Ante la baja afluencia de público de los últimos tiempos, los cines se han visto obligados a unirse.
La hasta ahora conocida como National Association of Theater Owners (NATO, como las siglas de la OTAN en inglés), ha dado un golpe sobre la mesa… o mejor dicho, sobre la taquilla. Ahora se llama Cinema United, dejando claro que esta es la OTAN buena, la que defiende el cine con palomitas en vez de con misiles.
El cambio de nombre no es solo un rebranding con glamour hollywoodiense. Representa un intento desesperado por revitalizar el negocio en tiempos en los que el público ya no sabe si una película durará semanas en cartelera o estará en streaming antes de que terminen los créditos. Michael O’Leary, CEO de Cinema United, lo deja claro: “Tenemos que devolver la exclusividad a los estrenos. Si la gente sabe que en dos semanas verá Dune: Parte Dos en su móvil, ¿para qué va a pagar por la experiencia completa?”
El sector se reúne en Las Vegas para la CinemaCon, el evento donde los grandes estudios intentarán convencer a los exhibidores de que la pantalla grande sigue teniendo futuro. Sony vuelve a la carga tras ausentarse el año pasado, y Amazon MGM Studios se estrena en el escenario, con la franquicia de James Bond como su carta más potente.
Pero los datos no invitan al optimismo. La taquilla sigue en caída libre, con una recaudación un 7% inferior a la del mismo periodo en 2024. Las ventanas de exhibición cada vez más cortas están dejando en desventaja a los cines pequeños, que ven cómo los estrenos aterrizan en plataformas justo cuando ellos logran proyectarlos.
El reto es claro: convencer a los espectadores de que el cine sigue siendo un evento, no una opción más en el menú del streaming. Si la industria no encuentra la fórmula, el próximo blockbuster de terror será el de las salas vacías.
