Cualquiera diría que la saga galáctica ha tomado nota de la idea dominante en Hollywood de que faltan papeles para actores con piel oscura. Aunque en el caso de C2-B5, lo que es oscuro es su carcasa metálica imperial.
Tras el éxito del robot esférico BB-8, que siguió la estela de sus hermanos mayores R2-D2 y C-3PO, a nadie responsable de Star Wars se le escapa que estos personajes androides son parte esencial del éxito de las películas. De ahí que haya sido recibida con alborozo la noticia de un nuevo robot que presta sus servicios a las órdenes del imperio, lo que ya hace sospechar el color oscuro y tenebroso de C2-B5.
En Rogue One: Una historia de Star Wars, descubriremos además que C2-B5 requiere de borrados periódicos de memoria, y es que no debe ser tan malo el androide, y por lo visto su lealtad al imperio corre peligro a medida que aprende cosas de cómo está organizada la galaxia.
A partir de aquí caben todas las especulaciones, incluida la posibilidad de que tenga en su poder los planos de la Estrella de la Muerte y, quién sabe, que tal vez acabe transformado en el bondadoso y leal a la princesa Leia R2-D2.
