Los fumadores empedernidos lo tienen difícil para dejar el tabaco, aunque hayan sido tocados por la enfermedad maldita del cáncer. Que se lo digan, sino, a Michael Douglas.
Michael Douglas pasa las vacaciones estivales con su esposa Catherine Zeta-Jones en la Riviera italiana, y allí unos paparazzi que no saben de descanso veraniego han tomado fotos indiscretas que muestran al actor fumándose un pitillo. Tal acción ya sería reprobada por la opinión pública en los actuales tiempos de persecución tabaquil, pero cuando resulta que Douglas se está recuperando del cáncer de garganta que se le diagnosticó y operó hace un año, los guardianes de la moral han procedido a afearle la conducta enseguida. Además, resulta que Zeta-Jones también ha sido vista fumando, de modo que sobre ella ha recaído también la acusación de que no apoya como debiera a su marido.
En fin, a mí me gusta ser indulgente, sobre todo conociendo a tantos fumadores, la dependencia de la nicotina en los fumadores habituales es muy grande, no es tan sencillo quitarse el hábito, y a veces incluso puede ser peor el remedio que la enfermedad. Si sirve de consuelo, señalaremos que según un estudio del Wake Forest Baptist Medical Center citado por Daily Mail, el 18% de los enfermos de cáncer de pulmón siguen fumando después de que se les diagnostique la enfermedad.
