La decisión de David Ellison de bautizar como Skydance la nueva compañía resultante de la unión de Paramount y Warner Bros. ha provocado bastante escepticismo en Hollywood. El nombre no es malo, pero sí bastante menos poderoso que las dos marcas históricas que quedan por debajo de él.
El cambio se hará efectivo en Bolsa este martes, cuando el actual ticker PSKY pase a ser SKYD. David Ellison ha asegurado que tanto Paramount como Warner Bros. conservarán sus identidades y seguirán funcionando como marcas cinematográficas y televisivas, junto a otras enseñas del conglomerado como CBS, HBO Max, DC, CNN y Nickelodeon.
El problema está en que Warner Bros. tiene más de un siglo de historia y una biblioteca de unas 12.500 películas y 2.400 programas televisivos, mientras que Paramount también arrastra más de cien años de reconocimiento popular. Ambas denominaciones han sobrevivido a numerosas fusiones y adquisiciones y poseen un valor de marca difícil de fabricar desde cero.
El movimiento de David Ellison resulta, por tanto, algo paradójico: después de hacerse con dos de los nombres más importantes de la historia del entretenimiento, coloca en primer plano Skydance, una compañía fundada hace apenas dos décadas. El gesto puede interpretarse como una manera bastante explícita de decir que el ganador de la operación ha sido él.
Eso sí, Skydance tampoco es precisamente un nombre horrible. Suena moderno, tecnológico y perfectamente reconocible como marca del siglo XXI. El problema es que, al lado de Paramount o Warner Bros., parece un recién llegado a una fiesta en la que los demás llevan más de cien años invitados.
Una alternativa como "Paramount Skydance Warner Bros. Discovery" habría sido todavía peor: un trabalenguas corporativo que solo podría entusiasmar a un abogado especializado en fusiones.
El futuro dirá si David Ellison ha cometido un error de marca o simplemente ha empezado a construir una nueva. Dentro de cien años, quizá Skydance tenga el mismo peso histórico que hoy tienen Warner Bros. y Paramount. El pequeño inconveniente es que habrá que esperar un siglo para comprobarlo.
