Cocalero es un documental sobre la campaña electoral y subida al poder del presidente boliviano Evo Morales. Su director, Alejandro Landes, ha estado en Madrid presentando esta película que tiene como elemento fundamental el movimiento cocalero.
¿Cuándo fue la primera vez que oyó hablar de Evo Morales?
Yo trabajaba en un programa de televisión que se rodaba en Estados Unidos pero que se emitía por toda América Latina. En ese momento eran tiempos de Gonzalo Sánchez de Lozada como presidente de Bolivia. Hubo unos enfrentamientos contra unos huelguistas en la Paz que se saldaron con varios muertos, y el presidente huyó a Estados Unidos. Entonces lo invitamos al programa de televisión. Yo me pasé esos días intentando entrar en contacto con Evo Morales vía satélite. Conseguimos la conexión y Evo habló de una forma visceral y fuerte en un encuadre que mostraba una bandera de los pueblos indígenas que contenía la leyenda "Evo presidente". Se caía, y de vez en cuando tenía que aparecer alguien para volver a colocarla en su sitio mientras él hablaba. Aquello me pareció muy curioso. Dos años después yo estaba trabajando en Los Ángeles y fue cuando se lanzó a la presidencia con grandes posibilidades. Entonces decidimos ir detrás de esta historia porque Evo podía ser el primer presidente indígena de Bolivia. Además era coralero y, en caso de ganar, se haría con el poder sobre las reservas de gas a las que todo el mundo miraba con interés. Había varios elementos que hablaban más allá de las fronteras bolivianas y eso nos interesó a nosotros al no ser de allí.
¿Cómo se planteó la película?
La idea era humanizar algo que normalmente se trata en claves muy ideológicas y abstractas. Creo que se trataba de ponerle una cara muy humana a un proceso que estaba viviendo América Latina. Por eso la película está llena de idiosincrasia, de detalles humanos como una visita a la peluquería. Se trataba de un tema muy banal porque es constante en los medios, pero había que darle un tratamiento totalmente distinto. Así logramos que la gente mirara a Evo como si lo estuviera viendo por primera vez, por eso creo que los bolivianos acudieron al cine. Veían a Evo todos los días en los telediarios y en la prensa, pero había algo detrás del telón que no conocían, tanto de él como del movimiento cocalero, que creo que es el verdadero corazón de la historia.
La película se presentó en el Festival de Sundance y para su estreno en Bolivia eligieron Chapare, la selva. ¿Cómo fue la experiencia?
Fue increíble. Imagina sólo el hecho de llevar el cine a gente que jamás ha disfrutado de una proyección. En los festivales las películas llegan a un público medianamente entumecido después de ver tantos títulos seguidos. Mostrar una película ante 2.000 personas que nunca antes han visto otra, fue impactante. Cuando la película empezó, el ambiente era tenso porque nadie la había visto en Bolivia, ni siquiera Evo. Cuando, pasados unos minutos, llegamos a la escena de la peluquería, la gente se empezó a reír de su líder y con su líder. En aquel momento se humanizó, y la mirada se volvió íntima.
¿Qué opina Evo Morales de la película?
Evo nunca volvió a hablar conmigo. Nunca se despidió, no volví a saber de él. Así que no sé si le gustó o no. Me imagino que si le hubiera gustado mucho habría venido a hablar conmigo, pero estoy especulando. No lo sé, aunque parece que no le gustó demasiado.
¿Puede contar alguna anécdota sobre el presidente?
Hay miles. Una anécdota curiosa se produjo en el acceso a él, pues hubo una época en la que pensaban que éramos agentes de la CIA. Fue una nota folclórica que en aquellos momentos resultó muy angustiante porque es muy difícil demostrar que no eres agente de la CIA. A nivel humano, lo más interesante fue tener una licencia para conocer un país de esa forma tan cercana.
¿Qué aporta el personaje de Leonilda al documental?
