veces demasiado panoli de tan bondadoso. Cuando su padre muere, su hermana le anima insistentemente para que cumpla un antiguo sueño: dar la vuelta al mundo en avión. Él no lo ve claro, duda, aunque finalmente parece decidirse. Pero, entonces, esa misma noche se le acerca una joven en apuros que le pide ayuda. Y después de pagarle él la cena, se deja convencer para acompañarla a su casa. Potente y sórdido thriller del barcelonés David Victori, que confirma su buen hacer tras El pacto. Demuestra el director potencia narrativa y buen manejo del tiempo, aquí pieza clave de un relato acelerado que tiene lugar principalmente durante una sola noche. No matarás responde a la clásica película de chico bueno y formal que estaba donde no debía estar y se ve envuelto en una verdadera pesadilla, tan desquiciante que casi irá conformando en él una nueva personalidad. Acierta el director y coguionista, en colaboración con Jordi Vallejo y Clara Viola, al dibujar con esmero el tranquilo y pasmado carácter del protagonista, pieza clave para hacer creíble la insospechada peripecia límite en que se ve envuelto. Con una ambientación nocturna y turbia, la intensidad y agobio de la trama va “in crescendo” durante el metraje, en donde la cámara en movimiento acabará siguiendo al protagonista con nerviosismo realista durante las horas más ajetreadas de su vida, con una remarcada banda sonora que aporta una estresante atmósfera de fondo. Por supuesto, la violencia, a veces mostrada con bastante claridad, hará acto de presencia y también en el plano sexual Victori se muestra muy explícito y grosero, en la línea de la oscuridad que desprende toda su película. Mario Casas hace un loable papel como protagonista, creíble en su evolución si se asume la premisa inocente que da comienzo a su tenebrosa aventura. Además se le entiende bien al vocalizar, una asignatura que tenía pendiente el actor coruñés. Y le acompaña con solidez Elisabeth Larena en el papel de su hermana.
5/10
(2020) | 119 min. | Comedia | Musical Tráiler
1972. María llega a España procedente de Italia tras un desengaño amoroso. Ya en la capital será acogida en la casa de Amparo, una amiga con quien disfruta imitando los bailes que ven en un conocido programa televisivo. En realidad María sueña con llegar a ser bailarina profesional y la ocasión le llegará cuando contacte casualmente con un joven ejecutivo de la televisión, del cual se enamorará. Claramente a rebufo de los éxitos de Mamma mia y su secuela llega este Explota Explota, una película de producción española dirigida por el debutante Nacho Álvarez. Estamos ante una comedia musical que cae bien: su planteamiento y su tono ligero resultan agradables pese a sus limitaciones argumentales y la acumulación de unos tópicos algo chuscos que pueden gustar más o menos. La idea es contar la típica historia de una jovencita soñadora que desea triunfar como bailarina en la televisión y entremezclar sus cuitas, también amorosas, con una variada muestra de canciones de los 70, más exactamente de la diva italiana Raffaella Carrà, que lógicamente no superan en calidad a las de ABBA en la película de Phyllida Lloyd pero que sí resultan en su mayoría lo suficientemente conocidas y estimulantes. Con una puesta en escena colorida para lo que se acostumbra a pintar esos años en el cine español, con aires kitsch pero sin dejar de lado el toque de época, la historia gira en torno a una relación amorosa de corte romántico, con su parte de enredo, y al mundo laboral televisivo, en donde tienen peso específico las exigencias de la censura franquista en los programas de entretenimiento, que entonces empezaban a deslizarse hacia usos más frívolos y