Robert Eggers
43 añosEl cineasta y el mito
Robert Eggers tuvo un debut impresionante gracias a "La bruja", una película emblemática a la hora de mostrar sus señas de identidad: pasión por el mito, las leyendas y el folklore, recurso a la fisicidad, y deseos de que todo lo que filma se sienta muy auténtico, barro, sangre, quedarse sin resuello...
Robert Eggers nació en Nueva York en 1983 y su historia familiar y geográfica ha moldeado de forma singular los intereses de su universo cinematográfico. Las circunstancias de sus orígenes familiares están marcadas por el hecho de no haber conocido la identidad de su padre biológico. Su crianza y desarrollo corrieron a cargo de su madre Kelly Houston y su padrastro Walter Eggers, un respetado profesor universitario de literatura inglesa, primero en la Universidad de Wyoming y luego en la de New Hampshire, lo que propició que creciera en un entorno donde la cultura y la naturaleza eran esenciales. Luego tuvo dos hermanos gemelos, Max y Sam, que también terminaron siendo cineastas.
Sus primeros casi veinte años de vida en New Hampshire, lugar de bosques cerrados, inviernos rigurosos y una atmósfera marcada por el pasado colonial y puritano, se convirtió en el caldo de cultivo ideal para su sensibilidad artística. En 2001 regresa a Nueva York y se forma en la American Musical and Dramatic Academy, donde adquiere destrezas en el diseño del espacio escénico teatral; además de ser diseñador de producción de varios cortos, él mismo dirige dos de ellos en 2007 y 2008, Hansel y Gretel y The Tell-Tale Heart. La combinación de su nacimiento y posterior formación académica en el entorno teatral y artístico de Nueva York, sumada a la infancia y juventud en la América más profunda y cargada de mitos, terminó por definir su obsesión por el pasado.
Y es que el cine de Robert Eggers, que debuta en el largo en 2015 con La bruja, se desmarca del panorama contemporáneo de las películas de miedo por su rechazo a los sustos fáciles, prefiriendo en cambio sumergir al espectador en una atmósfera de terror psicológico y antropológico. Sus grandes intereses temáticos gravitan en torno a la historia y el folklore, apropiándose de leyendas y mitos, tratando de entender lo que pensaban y temían nuestros antepasados. Y llama la atención la búsqueda obsesiva de la autenticidad material, una fisicidad que exige construir los sets con herramientas y técnicas de la época, el uso de luz natural o velas siempre que es posible y el sometimiento a los actores a las inclemencias reales del clima para que el frío, el barro y el sudor resulten creíbles.
Su ópera prima no sólo da una vuelta de tuerca al género sino que muestra muy sobriamente la desintegración de una familia puritana en la Nueva Inglaterra del siglo XVII con una atmósfera inquietante. El rigor de los diálogos se entiende por basarse en diarios de la época, y el film supuso además el descubrimiento de su protagonista, Anya Taylor-Joy. Eggers vio en ella una mirada y una presencia magnéticas capaces de sostener el peso de la ambigüedad moral de la trama, lanzándola de inmediato al estrellato internacional.
Cuatro años tarde en llegar El faro (2019), donde el director aisló literalmente a Willem Dafoe y Robert Pattinson en una isla remota a finales del siglo XIX. El film destaca por su increíble fotografía en blanco y negro de alto contraste, rodado en un formato casi cuadrado (1.33:1) y utilizando lentes antiguas. El resultado es una obra hermética, claustrofóbica y alucinante que evoca tanto el expresionismo alemán como las pesadillas mitológicas de los antiguos marineros.
Sin prisa y con pausa hay algo de escalada épica con El hombre del norte (2022), salto a la superproducción pero sin perder un ápice de sus crudas señas de identidad. La historia se inspira directamente en la saga nórdica de Amleth, la figura legendaria que siglos más tarde sugeriría a Shakespeare su célebre “Hamlet”. Esta misma leyenda medieval ya había dado pie en el cine a la película La verdadera historia de Hamlet, príncipe de Dinamarca, (1994), dirigida por el oscarizado cineasta danés Gabriel Axel. La versión de Eggers transformó el relato en una brutal y física epopeya vikinga sobre el destino ineludible y la venganza. Sobre cómo terminó haciendo esa película, el propio Eggers explicaba que “nunca quise hacer una película de vikingos. Pensaba que los vikingos eran unos brutos violentos que carecían del menor interés. Mi mujer, sin embargo, siempre se interesó por las sagas islandesas, los cuentos tradicionales vikingos, y sabía que me encantarían. A pesar de su insistencia, nunca me molesté en abrir uno de esos libros. Pero cuando viajamos a Islandia en 2015, la amplitud épica y avasalladora de los paisajes me cautivó inmediatamente.”
En la trayectoria reciente de Eggers destaca la tremenda osadía de acometer en 2024 el remake de un pilar de la historia del cine: Nosferatu. Adaptar la icónica visión vampírica de F.W. Murnau de 1922 era un desafío mayúsculo, a pesar de que en el pasado otro gigante como Werner Herzog ya hubiera completado con su propia versión (Nosferatu, vampiro de la noche, 1979). La aproximación de Eggers en su Nosferatu mantiene la naturaleza del monstruo gótico y repulsivo, pero con el aire único de su huella personal, que sabe sacar todo el partido al actor protagonista Nicholas Hoult. Se puede decir que es el primer paso del recorrido del cineasta por los clásicos monstruos de la Universal, pues tras esta particular mirada vampírica a Drácula, a continuación le toca el turno al hombre lobo en la esperada Licantropo, de nuevo inspirada en los diversos relatos folklóricos sobre este personaje fantástico, hay gran expectación acerca de cómo será la transformación en la bestia tras tan ilustres precedentes en la historia del cine. En el film recupera a algunos de sus actores habituales, como Aaron Taylor-Johnson, Ralph Ineson, Willem Dafoe y Lily-Rose Depp, que estaban en su anterior film.
Lejos de los focos de Hollywood, Robert Eggers mantiene una vida personal estable y discreta. Está casado con Alexandra Shaker, una psicóloga clínica que ha sido su apoyo fundamental durante el desarrollo de su exigente carrera cinematográfica. La pareja tiene un hijo en común.
