Entrevistas
El cineasta realiza su película más personal
Kenneth Branagh: "Belfast es una película ficticia sobre mi infancia"
En 1989 Kenneth Branagh deslumbró al mundo con su versión de “Enrique V” de William Shakespeare, que dirigió y protagonizó. Tres décadas después entrega “Belfast”, una cinta íntima en blanco y negro producida a través de su compañía TKBC, y en la que ha puesto todo su corazón. Nos cuenta cómo ha sido la aventura de esta película largamente anhelada.
No parece exagerado decir que Belfast es la película más personal de Kenneth Branagh hasta la fecha. ¿Por qué ahora?
Belfast es una ciudad de historias y, a finales de los sesenta, atravesó un periodo increíblemente tumultuoso de historia; fueron tiempos muy dramáticos, en ocasiones violentos, en los que mi familia y yo nos vimos envueltos. Me ha llevado cincuenta años dar con el modo correcto de escribir acerca de ello, de encontrar el tono que quería. Puede llevar mucho tiempo entender lo sencillas que pueden ser las cosas, y dar con esa perspectiva, años después, brinda un maravilloso punto de vista.
Al comienzo de la película, experimentamos un mundo en transición, que parte de ser una comunidad idílica, cordial y donde reina la armonía, y que sufre un verdadero vuelco con la llegada de una multitud que pasa por todo aquello como un enjambre de abejas y pone fin a la paz reinante. Cuando se marchan, las calles quedan literalmente desgarradas por gente que ahora siente que tiene que protegerse de otros ataques, y eso es exactamente lo que yo recuerdo. Recuerdo todo cambiando en una tarde, casi a cámara lenta, sin entender lo que estaba oyendo, y luego girarme a mirar la muchedumbre que llenaba las calles y que nada volviera a ser nunca jamás lo mismo. Sentía que había algo dramático y universal en ese evento, porque es posible que la gente pueda identificar un punto de cambio en sus propias vidas, aunque no siempre se vea precipitado por acontecimientos externos.
¿Es cierto que escribió el guión durante la pandemia del Covid-19?
A medida que esta historia se apoderaba de mí, me di cuenta de que no iba solo de una pequeña familia muy reconocible en una situación de estrés, afrontando grandes elecciones vitales. También era sobre otro tipo de confinamiento, dentro de las barricadas al final de nuestra calle, en 1969, y dentro de las limitaciones que estaban oprimiendo a la familia mientras lidiaba con la decisión de si quedarse o irse de Belfast. Por eso, algunas de las circunstancias en las que se enmarca la historia se reflejan en las preocupaciones actuales en torno a la pandemia y recuerdan a ellas: confinamiento y preocupación por la seguridad propia y la de tu familia.
Tratamos de encontrar los aspectos positivos de rodar durante una pandemia, y uno de ellos era que se generó un ambiente familiar muy rápidamente que resultó fundamental para conseguir el resultado deseado, todo gracias a que el reparto tenía que vivir en una burbuja. Los dos muchachos, Jude Hill (Buddy) y Lewis McAskie (Will), se hicieron prácticamente hermanos muy rápidamente y conectaron mucho con el personaje de Moira, interpretado por Lara McDonnell.
¿En qué medida la película es autobiográfica? Parece ser que le inspiró en parte Dolor y gloria de Pedro Almodóvar...
Él lo llama autoficción. Es una película basada en su propia vida, pero convertida en ficción hasta cierto punto, y eso es lo que he hecho yo aquí. La he escrito en gran medida a través de los ojos de un muchacho, Buddy, que es una versión ficticia de mí. Está empezando a filtrar sus experiencias a través de su exposición a muchas películas y programas televisivos, y gran cantidad de encuentros e historias que imagina. Esas imágenes de la gran pantalla tuvieron un enorme impacto en el desarrollo de mi imaginación, y quería mostrar que Buddy tiene esas mismas experiencias. Adora los westerns, y Belfast, desde luego, tiene algo de ciudad del Oeste, así que, en ocasiones, sentía como si estuviera escribiendo un western que Buddy va creándose en su mente. La película de la que está siendo espectador tiene un claro sentido de buenos contra malos, bien contra mal, y a eso es a lo que se aferra cuando observa al tipo malvado que vive al final de la calle, a quien ha visto dar puñetazos a la gente y que puede que hasta tenga un arma.
Pero, claro, no es una versión fiel de la vida de nadie, porque solo es la versión que se está reproduciendo en la cabeza de Buddy. A través de la lente del tiempo, 50 años después, no cabe duda de que lo que Buddy ve no es precisamente lo que yo vi, aunque ciertamente hay una verdad poética que emerge, que nace de algo auténtico y que, creo, es la esencia de la mayor parte de los dramas. Pero el punto de partida en todo momento, para todo en la película, es la imaginación de un muchacho de nueve años.
Espero que el público disfrute con la historia de Buddy. Belfast emana un cierto espíritu y vitalidad que espero que se vean reflejados en la película, junto con un humor decididamente vitalista. Espero que la gente sienta la alegría y, en ocasiones, el desconsuelo de la ciudad y de lo que le ocurre a la familia, y que puedan reconocerla y simpatizar con ella para entender, mirando los reflejos de otras vidas, con el fin de sentir que no estamos solos. Si eso es lo que la gente saca de la película, me emocionaría mucho.
¿Podría señalarnos algún aspecto de la película que claramente esté tomado de lo que vivió durante su infancia en Belfast?