desinhibidos. Este planteamiento da lugar una serie de tópicos entre los que destaca el retrato del censor interpretado por el gran Pedro Casablanc, una caricatura extravagante por mucho que se refiera a una figura que existía en la realidad. También, claro, se incluyen, referencias religiosas, el personaje gay de turno o el típico director –comedido y eficaz Fernando Tejero– que requiere favores para promocionar a sus chicas. Pero esas limitaciones, hay que decirlo, no hacen demasiada mella en el conjunto porque el propio director no se las toma muy en serio y prefiere centrarse en el elemento divertido, musical y romántico, de corte optimista. Así los personajes se arrancan a cantar a las primeras de cambio y las escenas pasan al mundo de la irrealidad con gran encanto. La música y los arreglos son cosa del prestigioso Roque Baños y aunque las coreografías no son para tirar cohetes, sí resultan siempre correctas y agradables. Es un acierto, por lo demás, el casting, que echa mano dos actrices estupendas, tremendamente empáticas: la emocional y graciosa Ingrid García Jonsson y la risueña y vitalista Verónica Echegui, una secundaria rebosante de chispa. Y en el lado masculino también hace un buen trabajo el más desconocido Fernando Guallar.
6/10
(2020) | 95 min. | Comedia Tráiler
Uno de los pacientes del psiquiatra Romain es un hombre que vive en otro mundo. Sostiene que su nombre en clave es El León y que en realidad es una agente secreto especializado en el rescate de rehenes. Un día León avisa al doctor de que su mujer va a ser secuestrada y cuando esto ocurre, el médico decide jugarse el todo por el todo: ayudará a escapar a su paciente del psiquiátrico para que le ayude a encontrar a su mujer. Comedia francesa servida por el gracioso humorista Dany Boon (Bienvenidos al norte), esta vez acompañado de un compañero de cuitas a la altura, Philippe Katerine. La historia de Una misión de locos trae a la memoria ideas felices que ya vimos en películas de un género muy distinto, como Conspiración, en especial la del paranoico que ve espías y asuntos turbios por todas partes y que resultan ser ciertos. Aquí el loco es el más cuerdo y será El León el que será capaz de sacar las castañas del fuego a su “enemigo” el psiquiatra. Dirigida por Ludovic Colbeau-Justin, estamos ante una película menor, aunque agradable, con algunos gags con especial gracia. Sin embargo, el interés inicial se va diluyendo poco a poco y la calidad va de más a menos, pese a que se ve con una continua sonrisa en los labios. Se ha querido dotar a las aventuras de un excesivo tono cómico, hasta el punto de resultar fantasioso en distintas escenas, peleas, caídas, golpes, disparos, puñaladas, etc. Todo es muy leve, simplón y poco elaborado. Esto resta lógicamente cualquier interés real por los acontecimientos, y por supuesto el espectador sabe que desembocarán en un final feliz. Toda la película se asienta sobre el carisma de Dany Boon y Philippe Katerine, para bien y para mal.
4/10
(2020) | 97 min. | Drama Tráiler
Delicada incursión en el mundo de la infancia a cargo de la guionista y directora Pilar Palomero (1980), que debuta en el largometraje con maestría. Elige esa difícil etapa, en los estertores de la niñez, previa al paso a la adolescencia, cuando las preguntas, las dudas y la reafirmación de la propia personalidad comienzan a salir a la luz y pugnan por encontrar su propia voz. La directora zaragozana presenta un universo femenino cercano y cotidiano a través de los ojos de su protagonista, Celia, una chica de once años y de pocas palabras, observadora y dulce, que estudia en un colegio de monjas y vive sola con su madre. Sin grandes alardes presenciamos