A sus 64 años, Jackie Chan ha provocado cierto revuelo, sobre todo en China, donde se le considera el prototipo de hombre honrado sin fisuras, por los personajes que interpreta en la pantalla.
Ahora saca a la venta, hoy 4 de diciembre, sus memorias, “Never Grow Up”, donde se arrepiente de numerosos episodios oscuros de su pasado, que hasta ahora no habían salido a la luz.
Así, confiesa que ha recurrido a prostitutas, que ha tenido problemas con el juego y hasta ha llegado a tratar mal a uno de sus hijos, cuando era un bebé. “Me portaba muy mal, posiblemente por mis inseguridades infantiles, pues los niños ricos siempre me despreciaban a mí y a mi familia”. También confiesa que ha sido alcohólico. “Una vez estrellé un Porsche por la mañana y un Mercedes esa misma noche”, explica.
Pero sobre todo dedica el volumen a lamentarse por convertirse en uno de los actores mejor pagados del mundo, a costa de robarse tiempo para estar con su familia. “No he pasado mucho tiempo con ellos”, explica. “Un día acabé mirándome al espejo y me dije a mí mismo que soy un verdadero fanfarrón, un imbécil”.
