Libros
"En busca de la luz", de Oliver Stone
En busca de la luz. Memorias de Oliver Stone (Oliver Stone, Libros del Kultrum)
Imprescindibles memorias para conocer la trayectoria profesional y vital del guionista y director de cine Oliver Stone, que abarcan cuarenta años de su vida, de “búsqueda de la luz” para poder contar sus historias, proyectadas en la gran pantalla, y que culminan con su doble triunfo como cineasta en 1986 gracias a Salvador y Platoon, esta última recompensada con 4 Oscar de 8 nominaciones, incluidos los de mejor película y director. Su lectura ayuda a comprender mejor a la persona detrás de esos y otros muchos títulos, y deja con las ganas de una segunda entrega, que llegue hasta la actualidad.
Stone da cuenta de sus orígenes, de su madre francesa católica y su padre estadounidense judío –aunque la religión no jugaba un papel en sus vidas–, que se conocen cuando él está destinado en Europa durante la Segunda Guerra Mundial. Hijo único de un matrimonio que se rompe pronto, no contar con un hogar estable le hace mella, con una juventud al principio sin rumbo claro, y su marcha a Vietnam, donde la experiencia bélica le marcará, estando ahí la semilla de su premiada película Platoon, que bebe de sus vivencias, de los compañeros y superiores que ahí tuvo. El autor habla del horror de esa guerra, de las barbaridades cometidas, y también de sus primeros devaneos con las drogas; también del brutal contenido de Salvador, donde parece dar rienda suelta a todos sus demonios interiores al mostrar el comportamiento inmoral de unos y otros.
Hay desgarro y un lenguaje fuerte en las páginas del libro de Stone, su lado más salvaje y desnortado, donde da cuenta de sus juergas de sexo y cocaína, que se prolongarán en otras etapas de su vida. Pero también del descubrimiento de su capacidad para contar historias, y de su aprendizaje del cine en la Universidad de Nueva York, donde recibirá clases del algo mayor que él Martin Scorsese. El futuro cineasta empieza escribiendo libretos, uno de ellos el que sería la futura Platoon, del que todo el mundo reconocía su gran calidad, pero que nadie quería producir, no era el tiempo todavía propicio para un film sobre una guerra traumática, sólo cuando comenzaron a asomar El regreso, Acorralado o Apocalypse Now, el tema sería planteable.
En todo caso, explica, ese guión no rodado fue la puerta para que le encargaran los libretos de El expreso de medianoche, El precio del poder o Manhattan Sur. Sorprende la capacidad de Stone para escribir y hacer su trabajo, a pesar de sus excesos juerguistas, que a otra persona le habrián incapacitado para cumplir lo pactado con la parte contratante. Y habla sin pelos en la lengua de sus directores, Alan Parker, Brian De Palma y Michael Cimino, criticando sus puntos flacos o lo que consideró distancia, o comentando problemas en el desarrollo de los filmes, está claro que el guionista no puede controlar si no dirige, la criatura se desprende de sus manos. En tal sentido se confiesa dolido de cómo Conan, el bárbaro no tenía nada que ver con lo que había escrito y soñaba con que sería una larga saga, aunque le incluyeran en los títulos de crédito. No faltan comentarios sobre los críticos, a veces veleidosos en sus opiniones, aunque desde luego capaces de aupar o condenar una película.
El libro abunda en anécdotas, ya sea sobra la producción de Salvador en México o de Platoon en Filipinas, con los problemas subsiguientes con las autoridades locales o de financiación, o sobre una posible colaboración con Billy Wilder que nunca se materializó. También sobre las dificultades para lograr el guión perfecto imposible de alcanzar, lección cuando colaboró con Robert Bolt, o el descubrimiento de que en la fase de montaje se acomete otro modo de escritura. Ante el proceso de escribir, pese a las dificultades de entonces, asoma la nostalgia, pues “entonces escribir era –y debería seguir siendo, aunque ya no lo es– un proceso de I+D necesitado de reflexión, sin resultar ajeno al fracaso”.
Resulta de gran interés la descripción de la relación con su padre y su madre, donde no se muestra complaciente, es hasta bastante duro, pero donde también se detecta su amor, a la postre, y pese a su mirada al mundo y a las relaciones, con frecuencia desencantada, se da cuenta de que eso es lo que cuenta, y hace la existencia llevadera, por eso describe su esfuerzo por mantener relaciones estables, hasta casarse por fin con Elizabeth, y saboreando las mieles de la paternidad, cuando al fin tiene un hijo, contra pronóstico. Aunque no llega a decirlo expresamente, Wall Street sólo se toca al final y de refilón, quedan los detalles para ese posible segundo volumen de memorias, sin duda que en este film las relaciones del personaje de Charlie Sheen con su progenitor están inspiradas, en parte, en las suyas propias. También elabora su pensamiento sobre su propio país, Estados Unidos, que le produce sentimientos contrapuestos, sin duda lo ama, pero piensa que está obsesionado por la violencia, y que pese a su supuesta defensa de los derechos humanos, con demasiada frecuencia ha hecho cambalaches impresentables para preservar sus propios intereses, los de las clases dirigentes.
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