La guerra es una experiencia que deja huella. Más en la gente joven, que absorbe todo como si fueran una esponja, y que en pleno proceso de maduración, determinados sucesos más o menos traumáticos perduran para siempre. "Secretos de guerra" es una película que incide en esta interesante idea, al describir la amistad de dos chicos y una chica en un pueblecito holandés, durante la Segunda Guerra Mundial.
La guionista Karin van Holst Pellekaan explica el reto que suponía la adaptación del libro de Jacques Vriens a la pantalla. “Secretos de guerra es diferente a cualquier otra película sobre la Segunda Guerra Mundial porque se desarrolló en el Sur de Limburgo y por su posición geográfica, la interacción con los alemanes era muy común, eran prácticamente vecinos, se puede decir que en muchos casos se consideraban familia y la gente en esa zona no llegaba a distinguir quiénes eran los buenos y quiénes los malos. Esto me dio la oportunidad de pensar en escribir algo con ‘tonos grises’. Los buenos y los malos no eran ‘blanco o negro’ en este caso. La región de Limburgo es importante en esta película así como la función que cumplieron las cuevas que se convirtieron en refugio de muchísimas personas que trataban de llegar a Bélgica.”
Además, sigue, “decidimos contar la historia de la llegada de una joven y atractiva chica a la ciudad que resulta ser judía. Comienza la pubertad y los dos grandes amigos comienzan a sentir celos y desconfianza mutua. La realidad de Maartje no ha sido ocultada en la película. Todos sabemos que millones de judíos fueron deportados. Eso habría sido con bastante probabilidad lo que le habría sucedido en la vida real a Maartje, y la muestro aunque sea una película para niños. Yo me tomo en serio a los niños y su inteligencia”.
De que los niños merecen todo el respeto de parte de los responsables del film dan prueba los comentarios del director, Dennis Bots: “Tenía muchísimas ganas de comenzar a rodar. Lo que encontré interesante de Secretos de guerra estriba en cómo han crecido los niños en tiempos de guerra. Al principio todo es simplemente un gran juego para ellos, la cruda realidad de la guerra es algo que rodea su día a día. Eso es lo que más me gustó de la escena en la que Tuur contempla los aviones planeando, él está viendo la guerra pero no se siente directamente implicado, aunque esa misma imagen es un presagio de algo que está por suceder.”