el día a día de la pequeña, sus amistades en el colegio, especialmente con la chica nueva llegada de Barcelona; la educación religiosa que recibe por parte de las monjas; las primeras experiencias y rebeldías, como montar en moto, pintarse los labios, hablar de cosas de mayores, la curiosidad sexual, escuchar música estridente, beber alcohol, bailar en un local. Están maravillosamente mostrados numerosos instantes de la vida difíciles de definir, como esas miradas, esas medias sonrisas que lo dicen todo, las vergüenzas que asoman a la superficie, palabras a media voz, silencios. Y es el momento también de los asaltos de la curiosidad, de preguntarse si Dios existe o no, de indagar en la historia de sus padres, en la existencia de una familia ausente a la que no conoce, instantes también de enfrentamiento con los adultos, de desconcierto. Pueden apreciarse a su vez algunos detalles hoscos de una visión más bien sesgada de la educación religiosa, aunque Palomero no desprende demasiada acritud. Como se ve, pocas cosas de relieve acontecen en Las niñas, aunque por otro lado todo lo que sucede tiene una inmensa carga de realidad, la potencia de un retrato verosímil de un tiempo crítico de la vida de las niñas, de todas las niñas. Palomero narra con un oficio que se diría de años, con una sensibilidad grande y una aguda mirada hacia el detalle. La atmósfera parece salida directamente de los años 90, tan cercanos y tan lejanos ya, pero sin que exista un afán por destacar el aire retro de modo artificial. Todo el reparto es femenino y además de una correcta Natalia de Molina, destaca sobremanera la jovencita Andrea Fandos en el papel de Celia, la absoluta protagonista. Entrega un trabajo asombroso.
6/10
(2020) | 95 min. | Comedia Tráiler
José Miguel Salcedo, conocido como Makey, es un policía municipal que sueña con entrar en acción y formar parte de las más peligrosas operaciones. Su dedicación obsesiva al trabajo le costó su matrimonio y lleva muchos años distanciado de su hija. Tras una metedura de pata monumental, Makey será relevado de su puesto en Carabanchel y entonces decidirá trasladarse a Estepona, con la esperanza de recuperar el cariño de su hija. Simpática comedia española dirigida por Alfonso Sánchez, conocido sobre todo por ser uno de los compadres de las películas El mundo es nuestro y El mundo es suyo, que poco a poco se está labrando una estimable carrera delante y detrás de las cámaras. El director sevillano cuenta aquí para lograr el éxito con la inconmensurable ayuda de Leo Harlem en el papel protagonista, todo un seguro de vida, la verdad. Lo cierto es que es complicado tambalearse con tal pareja de humoristas y el resultado es bastante gracioso y ocurrente, una colección de gags y diálogos despiporrantes –lo del “hijo de Putin” es impagable– al tiempo la trama policiaca se va definiendo con bastante soltura y ritmo. Y se trata de humor para toda la familia, lo que se agradece. La historia, que tiene lugar en Estepona, combina bien el reencuentro familiar con las aventuras de Makey, que se verá implicado en asuntos de la mafia rusa. Lógicamente todo es ligero e irreal, tan tontorrón que no tiene ni entidad de tebeo –genial la huida de la cárcel–, pero qué más da: la cuestión aquí es pasar un rato divertido. No es cuestión de elegir entre los cientos de diálogos o gags concretos pero sí se puede destacar la originalidad de las referencias a clásicos ochenteros de acción, como Jungla de cristal o Arma letal, que harán la delicia de los frikis. Hay además una fenomenal elección de casting, que reúne a gente con una vis cómica fuera de toda duda, como Jordi Sánchez, Sílvia Abril o Mariam Hernández.
6/10

