Aún permanece en la retina de los cinéfilos la imagen de aquella modelo destrozada por culpa de un fatídico accidente de coche. Gracias a "Amores perros", Goya Toledo (Arrecife, Lanzarote, 1968) se consagró como una actriz a tener en cuenta, y continúa criando buena fama sin echarse a dormir, pues estrenó en poco tiempo tres títulos interesantes: "La caja 507", "Nudos" y "Palabras encadenadas".
¿Por fin te han dejado de considerar una modelo metida a actriz?
Siempre me ha resultado muy curioso que me pusieran constantemente la coletilla de modelo. Cada vez que me hacen una entrevista como ésta, me preguntan por mi carrera en las pasarelas. No me molesta, porque es cierto que lo hice, para pagarme los estudios de interpretación, hace catorce años. Sin embargo, en todo momento me he considerado una intérprete, no una modelo, y creo que tiene más peso mi carrera de actriz, porque es más difícil, y le he dedicado mucho más tiempo.
Es curioso que una actriz española se consagre con una película mexicana.
Sí, aunque eso no me preocupa, pues rodé Amores perros porque me interesaba muchísimo la película, sin tener en cuenta si era mexicana, española, o checoslovaca. Está claro que ha sido la película clave para mí, porque aumentó la cantidad de proyectos que me mandan. Hay mucho más movimiento. De todas formas, le debo muchísimo a todo lo que hago, porque mis proyectos están interrelacionados. Tras rodar Mararía, el guionista de Amores perros me vio en una entrega de premios, y en una revista de cine, en la que me entrevistaban precisamente por esa película.
¿La fama te ha traído ventajas o inconvenientes?
Nunca me ha importado la fama. Me importa ser conocida en el círculo donde trabajo, para tener prestigio, pero nada más. De hecho, nunca interpretaría un papel si no me interesara la película. Si no tengo nada que decir, no lo haría.
¿Cómo entraste en el proyecto de Palabras encadenadas?
Me llamó Julio Fernández, el director de Filmax, que estaba muy ilusionado de que yo hiciera esta película, y a la directora, Laura Maña, también le gustaba la idea. Cuando me mandó el guión, aluciné con la historia. Me pareció muy difícil el personaje, pero me lo tomé como un reto. Luego funcionó todo de forma muy fluida.
¿Qué más atractivos tenía esta película para una actriz?
Sobre todo trabajar con un primer espada como es Darío Grandinetti. Impresiona mucho verle trabajar, porque se convierte en el personaje continuamente, al menos mientras está rodando. Tiene una capacidad de transformarse increíble.
He leído que la directora, Laura Maña, más conocida en su faceta de actriz, estaba embarazada durante el rodaje. ¿Afectó esto a su trabajo?
Pues era muy graciosa, porque a pesar de que ya estaba de seis meses, cuando comenzamos, nos interpretaba ella las escenas, a pesar de que ya tenía tripa. Menuda vitalidad que tiene. Es una ventaja que sea actriz, porque se pone siempre en nuestro lugar. La sentíamos muy cerca de nosotros, los actores, porque ella puede ponerse en nuestro lugar, y sabe lo que nos resulta más difícil. Se preocupaba mucho por nosotros.
¿La principal dificultad era reflejar la ambiguedad de tu misterioso personaje?
Lo duro es reflejar personajes que tienen partes buenas y partes malas. Por otro lado, eso es lo que engancha en esta historia historia. Los cuatro personajes son muy complejos, porque no se sabe quién está diciendo la verdad, nunca. A mitad de la película, hay un giro radical, y algún personaje pasa de la inocencia de la víctima a querer dominar.
¿Llegaste a ver la obra de teatro en la que está basada, que fue interpretada por Carlos Sobera y Elisa Matilla?
