"Lucha de gigantes. Godzilla, Gamera, Mothrat y otros monstruos enormes de Japón" (Juan Luis Sánchez y Luis Miguel Carmona, Diábolo Ediciones, 232 págs)
Los amantes de las películas de monstruos japoneses, el “kaiju eiga”, van a disfrutar con “Lucha de gigantes”, un repaso exhaustivo de este cine y sus orígenes, ligados a dos bombas atómicas que cambiaron para siempre la historia de una nación. Pero en general cualquier lector que se autodenomine “cinéfilo” se lo va a pasar en grande con su lectura, por el sentido del humor que destilan los autores Juan Luis Sánchez y Luis Miguel Carmona.
Por ejemplo, botón de muestra, aquí va esta descripción de Godzilla, que está atravesada de ternura, lo que no es incompatible con cierta retranca humorística: “Viene a ser como ese hermano gamberro, que a veces nos hace la vida imposible, pero que sin embargo está dispuesto a matar a alguien si nos hace daño, y al que inevitablemente le tenemos cariño. Él no es malo, simplemente le han hecho grandote y torpe. Además habría que ver si aplasta gente porque le viene en gana o porque es provocado por los humanos. (…) Si tú estás tan tranquilo dormitando miles de años, viene una bomba nuclear y te despierta y lo primero que recibes es una bala, pues te acabas cabreando”.
El libro está perfectamente ilustrado, da gusto pasar las páginas, y Sánchez y Carmona además tienen los pies en el suelo. Saben que estos títulos monstruosos no son obras maestras, y no pretenden decir otra cosa –“no se vayan a creer que somos unos dementes que nos las proyectamos todoas las noches como si fueran títulos de John Ford”, aseveran–, pero a la vez ponen en valor que hay filmes muy dignos, y otros que simplemente integran la historia del cine, formando parte del imaginario de determinadas generaciones, además de que ayudan a entender al Japón actual y la mentalidad nipona, incluido el trauma atómico, que no cesa: escribo justamente estas líneas mientras Obama está a punto de visitar Hiroshima, la primera vez que un presidente americano en activo visita el lugar.
La lucha de gigantes es lucha entre estudios, Daie contesta al Godzilla de Toho –28 títulos, nada menos– con su Gamera, y estos bichos no están solos, pues en el peculiar zoo de criaturas extravagantes niponas hay espacio para polillas gigantes entre otros animalitos, y además les encanta darse de mamporros, lo que se sirve con efectos algo rústicos, que están bien destripados en el libro.
Aunque el acento de esta obra es nipón, no se deja de mencionar a Hollywood, siempre fagocitando aquello que piensan que puede reportar beneficios, y que se apropió de Godzilla ya en 1978 a través de la televisión, para luego apostar por grandes superproducciones de efectos visuales mucho más sofisticados que los de las cintas con que empezó todo.
Por supuesto, se presta atención a los artistas más importantes de este film, en un capítulo de título muy adecuado, “Los siete magníficos”, que retrotrae a Los siete samuráis de Akira Kurosawa. Ahí se da cuenta de las aportaciones del productor Tomoyuki Tanaka, el director Ishiro Honda, el guionista Shinichi Sekizawa, el creador de efectos especiales Eiji Tsuburaya, el actor Akihiko Hirata, el hombre que se vistió de Godzilla Haruo Nakajima y el compositor Akira Ifukube.
