Robert Carradine ha fallecido a los 71 años. Según ha confirmado su familia, el intérprete se quitó la vida tras una larga lucha contra el trastorno bipolar, enfermedad contra la que batalló durante casi dos décadas. En un comunicado remitido a medios estadounidenses, sus allegados han querido subrayar que “no hay vergüenza” en hablar de enfermedad mental y han pedido respeto y privacidad para afrontar la pérdida. Su hermano mayor, el también actor Keith Carradine, destacó que Robert fue “un alma hermosa, profundamente dotada”, y que desean que su historia sirva para combatir el estigma que aún rodea a los trastornos mentales. “Es una enfermedad que acabó superándole, pero queremos celebrar su lucha y su luz”, señaló.
Nacido el 24 de marzo de 1954, Robert era el hijo menor del veterano actor John Carradine y hermano de David Carradine, Keith Carradine y Christopher Carradine. Creció, por tanto, en el seno de una de las dinastías más singulares de Hollywood. Debutó en el cine en 1972 junto a John Wayne en Los cowboys, después de que su hermano David le animara a presentarse al casting con el argumento definitivo: “No tienes nada que perder”. Aquella frase marcó el inicio de una carrera que pronto tomaría vuelo propio.
En 1973 participó en Malas calles, dirigida por Martin Scorsese, y poco después trabajó a las órdenes de Hal Ashby en El regreso, film ganador del Oscar protagonizado por Jane Fonda y Jon Voight. Su interpretación fue tan celebrada que algunos críticos llegaron a insinuar que podía ser el actor más sólido del clan Carradine.
El año 1980 resultó especialmente significativo: presentó en el Festival de Cannes Uno rojo, división de choque, de Samuel Fuller, y Forajidos de leyenda, de Walter Hill, donde compartió pantalla con sus hermanos interpretando a los Younger, mientras otros hermanos reales daban vida a los James, los Miller o los Ford. Pero el gran éxito popular llegaría en 1984 con La revancha de los novatos, comedia generacional en la que encarnó a Lewis Skolnick, líder de los “empollones”. La película se convirtió en título de culto y en una franquicia emblemática de los años ochenta.
Décadas después conquistó a un nuevo público televisivo como el padre de la protagonista en la serie Lizzie McGuire, demostrando una versatilidad que le permitió transitar del cine de autor al entretenimiento familiar sin perder autenticidad.
Aunque nunca recibió formación musical académica, Carradine fue un apasionado de la guitarra y actuó en numerosas ocasiones junto a sus hermanos. También compartió escenario con el folkie Ramblin' Jack Elliott y con su amigo Peter Yarrow. A finales de los ochenta formó el grupo The Waybacks junto a Mare Winningham. Otra de sus grandes pasiones fue el automovilismo. Compitió a nivel profesional y llegó a formar parte del equipo Lotus junto a Paul Newman, combinando así sus dos vocaciones: la artística y la velocidad. En el plano personal, fue padre de la actriz Ever Carradine y de otros dos hijos, además de abuelo dedicado y presencia habitual en partidos infantiles y exhibiciones ecuestres. Su sobrina, la actriz Martha Plimpton, lo definía como “el tío favorito de todos”.