Cada actor tiene su estilo, su manera de enfrentar los personajes. Yo no quiero comparaciones con otros compañeros, ni creo que ellos quieran comparaciones conmigo. Cada uno tiene su sistema. Podría haberla visto, pero no quise, porque habría afectado mi trabajo, y cada uno tiene que tener su propuesta. Para no confundirme, quise hacerlo como la directora y yo creíamos que debía ser, sin influencias exteriores.
¿Puede frenar al público el estilo teatral de la película?
Cuando hago una película no quiero tener ningún miedo a la respuesta del público. Cada momento que tengo en el rodaje, lo dedico a concentrar mis energías en contar la historia.Ojalá luego le guste al público, pero procuramos que esto no nos afecte. Sino, te preocupas por algo que todavía no ha sucedido. Lo mejor es concentrarse en lo que está en nuestras manos, hacer nuestro trabajo lo mejor posible. Además, tampoco hay una fórmula para saber lo que va a gustar. Hay muchas fórmulas que se cree que son comerciales, pero luego no funcionan.
¿El tema central es la dificultad de conservar el amor a lo largo del tiempo?
Exactamente, aunque se debe tener en cuenta que los dos protagonistas son personajes extremos, muy complejos, en una situación límite. No se pueden comparar con personas normales. Además, tienen algún que otro problema de psicopatía.
¿Te muestras más optimista que los personajes acerca del matrimonio?
Nunca se sabe, aunque lo importante es tener la ilusión de encontrar al amor de tu vida, que es el primer caso para que las cosas ocurran. Si lo tienes en la cabeza, lo siguiente será el hecho.
Aunque están realizadas con mucho estilo, algunas secuencias sugieren una gran violencia, ¿fueron complicadas de rodar?
Es difícil porque es violencia, y aunque sea mentira y se trate de una película, al final utilizas un poco ese sentimiento para afrontarlo. Algunos momentos en la cinta son duros, y lo vivimos así. Parecía que lo estábamos viviendo, sobre todo cuando el personaje de Darío Grandinetti me empuja sobre la mesa. Ese día fue horroroso. Nos dimos cuenta del horror de pensar que te puedan clavar un cuchillo en el cuello.
Tu anterior trabajo, La caja 507, también era un thriller. ¿tienes un interés personal en ese género?
Sólo puedo decir que esos dos que me han llegado, me han gustado, y por eso los hice. Siempre se dice el tópico de que ese género lo hacen mejor los americanos. También tenemos derecho a hacer lo que queramos, también. No porque ellos tengan más experiencia vamos a dejar de hacerlo. Todo tiene un comienzo. Ellos también empezarían algún día. Además, creo que lo hemos hecho muy bien. Urbizu le dio su propio estilo a La caja 507. Hay otros títulos por ahí, como Equis, con Resines. Los americanos también hacen cine intimista, y a veces muy bueno.
Tus personajes son siempre mujeres que a pesar de su belleza, no consiguen ser felices.
Es una gran verdad, porque la gente tiende a pensar que si eres guapo, estás determinado a ser feliz. No nos podemos quedar sólo así. Sé que en la vida te pasan cosas indistintamente de tu físico. No te hace la vida más difícil, ni más fácil. Es una cuestión de carácter. Además, como ponía de manifiesto mi historia de Amores perros, el físico sólo dura una parte de tu vida.
Nunca hemos visto a Goya Toledo en una comedia.
Me encantaría. La única explicación es que no me ha llegado ningún guión de comedia, pero por mí no habría ningún problema. Incluso diría que me lo iba a pasar muy bien. Además, me permitiría probar un género nuevo, porque hasta ahora he intentado hacer cosas muy distintas.
¿Qué piensa hacer en el futuro?
Tengo muchos proyectos personales. No me puedo quedar estancada. Siempre hay que seguir el camino hacia delante, y eso yo lo tengo muy claro. Sigo intentando, sobre todo, seguir haciendo buenas películas, y que no se me suba el éxito a la cabeza. Lo importante es dedicarme al cien por cien a lo mío, pero eso sucedería en cualquier otro trabajo. La vida se acaba cuando morimos, pero hasta entonces pienso seguir igual.
