Lindsay Lohan vuelve a tener problemas con la justicia después de que la policía la detuviera por posesión de cocaína y conducción en estado de embriaguez. Todo ha sucedido dos semanas después de que abandonara un centro de rehabilitación.
Lindsay Lohan consigue cada día ser más famosa de lo que era, gracias a sus problemas con el alcohol, las drogas y los coches. El pasado martes la actriz fue detenida en Santa Mónica (California), dos semanas después de haber terminado el segundo tratamiento de rehabilitación al que se enfrentaba. Fue acusada de conducir bajo los efectos del alcohol y de posesión de cocaína. La actriz ha mandado un e-mail al programa Access Hollywood en el que afirma: “Soy inocente... la droga no era mía”. Este hecho se une a los problemas que arrastra desde enero, cuando estuvo ingresada un mes en una clínica de rehabilitación cercana a Los Ángeles. Por aquellos días la actriz aún no tenía 21 años -que acaba de cumplir-, la edad mínima establecida por el gobierno de Estados Unidos para consumir alcohol. Tras la salida de este centro Lohan continuó con su azarosa vida nocturna, que le volvió a pasar factura en mayo. Tuvo un accidente de coche en Beverly Hills porque conducía bajo los efectos del alcohol y las drogas. Tan sólo un día después, la joven fue fotografiada en estado semiinconsciente cuando abandonaba una fiesta. Así que a finales de mayo ingresó en el centro de rehabilitación Promises de Malibú. Allí ha estado seis semanas, en las que todo parecía ir sobre ruedas. La madre de la actriz declaró a la revista People que su hija estaba “fenomenal” desde que había ingresado en la clínica.
Las cosas parecían ir bien para Lindsay, que abandonó la clínica el 13 de julio. Poco después de su salida fue fotografiada en una fiesta en Las Vegas, aunque en ese momento la actriz sólo tomaba una bebida energética. Según su representante, “Lindsay lleva por decisión propia una tobillera que controla los niveles de alcohol para mantener la sobriedad adquirida en el centro de desintoxicación”. Parecía que la protagonista de Devuélveme mi suerte había comenzado con buen pie su vuelta a la realidad. Cuatro días después de su salida, la actriz se entregó a la policía por el accidente de coche que había tenido en mayo, quedando en libertad bajo fianza de 30.000 dólares y con una cita pendiente con el juez el 24 de agosto. Lo que parecía el comienzo de una vida nueva se ha ido al traste, quizás porque la tobillera ha fallado. La cuestión es que Lohan vuelve a estar metida en un lío. Su actitud se aleja de las palabras que dedicó al periódico ABC cuando le preguntaron sobre cuál era el peor concepto que tenía la gente de ella. La actriz no lo dudó, “que soy una chica que sale todo el tiempo y que no me tomo en serio ni mi trabajo ni mis responsabilidades”. A que cambie esta opinión del público puede ayudar su vida laboral, aunque también existen dudas sobre la posibilidad de que todos los acontecimientos vividos no acaben afectando a su carrera. Por el momento participará en Poor Things, sobre unas abuelas de reputación más que dudosa que acumulan todo tipo de delitos. Este fin de semana estrena en Estados Unidos I Know You Kill Me, donde es secuestrada y torturada por un asesino en serie. Así que, de momento, parece que el trabajo no le falta.
