Es de los grandes actores del cine europeo en la actualidad. Pertenece a una generación del cine italiano que surgió en los 80, y que sin renunciar a la herencia de las películas clásicas que se han rodado en su país, inició una completa transformación. Forjado en el teatro, ha trabajado a las órdenes de cineastas tan reputados como Marco Ferreri, Giuseppe Tornatore, Ettore Scola o Jacques Rivette. Además es actor televisivo y ha alcanzado el éxito como cineasta. Le van al pelo los ciudadanos corrientes, pero con alguna virtud excepcional, y todos sus personajes tienen a la vista, o quizás un poco más escondido, un corazón de oro. Por eso sorprende verle interpretar al ambicioso tío del príncipe Caspian, en la segunda entrega de Las crónicas de Narnia.
Su filmografía es muy amplia. ¿Qué le atrajo de El Príncipe Caspian?
Sí, he hecho muchas películas, pero ésta es la primera vez que hago de malo, así que fue una experiencia nueva y encontré de lo más interesante evitar el estereotipo de malo de película que tenía en mente. Admiro mucho a Andrew Adamson, el director, porque fue muy minucioso en lo que a la relación psicológica entre los personajes se refiere. Al tratarse de una película de acción, mi actuación tenía que ser tanto atlética como psicológica, y esto también era algo nuevo para mí.
Tengo dos hijos pequeños y ellos conocían muy bien la historia de El león, la bruja y el armario, les gustaba mucho, así que cuando les dije que yo iba a salir en El Príncipe Caspian les hizo mucha ilusión.
Era importante que yo entendiera el significado psicológico de la obra, y todo lo que teníamos que decir. También tuvimos que estudiar acentos porque Andrew Adamson quería un acento mediterráneo homogéneo para todos los telmarinos, una mezcla de español, italiano, griego, magrebí y francés. A mí me resultó bastante fácil. Me fascinaba el hecho de que hubiera gente de tantas nacionalidades en el plató. Había italianos, españoles, mexicanos, franceses, ingleses, estadounidenses y demás. Era una especie de mezcla entre un campamento de gitanos y la Torre de Babel.
¿Trabajar con Andrew Adamson fue diferente a trabajar con un director italiano?
Creo que un buen director es un buen director cualquiera que sea su nacionalidad. Para mí es un honor que Andrew me eligiera para este papel y me diera esta oportunidad. Es un hombre de mucho talento a nivel personal y como director. Espero trabajar con más directores como él en el futuro.
Muchos actores que hacen el papel de malo dicen que es importante no juzgar a sus personajes e intentar entender sus motivos. ¿Es así como ha interpretado al rey Miraz?
Sí, sin duda. ¡A veces me sentía más como el abogado del rey Miraz! Es verdad que era un asesino que mató a su hermano, como el príncipe Claudio en “Hamlet”, la obra de Shakespeare. Pero también quería a su familia y pensaba que tenía el derecho a ser rey y a dejar el reino a su hijo. Él era además un soldado, un buen soldado, no un cobarde y al final acepta luchar e intenta ganar. Hace lo que cree que es correcto.