Biografías

Elsie Fisher

17 años

Es joven, muy joven. Pero la carrera de Elsie Fisher puede llegar lejos. No todos los días una adolescente es nominada a los Globos de Oro. Así que ojito con esta rubia californiana.

Leer Más

Lucy Boynton

26 años

El mundo de Lucy Boynton ha dado un giro tras su trabajo en la película Sing Street, de John Carney. Sin duda esta actriz de expresivos ojos azules y sonrisa inteligente es uno de los grandes descubrimientos de ese nostálgico film musical del director irlandés.

Leer Más

Mariam Bachir

31 años

Ha dado el campanazo con su papel de Amina en El Niño. El futuro se promete muy halagüeño para ella, aunque su vida no ha sido nada fácil.

Leer Más

Lady Gaga

34 años

Extravagante, provocadora, original, Lady Gaga es la mayor diva del pop de nuestro tiempo. En pocos años se convirtió en la artista más relevante e influyente en el mundo de la música y sus canciones se hicieron célebres en todo el mundo. Y ahora ha triunfado en el séptimo arte.

Leer Más

Adam Driver

36 años

Es uno de los grandes actores de la actualidad. Aparentemente especializado en películas modestas, consigue con su presencia que éstas adquieran entidad, aunque a menudo él actúe como secundario. Hasta le ha tomado la medida al universo Star Wars.

Leer Más

Ridley Scott

82 años

El productor David Puttnam fue quien le ofreció dirigir su primera película: Los duelistas. “Era evidente —dice Puttnam— que tenía un inmenso talento. Mi suerte fue que nadie antes de mí había pensado en él. Esperaba que un primer productor le diera su oportunidad”.

Leer Más

Lone Scherfig

61 años

Es una de las mujeres de mayor peso en el cine de Dinamarca, y una de las pocas que ha logrado el éxito internacional de crítica y público.

Leer Más

Carol Reed

69 años

No es de los más grandes, pero el director Carol Reed fue ninguneado injustamente durante muchos años, pues nadie le reconocía como el creador de una de las películas más memorable del cine.

Leer Más

Billy Wilder

95 años

Unas enormes gafas, asentadas sobre un rostro menudo, ovalado y vivaracho, escondieron durante decenas de años una de las miradas más inteligentes y sibilinas que se han escondido detrás de una cámara de cine. El desaparecido Billy Wilder (1906-2002) fue uno de los grandes, sin duda el último socio del club de los Ford, Welles, Hawks, Rossellini, Hitchcock..., aquéllos que hicieron del cine el arte por excelencia del siglo XX.

Leer Más

Atom Egoyan

60 años

Algunas pocas películas han bastado para hacer de él un director de prestigio. Su especialidad, dramas tan hondos y dolientes que dejan tras de sí un poso de tristeza.

Leer Más

Michael Bay

55 años

Todo lo que toca lo convierte en éxito comercial, lo que no tiene por qué ser lo mismo que buena calidad. Forjado en el mundo de la publicidad, Michael Bay da al público exactamente lo que pide.

Leer Más

Yoji Yamada

89 años

Poco conocido en occidente, este director y guionista japonés ha alcanzado gran notoriedad gracias a su "Trilogía del samurái", de un humanismo que recuerda a los grandes cineastas clásicos, desde John Ford hasta su compatriota Akira Kurosawa.

Leer Más

Montxo Armendáriz

71 años

No es un director muy prolífico, pero se toma muy en serio esto del cine. Desde su primer largometraje se convirtió en uno de los cineastas más prestigiosos de nuestro país.

Leer Más

Michael Mann

77 años

Director, guionista, productor y operador de cámara... Michael Mann es un cineasta total que tiene una especialidad: mantener al público pegado a su asiento.

Leer Más

Philip Kaufman

83 años

Cineasta con una filmografía breve, pero que, tanto como guionista como director, ha dejado huella en unas cuantas películas.

Leer Más

Jean Becker

87 años

Con menos de una veintena de películas en su filmografía, el veterano Jean Becker es uno de los directores franceses más reconocidos.

Leer Más

Jean-Pierre Jeunet

67 años

Desde su primera película se convirtió en uno de los más aclamados directores franceses debido a su estilo absolutamente personal, apoyado en una gran imaginación, un recargado diseño de producción y un tratamiento fotográfico asombroso.

Leer Más

Andrew Niccol

56 años

Guionista y director, Niccol ha realizado algunos de los filmes más originales de ciencia ficción. Lo suyo no es la acción, sino las ideas y los peligros derivados del avance del mundo moderno.

Leer Más

Johnnie To

65 años

Es uno de los cineastas orientales más destacados del mundo. Sus historias se caracterizan por la violencia soterrada, la fascinación por la imagen y el peculiar uso del tiempo narrativo.

Leer Más

Fernando Trueba

65 años

Se cuentan con los dedos de una mano los directores españoles que han ganado un Oscar. Uno de ellos es Fernando Trueba: crítico, guionista, director, productor, presidente de la Academia... Lo que se dice un hombre de cine.

Leer Más

Artículos