Robert Eggers y la modernidad son como el agua y el aceite, o mejor dicho, como un vikingo y un smartphone: no se mezclan bien.
El director de Nosferatu ha confesado a Rotten Tomatoes que filmar algo contemporáneo, con coches y móviles, es su peor pesadilla. “La idea de fotografiar un coche me enferma, y un móvil... eso es la muerte misma”, afirma. Parece que la pantalla táctil no es lo suyo.
Robert Eggers, conocido por transportar a los espectadores a épocas donde lo más “moderno” era una vela, se siente cómodo en terrenos históricos. De La bruja, que transcurre alrededor de 1630, a El faro, en 1890, pasando por The Northman en la era vikinga, su filmografía es una máquina del tiempo para cinéfilos. Su más reciente trabajo, Nosferatu, nos lleva a la Transilvania de 1830 y ha logrado cuatro nominaciones al Oscar, probando que el pasado aún tiene mucho colmillo.
Cuando le preguntan si alguna vez se pensaría rodar algo más actual, Robert Eggers ofreció un tímido “quizá 1950... pero antes de la Segunda Guerra Mundial suena mejor”. Su próximo proyecto, Werwulf, promete seguir la línea medieval: una historia de hombres lobo en la Inglaterra del siglo XIII, coescrita con Sjón. Eso sí, la única tecnología que veremos serán antorchas, y el único transporte, caballos.
En resumen, quienes esperasen ver a Robert Eggers dirigiendo algo con Wi-Fi o hashtags, será mejor que siga soñando. El hombre prefiere filmar castillos antes que cafeterías, y con su estilo, nadie se lo discute.
