Tim Burton y sus mundos de fantasía (Juan Luis Sánchez y Luis Miguel Carmona, Ediciones Jaguar, 316 págs)
“Que yo recuerde, siempre quise ser un monstruo” (o “me vi como un monstruo”, o “me vi como un bicho raro”). Parafraseando al narrador de Uno de los nuestros de Martin Scorsese, así podía principiar unas memorias Tim Burton, por su conexión con personajes incomprendidos y mirados por los ignorantes con temor. Así lo dan a entender acertadamente Juan Luis Sánchez y Luis Miguel Carmona en su completa biofilmografía sobre el responsable de películas memorables como Eduardo Manostijeras y Ed Wood. Los autores, que ya dieron prueba de su capacidad para atrapar las claves de un cineasta personalísimo y también algo friki con su obra “Peter Jackson: de Mal gusto a El Hobbit”, vuelven a salir airosos del nuevo desafío, un “más difícil todavía”, ya que en España no son pocos los libros consagrados a la persona y obra de Tim Burton.
Sánchez y Carmona hacen gala de su inconfundible sentido del humor: saben tratar, por ejemplo, con fina ironía, la fama de Burton gafado desde que está casado con Helen Bonham Carter, y no tiene precio la alusión jocosa a que el éxito de Alicia en el País de la Maravillas “le permitía hacer cualquier cosa. Y cuando decimos 'cualquier cosa' es que, precisamente hizo eso: cualquier cosa. Con creces, su peor película [Sombras en la oscuridad].” Pero ello sin restar un ápice de rigor a la hora de hacer el acercamiento biográfico y el análisis de su filmografía, con sus elementos estilísticos y temas recurrentes, en que se explica su control creativo y el éxito comercial que arrancó sobre todo con Batman.
Tiene especial interés el espacio dedicado a la etapa Disney del cineasta, donde, paradójicamente, el ambiente de suave decadencia irrepetible del estudio animado, ayuda a que asome impetuoso su incipiente talento, en los cortos Vincent y Frankenweenie. Y se nos dan datos de exóticos proyectos, como su telefilm basado en el cuento de Hansel & Gretel realizado con actores japoneses, o la realización de un episodio para la etapa de declive de Alfred Hitchcock presenta.
Los autores admiran a Burton, y tienen motivos para ello, no sólo por una especial empatía que confiesan sin rubor, algunas de sus películas con “los mundos de fantasía” a que se refiere el título del libro, y sus personajes de “patitos feos”, son sensacionales; y en algún caso con conexiones personales, como Big Fish, hecha cuando el padre del cineasta acababa de fallecer. Pero no están ciegos y saben señalar algunas de sus debilidades, así como dedicar amplio espacio al arriesgado golpe de timón que supone su nuevo proyecto que tantas esperanzas ha despertado, Big Eyes, sobre la pintora Margaret Keane, que tiene detrás a los guionistas de Ed Wood.
El completo libro aporta, además, un breve perfil biográfico de los principales colaboradores de “el chico ostra”, y lo que denominan con ingenio Bonus Track, un análisis de la música de Danny Elfman para el cine de Burton.
