La industria de Hollywood se enfrenta a un incómodo dilema: ¿quién se atreve a distribuir una película que retrata de forma poco amable al hombre detrás de una de las empresas tecnológicas más influyentes del mundo? Esa es la pregunta que rodea actualmente a “Artificial”, el nuevo largometraje de Luca Guadagnino sobre Sam Altman, después de que Amazon MGM decidiera abandonar el proyecto cuando ya se encontraba prácticamente terminado.
La decisión ha provocado un terremoto silencioso en Hollywood. No sólo porque la película cuenta con un reparto encabezado por Andrew Garfield, sino porque llega apenas unos meses después de que Amazon anunciara una multimillonaria inversión de 50.000 millones de dólares en OpenAI y una importante alianza tecnológica con la compañía de Sam Altman.
Según diversas fuentes de la industria, el retrato que realiza Artificial del fundador de OpenAI dista mucho de ser complaciente. Algunos ejecutivos que han leído el guion describen al personaje como una figura fría, calculadora e incluso con rasgos sociopáticos. Una representación que habría complicado enormemente la convivencia entre la película y los intereses empresariales de Amazon.
Desde que Amazon se desvinculó del film, la agencia CAA Media Finance intenta encontrar un nuevo distribuidor. Sin embargo, la respuesta de los grandes estudios ha sido desalentadora. Netflix, Focus Features, Lionsgate, Warner Bros. y otras compañías ya habrían descartado la operación. El problema no es únicamente político. También existe una cuestión comercial. Muchos ejecutivos dudan de que una película centrada en las luchas internas de OpenAI pueda atraer al gran público en 2026. Mientras que La red social convirtió la historia de Facebook en un fenómeno cultural, el contexto actual parece muy distinto. La inteligencia artificial genera fascinación, pero también desconfianza, polémicas sobre desinformación y preocupaciones medioambientales.
Además, el film carece de una gran estrella de taquilla comparable a Zendaya, protagonista de Rivales, el anterior éxito de Luca Guadagnino para Amazon. Junto a Andrew Garfield figuran intérpretes de prestigio creciente como Monica Barbaro y Yura Borisov, ambos nominados recientemente al Oscar, pero todavía sin demostrar su capacidad para liderar una gran producción comercial. El caso ha alimentado un debate cada vez más presente en Hollywood: hasta qué punto las grandes inversiones tecnológicas pueden influir en las historias que llegan a la pantalla.
Aunque nadie ha reconocido oficialmente que la relación entre Amazon y OpenAI motivara la cancelación, la coincidencia resulta difícil de ignorar. Para algunos observadores, Artificial se ha convertido en un ejemplo de cómo los intereses empresariales pueden pesar más que la libertad creativa cuando hay miles de millones de dólares en juego. No es la primera vez que una película incómoda encuentra obstáculos. Títulos recientes como The Apprentice, centrada en los orígenes de Donald Trump, también tuvieron enormes dificultades para encontrar distribución.
Aun así, la película no está oficialmente muerta. Entre los posibles salvadores aparecen distribuidoras independientes como Mubi o Neon, compañías que han construido su reputación apoyando proyectos de autor y títulos considerados arriesgados por los grandes estudios. La cuestión es si alguna de ellas estará dispuesta a asumir tanto el coste económico como la controversia política que acompaña a la película.
Por ahora, Artificial permanece en una especie de limbo hollywoodiense: demasiado cara para ser una apuesta pequeña, demasiado incómoda para las grandes corporaciones y demasiado polémica para quienes prefieren evitar conflictos con Silicon Valley. Una situación que la ha convertido, de facto, en una de las películas más "malditas" de 2026 antes incluso de llegar a los cines.
