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Venecia 2008: la Mostra se fue a la guerra

A falta de una jornada para que finalice el festival, los organizadores de la Mostra se empeñan en dejarnos un amargo sabor de boca deleitándonos con lo “mejorcito” de la Sección Oficial. Sólo The Hurt Locker, de Kathryn Bigelow, consiguió emendar el” acertado” programa de ayer.

Venecia 2008: la Mostra se fue a la guerra

La única mujer que participa a concurso dirigiendo una película, la estadounidense Kathryn Bigelow, presentó un retrato auténtico de la guerra de Irak; cine bélico en estado puro, la realidad cruda del conflicto, sin posicionarse en ninguno de los dos bandos, y contagiando al espectador, de la angustiosa tensión que se respira en el ambiente.

The Hurt Locker presenta a una unidad de soldados estadounidenses especializada en desactivar la ingente cantidad de artefactos explosivos sembrados en las calles de Bagdad. En su difícil tarea se nos muestra la cara más humana del conflicto: el derrumbe de los soldados a medida que van tomando conciencia de la realidad que les rodea y la impotencia que sienten ante determinadas situaciones extremas.

Las películas bélicas suelen ser una apuesta segura en la carrera de sus directores cara a obtener galardones y esta ocasión no iba a ser diferente. Recibida con gran entusiasmo por el público, será, probablemente, una de las favoritas del jurado de la Mostra. Y amén.

Del buen cine al malo de verdad. Papi Corsicato, mal que les pese a los orgullosos italianos que le otorgaron una gran ovación, presentó la que para mí ha sido la peor película del festival. Se supone que uno de los cometidos de los festivales es seleccionar los mejores trabajos cinematográficos recientes que están a su alcance; te pueden gustar o no, pero al fin y al cabo suele ser buen cine. Pues bien, La semilla de la discordia es el mayor bodrio que ha desfilado estos días por las pantallas. Desconozco el motivo por el que a un director le pueda motivar la mezcla incongruente de distintas estéticas temporales; en medio de la psicodelia de los años 60 nos encontramos con teléfonos, automóviles y barrios descaradamente contemporáneos.

El guión, además, es malo, cutre, y los personajes carecen de credibilidad. Todo parece una pose constante. Por si esto fuera poco, aún queda un tostón argelino en el que no ocurre absolutamente nada. Por mucho que su director, Tariq Teguia, explique que lo importante de la cinta es el sonido, el paisaje o el componente visual, lo cierto es que con Gabbla, uno se siente igual que antes de entrar en el cine.

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