Una vez planeé robar algunas chucherías de una tienda, pero salí corriendo a la primera señal de peligro sin coger ninguna. Fue un desastre, y, como muestro en la película, recibí la visita del agente de Policía local, que me sacó para siempre de una vida de infructuosa criminalidad. Mi madre me dejó muy claro lo que pensaba de mi comportamiento y no volvió a suceder.
Para hacer una película sobre la infancia, con un niño que está en casi todos los planos, hace falta acertar con el actor que lo interpreta. ¿Cómo dio con Jude Hill?
Siempre me ha resultado fascinante ver a grandes intérpretes de tan corta edad presentando ese momento en la vida en el que tienes que dejar de lado todo lo infantil. Sucede en la película de John Boorman Esperanza y gloria, en la que los bombardeos del Blitz sirven de telón de fondo para una infancia acelerada. La actuación de Christian Bale en la película de Spielberg El imperio del sol es impresionante. Adiós, muchachos, de Louis Malle, resulta impactante por el modo en que sus protagonistas te rompen el corazón. Y se nota que cualquiera de esas películas es increíblemente personal e importante para su director. Eran historias que necesitaban contar, y todas ellas han tenido una enorme influencia en esta.
En Jude Hill, dimos con un muchacho cuyo talento estaba listo para explosionar, pero que aún disfrutaba mucho de su vida como un crío normal y corriente. Jugar al fútbol era tan importante para él como hacer la película, y eso era justo lo que buscábamos. Al mismo tiempo, se mostraba muy serio acerca del trabajo, muy preparado y muy abierto. Yo pedía una curiosa combinación; quería que fuese él mismo, sin más, pero también que fuera capaz de implementar los pequeños ajustes interpretativos que le iba pidiendo. Y la verdad es que hizo una labor excelente. Es extraordinariamente abierto y despliega un talento natural delante de las cámaras que hace que, en ocasiones, cueste creer que sea su primera película.
En realidad todo el reparto es muy acertado, también los actores adultos...
Caitriona Balfe, que interpreta a la madre de Buddy, es de Irlanda, pero creció cerca de la frontera y entiende muy bien la jerga de la zona y la extensa vida familiar irlandesa. Jamie Dornan, que interpreta al padre, nació de verdad en Belfast, a las afueras justo de la ciudad. Ciarán Hinds, que hace del abuelo de Buddy, se crió a menos de dos kilómetros de donde yo vivía en Belfast. Judi Dench tiene sangre irlandesa; su madre era de Dublín, y, en todo caso, es una actriz de pura cepa que investiga meticulosamente y que es capaz de hacer lo que sea. Este grupo de actores, además, me ha conquistado con la energía proactiva que ha demostrado, una capacidad de extroversión que posibilitó que todos se convirtieran en una auténtica familia muy rápidamente.
La pandemia fue una de las razones por las que hubo que recrear en un set la calle donde vive la familia de Buddy. ¿Está contento del trabajo de Jim Clay?
Supuso que pudimos crear exactamente lo que yo quería y tener sitio para rodar desde cualquier ángulo. En particular, significó que pude filmar la calle exactamente como el Buddy de nueve años la vería, con todas las cosas que le llamarían la atención. Así que pudimos crear una especie de tensión entre la idea de que vives en un lugar real, crudo y absolutamente específico, pero que, para un crío de nueve años, se puede convertir en todo lo que él quiera: castillos, pueblos del Oeste y montañas por donde caminan dinosaurios. Podía reflejar que la imaginación de un niño de nueve años no tiene límites.
¿Por qué decidió rodar en blanco y negro?
Crecí viendo tanto películas en color como en blanco y negro, pero existía lo que más tarde llamé el “blanco y negro de Hollywood”, una especie de blanco y negro aterciopelado, sedoso y satinado con el que todo el mundo parecía más glamuroso. Eso era lo que quería porque un chico de nueve años puede ver a sus padres como tremendamente glamurosos, y también porque permitía que todo pareciera más impresionante. Cuando vemos fotoperiodismo en blanco y negro, de autores como Cartier-Bresson, percibimos una autenticidad extra, aunque en realidad esa no sea la forma en la que vemos el mundo. Es una curiosa paradoja que obtengas un efecto más realista y crudo a partir de un tratamiento poético. Así que quise que ese “blanco y negro de Hollywood” formara parte de la mitología de esta historia, que hiciera que incluso los entornos más prosaicos resultaran glamurosos o épicos.
Y luego está la música de Van Morrison...
Cuando yo tenía la edad de Buddy en la película, Van Morrison ya era una leyenda de Belfast. Su voz, esa combinación única de folk, soul, country, jazz y rock, con esa agudeza suya, acababa de conquistar el mundo. Habíamos tenido al gran Ruby Murray, cuya música aparece brevemente en la película, pero Van fue un pionero, y su música ha alcanzado el estatus de atemporal, clásica. Me encantó que se describiera como un “chico de la calle”, alguien que escribe de lo que vive en la calle, porque encaja perfectamente con las vidas que vemos en Belfast, que se desarrollan en las calles. Su música habla de lugares de la ciudad como la avenida Cyprus, o de personajes locales como Madame George. Así que su ciudad natal ya estaba en su repertorio, y poder contar con su música en una película titulada Belfast, que trata sobre otra persona nacida en esas mismas calles y cómo estas forjan su carácter..., parecía una unión mágica, un auténtico regalo para la película.
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