La nueva etapa de Amazon MGM Studios al frente de la saga de James Bond empieza a parecer menos una reinvención ambiciosa y más una larga pausa sin rumbo claro. Según un reciente informe, el desarrollo de la próxima entrega, conocida provisionalmente como “Bond 26”, está lejos de avanzar al ritmo esperado: su guion, firmado por Steven Knight, “ni está cerca de estar listo”.
Más de un año después de que Amazon asumiera el control creativo de la franquicia, el silencio empieza a ser ensordecedor. Desde el estreno de Sin tiempo para morir en 2021, no solo no hay nueva película en marcha, sino que todo apunta a que la espera se alargará, como mínimo, hasta 2028. De confirmarse, superaría incluso el histórico parón entre Licencia para matar y GoldenEye.
Uno de los grandes nombres vinculados al proyecto es Denis Villeneuve, que en teoría dirigiría la cinta. Sin embargo, el cineasta canadiense está centrado en la postproducción de Dune: Parte 3, lo que podría mantenerlo ocupado hasta bien entrado 2027, coincidiendo con la temporada de premios. Por su parte, Steven Knight tampoco parece tener la agenda despejada: entre sus proyectos figuran nuevas series, secuelas televisivas y producciones en desarrollo como Immortal Man.
Más preocupante que los problemas de calendario es la sensación de falta de dirección. Según recoge el periodista Tim Robey, incluso dentro de la industria circula la impresión de que los responsables de Amazon/MGM no tienen claro qué hacer con la saga. Un ejecutivo, citado de forma anónima, asegura que los altos cargos estarían “hartos incluso de pensar en el futuro de 007”.
El diagnóstico lo resume con crudeza el historiador del cine James Chapman: han comprado una de las franquicias más lucrativas y reconocibles del mundo, pero da la impresión de que no saben cómo gestionarla. Y ahí reside el verdadero problema: no es sólo cuestión de tiempo, sino de identidad.
Porque, sobre el papel, la combinación de Denis Villeneuve y Steven Knight invita a imaginar un James Bond más áspero, más violento, quizá más cercano al tono de Peaky Blinders o Promesas del Este. Pero la gran incógnita es si eso encaja con la visión —si es que existe— de Amazon.
Mientras tanto, el agente 007 sigue en standby, sin actor confirmado, sin dirección creativa definida y, lo más preocupante, sin una hoja de ruta clara. A estas alturas, el mayor enemigo de James Bond no parece un villano megalómano, sino algo mucho más mundano: la indecisión corporativa.
