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No tenía presentador, no había manera de que bajara de tres horas de duración porque no se iban a repartir estatuillas durante las pausas publicitarias, ni se podía prescindir de ninguna de las canciones nominadas.

La 91ª gala de los Oscar prometía ser un absoluto fracaso, y además en redes sociales los usuarios han sido casi unánimes en calificarla como una de las más aburridas que se recuerdan. Sin embargo, el show ha tenido un final ‘made in Hollywood’, pues ha supuesto un inesperado éxito de audiencia.

La ceremonia fue seguida por 29,7 millones de espectadores de media en Estados Unidos, lo que supone un incremento del 12% con respecto a la gala del año pasado. Quizás no sea un dato para tirar cohetes, pues aquella fue la peor de la historia, con una media de 26,5 millones de espectadores, pero ha sido la ceremonia más vista desde 2014.

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