La escena se ha convertido en uno de los momentos más citados cada vez que se debate la relación entre inteligencia artificial y animación.
Durante una demostración presentada en 2016 en el marco de un documental sobre el futuro de la animación, un equipo de desarrolladores mostró a Hayao Miyazaki una tecnología de IA generativa capaz de simular movimientos corporales deformes y “no humanos”, pensada —según explicaban— para crear criaturas o personajes en contextos de terror o fantasía.
La reacción del cineasta fue inmediata y profundamente crítica. Visiblemente incómodo, Hayao Miyazaki calificó la demostración como “insultante para la vida misma” en el sentido de que estaba representando movimientos humanos asociados al sufrimiento o la discapacidad como simple material de entretenimiento. En el fragmento del documental, insiste en que la animación no debería desligarse de la empatía ni de la comprensión del dolor humano.
El momento adquiere especial relevancia porque no se trata de una crítica genérica a la tecnología, sino de una defensa muy personal de su visión del arte: para Hayao Miyazaki, la animación no es solo técnica, sino una extensión de la experiencia humana, de la observación del cuerpo, la naturaleza y la emoción.
Con el auge actual de la IA generativa en imagen y vídeo, aquella secuencia se ha reinterpretado como una advertencia temprana sobre los límites éticos de automatizar la creación artística. Para muchos, sigue siendo uno de los ejemplos más potentes del choque entre la sensibilidad artesanal de la animación clásica y las nuevas herramientas algorítmicas.
— Katja Herbers (@katjaherbers) June 3, 2026
Hayao Miyazaki's reaction when a team of developers showed him a demonstration of using generative Al for animation: pic.twitter.com/ZfOIn4jTct
— Katja Herbers (@katjaherbers) June 3, 2026
