Nadie que haya visto su portentoso trabajo en La Dama de Hierro pone en duda que Meryl Streep se merezca este Oscar, que supone el tercero en su
Nadie que haya visto su portentoso trabajo en La Dama de Hierro pone en duda que Meryl Streep se merezca este Oscar, que supone el tercero en su carrera, tras los que consiguió con Kramer contra Kramer y La decisión de Sophie.
La actriz ha dicho en el escenario que ésta iba a ser la última vez que ganaba un Oscar. "Quería decir que ya he estirado demasiado la suerte", comenta Streep, que ni siquiera parecía tener muy claro que la mítica Katharine Hepburn ganó cuatro. No parece que le quite el sueño ganar más veces.
"Estoy alucinada. Pensaba que yo era demasiado mayor, pero cuando he escuchado mi nombre, ha sido como entrar en una especie de luz blanca, como volver a ser una niña", explica. La satisfacción ha sido doble para ella, porque su colaborador desde hace muchos años Roy Helland, maquillador y peluquero, también ha ganado el Oscar, junto con su socio, Mark Coulier, considerado uno de los más grandes fabricantes de prótesis de Gran Bretaña.
Para darle suerte, ha acudido a la ceremonia con unos zapatos que pertenecieron a Margaret Thatcher. A ella le gustaba tomar un poquito de whiskey por la noche, y Meryl Streep también se propone empezar la noche con una copa. "Luego ya veremos si puedo andar".
Meryl Streep mantiene relaciones muy profundas con miembros del equipo técnico a los que considera casi de su familia. Cree que todas las mujeres trabajadoras, en cierto modo, lo consiguen. "Si se nos pregunta a varias de nosotras, cada una daremos una respuesta diferente. En mi caso, le puedo decir que no tengo el horario rígido de otras profesionales, por lo que puedo organizar muy bien mi tiempo.
Curiosamente, ha desvelado que la primera vez que se vio caracterizada como anciana, se quedó impresionada. "Mi rostro me recordaba al de mi padre. ¿Será que mi padre se parecía a Margaret Thatcher?", explica.
