Este año el Carnaval de Río de Janeiro se vive con mayor intensidad tras el triunfo de la película brasileña "Aún estoy aquí", que ha ganado el Oscar a la película internacional.
El film, nominado en tres categorías, ya había generado un gran revuelo en Brasil. Con más de cinco millones de entradas vendidas, Aún estoy aquí no solo ha provocado intensos debates y catarsis a nivel nacional, sino que también ha sido citado por magistrados del Tribunal Supremo en casos contra sectores de extrema derecha, e incluso ha impulsado cambios en la normativa de agencias gubernamentales en materia de certificados de defunción. Según Bruna Santos, directora del Brazil Institute en The Wilson Center, “es difícil expresar con palabras la magnitud de este momento”.
La expectación llegó a su punto máximo cuando, poco antes de la medianoche, Penélope Cruz anunció en el escenario del Dolby el nombre de Aún estoy aquí. La noticia se difundió rápidamente y fue recibida con euforia por los asistentes al Carnaval, muchos de los cuales seguían la retransmisión en pantallas gigantes. En uno de los momentos más simbólicos, Daniela Mercury, una celebridad en Brasil, proclamó la noticia, desatando la celebración entre la multitud.
Una mirada al futuro
El triunfo de Aún estoy aquí pone de relieve el alcance global de una Academia que apuesta cada vez más por producciones internacionales, a la vez que subraya la necesidad de un mayor apoyo institucional a la industria cinematográfica brasileña. Expertos señalan que, para consolidar este renacer cultural, será imprescindible incrementar la financiación pública destinada al cine en el país.
Además, el éxito en los Oscars se enmarca en un contexto político complejo. La película narra la lucha de Eunice Paiva, esposa de un congresista liberal secuestrada por las autoridades militares, lo que resuena con el actual escenario de tensiones y desafíos democráticos en Brasil, tras el fallido intento de golpe liderado por figuras del pasado.
El reconocimiento otorgado a Aún estoy aquí no solo celebra una obra cinematográfica, sino que también simboliza un giro en la forma de abordar el pasado y sus heridas. En palabras de Walter Salles desde el Dolby, “esto va para una mujer que, tras una pérdida sufrida en un régimen autoritario, decidió no doblegarse y resistir”. Así, el Oscar se erige como un tributo a la lucha por la justicia, abriendo un nuevo capítulo en la historia del cine brasileño y su relación con la memoria colectiva.
