In memoriam
Adiós a Maria Schneider
Ha fallecido con 58 años, debido a un cáncer, la actriz Maria Schneider, que ha quedado en el imaginario cinéfilo asociada a la mantequilla sobre su piel de la en su día escandalosa El último tango en París. Curiosamente Schneider, con el paso del tiempo, expresó su arrepentimiento por participar en ese film.
Nació en París, y murió en París. Maria Schneider vio la luz un 27 de marzo de 1952. Hija de la modelo Marie-Christine Schneider, su padre, el actor Daniel Gelin, nunca la reconoció, la actriz señalaba que sólo le había visto tres veces en su vida. Su primera aparición en pantalla ocurrió en Vidas truncadas (1969), una película de Terence Young donde ni siquiera aparecía acreditada. Antes había hecho teatro desde los 15 años, y eso que no tenía ningún tipo de formación específica en el campo de la interpretación. Eso sí, tenían un algo especial sus bucles castaños, los ojos del mismo color, y un buen tipo.
En Madly (1971) coincidió con Alain Delon, pero decir que se codeó con el mítico actor sería excesivo, pues de nuevo su papel era muy pequeño. Lo mismo cabe decir de otros títulos franceses como La solterona (1972). Sin embargo su nombre iba a dar mucho que hablar ese mismo año, cuando fue seleccionada para trabajar con Marlon Brando, a las órdenes de Bernardo Bertolucci, en El último tango en París. El alto contenido sexual de la cinta levantó una auténtica polvareda de comentarios, y el nombre de la actriz quedó ligado para siempre con ese tipo de cine altamente erótico; la propia actriz se sumergió en un oscuro pozo de escándalos sexuales y adicciones típicas de esos años. Aún trabajaría con Michelangelo Antonioni tres años después en El reportero (1975), junto a Jack Nicholson.
Con el pasar de los años y cierta madurez, se replantearía su vida, a la que dio un giro notable. Schneider fue muy explícita al hablar de que la experiencia “tanguera” no había sido tan satisfactoria como algunos parecían creer: “Era inexperta. Quería hacerme famosa. La ocasión de trabajar junto a Marlon Brando era un sueño hecho realidad. Era un mito para mí. Y no me lo pensé dos veces. Pero esa escena que para bien o para mal, tantos me reprochan ahora, no estaba prevista. La inventó Brando con la complicidad tácita del director Bernardo Bertolucci. A quien desde entonces no he querido volver a ver.” La actriz fue rotunda al explicar que “al volver a casa tras rodarla me sentía humillada como mujer e instrumentalizada como actriz. Veía que había tocado fondo en mi propia dignidad, pero no imaginaba que tendría tal eco mundial. ¡Vaya éxito! Era como un verdadero y adecuado castigo.”
Si Schneider quedó descontenta con Bertolucci y Brando, sí trabaría una gran amistad con otro director italiano, Franco Zeffirelli, que la dirigió en Jane Eyre (1996). Y le estaba muy agradecido porque “Me hizo redescubrir la religión. Franco es católico practicante, muy devoto de la Virgen. Con él comencé a rezar. Y al fin pude mirarme al espejo sin sentirme un pedazo de basura.”
Su carrera, algo errática, la desarrolló la actriz con directores franceses e italianos. Algunos tan conocidos como René Clément –La Baby Sitter (1975)–, Daniel Duval –Toda una mujer (1979), que le dio una nominación al César–, Jacques Rivette –Merry-Go-Round (1981)–, Luigi Comencini –Cercasi Gesù (1982)–, Marco Bellocchio –La condena (1991)–, Cyril Collard –Las noches salvajes (1992)–... En Violanta (1979) coincidió con Lucia Bosé y Gérard Depardieu. Otro complicado compañero de reparto fue Klaus Kinski, enHaine (1980). La última película de Scheider, La clienta, data de 2008.
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