Nadine Labaki, actriz, guionista y directora, no cierra los ojos a la dura realidad de Oriente Medio, pero con una ingenuidad que reivindica sin complejos, piensa que la mejor forma de resolver conflictos es desarmarlos mostrando lo absurdos y ridículos que son. Hablo con ella de ¿Y ahora adónde vamos?, su segundo film tras Caramel, donde afianza su talento para la fábula sobre cuestiones actuales.
¿Podía hablarme del entorno familiar, cultural, religioso, en que creció en el Líbano?
Bueno, yo soy cristiana libanesa, me crié allí y recibí una educación cristiana.
Ha comentado que en ¿Y ahora adónde vamos? aborda un tipo de historia universal, sobre las diferencias entre dos bandos. Pero está claro que tal historia se concreta en un conflicto entre cristianos y musulmanes. Usted pertenece a un país donde tradicionalmente había una convivencia pacífica...
Sí, ya lo creo. La película está inspirada en hechos reales. En Líbano se produjo una colisión entre dos facciones, cristiana y musulmana, que desconfiaban entre sí, y aquello estuvo a punto de degenerar en una nueva guerra civil, tras vivir unos años de paz. Sólo duró unas semanas, pero fuimos testigos de hechos sangrientos. Y personas que habían vivido juntos en el mismo barrio, en el mismo edificio, sin problemas, en unas pocas horas se convertían en enemigos.
Yo, personalmente, me encontraba cohibida dentro de mi propia casa, y tenía miedo de salir a la calle, ello en cuestión de horas, una inseguridad tremenda. Y bien pensado era ridículo, absurdo, que personas bien avenidas durante tanto tiempo, en cuestión de horas sean contrarios irreconciliables. Ése fue el punto de partida, unos hechos reales para imaginar una historia.
Esas diferencias se abordan precisamente con un enfoque humorístico, entiendo que para subrayar tal ridículo. ¿Hasta qué punto se ha sentido libre para hacer broma sobre cuestiones que podían ofender a unos y otros?
Está claro que era un tema delicado, especialmente en lo relativo a la religión. Pero yo he nacido y vivido en una región donde he debido aprender a autocensurarme, lo que ha llegado a convertirse en parte de mi personalidad, el encontrar la forma de decir las cosas, de proponer algo y llegar a decir algo, de encontrar la manera de decirlo. Y ello con la idea de evitar cualquier reacción violenta o negativa. Es necesario para crear, y mi idea era poner distancia, subrayando lo absurdo de la situación descrita, a través del humor, que para mí se convierte en algo necesario. El humor sirve para hacer las cosas aceptables a algunos espectadores.
Se nota claramente esa necesidad de amoldarse y acudir a la autocensura, y debo felicitarla por saber ajustarse a esas circunstancias.
(se ríe)
Pero nunca llueve a gusto de todos. Me gustaría saber si ha sentido miedo en algún momento ante la posibilidad de que alguien no entendiera lo que pretendía, y que estuviera corriendo riesgos por reacciones negativas de los fanáticos.
Por supuesto. He tenido inquietud, eso está ahí. Cuando se habla de religión, las reacciones pueden ser violentas. Pero mi impresión es que personas que entran a ver la película con ciertos prejuicios porque les van a hablar de religión, en algún momento cambias su punto de vista, entienden la intención con que he hecho la película. Mi experiencia personal es que los espectadores entienden.
¿Y ahora adónde vamos?, al igual que Caramel, es un película dirigida por una mujer, los personajes principales son mujeres, y esas mujeres demuestran mayor fuerza y personalidad que los varones. ¿Cómo se acoge algo así en países donde claramente dominan los hombres?
Creo que lo que reflejo es el deseo común de todos de terminar con la guerra, algo anhelado por las mujeres, pero también por los hombres. He exagerado un poco para dar un punto de vista. Y ridiculizo las razones por las que se recurre a la guerra y la violencia. Porque todos presienten que eso es así y que hay llegar a soluciones, para poder lleva una vida normal.
Hablo de mujeres porque soy mujer, soy madre, y quiero que mi hijo crezca en una sociedad normal, sin conflictos permanentes, en que se está al borde de la lucha en cualquier momento, donde se pueda vivir. Esa mujer que grita en el café harta soy yo, Nadine. Quiero que acabemos con el luto, con las luchas. Este tipo de intención sincera la puede compartir cualquiera, hombre o mujer.
¿Piensa que una película tiene el poder de ayudar a cambiar las ideas dominantes de una sociedad? Su film invita a ponerse en el lugar del otro para resolver las diferencias, pero esa pregunta que da título al film, ¿y ahora adónde vamos?, expresa dudas...
Aunque pueda sonar ingenuo por mi parte, pienso de verdad que el cine es el medio no violento más eficaz para ayudar a cambiar las cosas en una sociedad. Sí, puede sonar ingenuo, pero como mujer quiero pensar eso, tengo ese coraje y esas ganas de creer. Porque yo no soy una política profesional, sino que hago política ingenua e inocente con mis películas a mi manera, un poco con la misma ingenuidad de los niños. Y tal vez puedo ayudar a lograr un cambio en las actitudes. Mucha gente me dice, y me alegra, que en su vida se ha producido un cierto cambio en por ejemplo en la forma en que miran a las mujeres que llevan velo. Un ejemplo en mi vida personal es la de mi ahijada musulmana, que se ha bautizado ahora por deseo de sus padres, que quieren darle el beneficio de las dos culturas. Este tipo de acciones ayuda a reflexionar a las personas sobre ciertas cosas y me conmueve.