Evo Morales no mantiene claramente un discurso indigenista, si no tal vez un discurso más sindical-nacional, que se enmarca en el mundo del sindicato cocalero. Evo era el presidente de los cocaleros y Leonilda la presidenta de las cocaleras, digamos. Entonces ella sirve de guía para contarnos cómo funciona. Además, su presencia en la película resulta muy interesante para ver el papel de la mujer dentro del movimiento sindical. Creo que uno de los éxitos de este movimiento es que aun siendo completamente machista, permite un cierto papel de la mujer -que es casi estratégico- que les ha funcionado muy bien. Se ve en la práctica de la votación, donde salen a la luz muchos tonos de gris que hablan sobre la educación para votar, el adoctrinamiento político, etc. Leonilda enseña a las mujeres a votar porque espera que ellas lleven ese voto a casa y enseñen al hijo, al hermano, al esposo. Si enseñas a un hombre a votar, tal vez no se lo enseñe a nadie. La propia Leonilda también habla del papel estratégico de las mujeres en la lucha y dice que ponen a las mujeres delante porque “no nos pegan tan duro” y tiene un efecto mediático más fuerte.
Además, existe una mística tan grande alrededor del tema de la cocaína y la coca que era importante ponerle cara al que cultiva la hoja de coca. Y Leonilda es una típica cultivadora de coca con una influencia importante y mucho peso en la película.
Volviendo a cómo Leonilda enseña a votar a las mujeres. Impone su voto, dice al resto de señoras que son analfabetas a quién tienen que votar, no hay otra opción. No las deja pensar libremente. Sin duda.
Es quizás el elemento crítico más duro que aparece en la película.
Sí, aunque hay otros. Como el chófer diciendo, “el tipo no habla aymara ni quechua para un discurso”, o Morales tan pendiente de su imagen, creando slongans, escogiendo fotos, etc. También aparece el uso de los castigos comunitarios para mantener a la gente en línea. Y la escena de los votos para mí es de las más importantes de la película, quizás sea una de mis preferidas. Por un lado, esta gente nunca ha sido representada en una democracia representativa. Al Estado le corresponde un papel educativo que no ha realizado y entonces llega la gente de Evo y les enseña a votar, pero les enseña a hacerlo sólo a un partido. Esos estados grises para mí son los más importantes de la película.
Ésta ha sido su primera película. ¿Fue difícil encontrar financiación?
La financiación inicial fue relativamente fácil porque lo que necesitábamos era muy poco. Era un equipo muy chico que lo conseguí en una productora en Los Ángeles. Tres meses después de comenzar a rodar, Evo estaba en la portada de los diarios más importantes del mundo lo que ayudó a que la financiación fuera creciendo. Después la película fue escogida para Sundance, lo que hizo que entrara más dinero, como el que dio el Instituto de Cine Argentino.
Rodaron con un equipo pequeño, ¿eso les dio algún problema?
Desde el principio la estética que se persiguió nos hizo ponernos una serie de reglas, como no utilizar el trípode, grabar el sonido directamente en la cámara o no utilizar luz artificial. Eso permitió que los personajes desarrollaran una relación única con nosotros. La cámara de Jorge resultó más personal, más humana.
¿Cuál fue la reacción del público norteamericano cuando se proyectó la película en Sundance?
Sirvió de catalizador. La gente quería saber más. Las salas se llenaron en todas las proyecciones y yo no me lo esperaba.
¿Se atrevería a hacer balance del mandato de Evo?, ¿creen que ha cambiado?
Yo no me atrevo a decir nada porque yo he vuelto a verlo sólo por televisión. Tendría que volver a estar muchos días junto a él para evaluarlo, vivir algo semejante. Si no, se me hace muy difícil.
¿Hacia dónde se dirige su carrera?
Me interesa mucho el género documental, pero espero que si me encuentro con una historia de ficción pueda abordarla, aunque no lo he hecho antes. Lo que sí es seguro es que ahora haré algo completamente distinto a un líder indígena lanzándose a la presidencia (risas).
