Jafar Panahi ha hecho historia… otra vez.
El cineasta iraní, conocido tanto por su cine como por su férrea resistencia al régimen de su país, ha regresado este lunes a Irán tras alzarse con la Palma de Oro en el Festival de Cannes por su demoledora película Un simple accidente. Esta vez, su llegada al aeropuerto internacional de Teherán no fue en silencio ni entre sombras: fue con aplausos, flores y gritos de apoyo.
El director, que durante años ha estado rodando en la clandestinidad, sufrió arrestos y prohibiciones para salir del país, aterrizó sin incidentes y fue recibido por una pequeña multitud de seguidores que coreaban “Mujer, vida, libertad”, lema de las protestas que sacudieron Irán entre 2022 y 2023. Jafar Panahi descendió sonriente por la escalera mecánica, entre vítores, abrazos y teléfonos móviles que inmortalizaban el momento.
Pero no todo es alfombra roja para Jafar Panahi en su tierra natal. Aunque su victoria ha sido celebrada internacionalmente como un acto de resistencia cultural, en los medios estatales iraníes apenas ha tenido eco. Sólo unas menciones mínimas, sin entusiasmo. Mientras tanto, desde Francia, el ministro de exteriores calificó su premio como “un gesto de resistencia”, lo que ha encendido la chispa diplomática: Irán ha convocado al encargado de negocios francés para protestar por lo que considera una injerencia insultante.
Solo fue un accidente retrata con crudeza a cinco iraníes que capturan a su presunto torturador, un relato inspirado directamente en las vivencias carcelarias del propio Jafar Panahi. En su discurso tras recoger la Palma de Oro, el cineasta no se anduvo con rodeos: pidió libertad para su país, por encima de todo.
Con esta victoria, Jafar Panahi no sólo firma un triunfo artístico. También reescribe el guion de su vida y del cine iraní, demostrando que, incluso bajo presión, una cámara puede ser más poderosa que cualquier censura.
